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La mandarina es una de las frutas más consumidas durante el invierno en Argentina. Rica en vitamina C, flavonoides y betacaroteno, concentra en su pulpa una combinación de nutrientes que el cuerpo aprovecha especialmente en la temporada fría.

Sin embargo, mezclada con otras frutas o verduras, sus efectos se potencian de manera significativa.

Por qué combinarla multiplica sus beneficios

La clave está en la sinergia nutricional: cuando la vitamina C de la mandarina se consume junto con alimentos ricos en hierro no hemínico, el organismo absorbe ese mineral de forma mucho más eficiente.

Es lo que ocurre, por ejemplo, al combinarla con espinaca o con frutilla, que también suma antioxidantes propios.

Cuando la vitamina C de la mandarina se consume junto con alimentos ricos en hierro no hemínico, el organismo absorbe ese mineral de forma mucho más eficiente.
Cuando la vitamina C de la mandarina se consume junto con alimentos ricos en hierro no hemínico, el organismo absorbe ese mineral de forma mucho más eficiente.

La otra razón es la diversificación del perfil de antioxidantes. Una sola fruta aporta un rango acotado de compuestos protectores; la combinación amplía ese espectro y reduce el daño causado por los radicales libres con mayor eficacia.

Estas son las mezclas más recomendadas y qué aporta cada una:

  • Mandarina + zanahoria: ambas son ricas en carotenoides, los pigmentos naranjas asociados a la salud visual, la regeneración celular y el sistema inmunitario. Juntas, potencian la protección cardiovascular y antioxidante.
  • Mandarina + jengibre: el gingerol, compuesto activo del jengibre, suma propiedades antiinflamatorias a la vitamina C cítrica. Es una de las combinaciones más recomendadas para fortalecer las defensas en invierno.
  • Mandarina + frutilla: la frutilla aporta ácido elágico y antocianinas adicionales. La combinación mejora la absorción de hierro y suma protección frente al estrés oxidativo.
  • Mandarina + manzana: la manzana incorpora pectina y flavonoides distintos a los del cítrico. Estudios publicados en la revista Elsevier asociaron el consumo elevado de flavonoides con menor riesgo cardiovascular.

Cómo consumirlas para aprovechar al máximo sus nutrientes

La forma más eficiente es el consumo en fresco, sin cocción ni azúcar añadida. Licuados, jugos recién exprimidos o ensaladas de fruta combinada son las opciones que mejor conservan la vitamina C, sensible al calor.

Una porción diaria de dos mandarinas medianas cubre aproximadamente la mitad del requerimiento diario de vitamina C en adultos.

Al combinarlas con zanahoria o jengibre en un licuado, ese aporte se complementa con potasio, vitamina A y compuestos antiinflamatorios.

No obstante, conviene tener en cuenta que mezclar frutas muy ácidas con frutas muy dulces en grandes cantidades puede dificultar la digestión en personas con sistemas digestivos sensibles.

En conclusión, incorporar la mandarina en combinaciones simples y cotidianas es una de las formas más accesibles de ampliar el perfil nutricional de la alimentación diaria, sin necesidad de suplementos ni preparaciones complejas.