José Mayans puso las cosas en orden. El presidente del bloque de senadores del peronismo nacional y vicepresidente primero, a cargo de la presidencia del Partido Justicialista por la imposibilidad material de Cristina Kirchner de convocar a reuniones, dijo públicamente que tanto Axel Kicillof como Máximo Kirchner tenían que “dejarse de pelear y sentarse para salvar al país”.
No los trató de indolentes ni chiquilines, pero conociendo la intimidad y los modismos del formoseño, faltó muy poco. Desde que formuló aquellas declaraciones, hace una semana, se inició un proceso de búsqueda de algún punto de encuentro entre los aliados que no quieren que la situación de no diálogo entre el Gobernador y el hijo de los dos presidentes se extendiera en el tiempo.
Por eso empezaron a activarse todos los que podían de manera directa o indirecta desde dar un consejo o acercar partes que perdieron toda confianza entre sí, hasta el respeto personal. Son dos mundos diferentes los que viven Kicillof y Kirchner, aunque desde que el actual jefe provincial se metió de lleno en la política siempre tuvo que convivir con el jefe de La Cámpora.
El encuentro del martes a la noche, en el que participaron también Germán Martínez y un puñado de gobernadores peronistas, se produjo en el más solemne silencio mediático. Tanto que ninguna de las partes hizo trascender nada sino luego del llamado de los periodistas que se enteraron durante la tarde del miércoles. Hasta dónde llegó el protocolo entre las partes que no hubo ninguna foto o comunicado para informar sobre la primera reunión de todo el peronismo kirchnerismo renovador del país luego de dos años.

Recién a última hora de la noche trascendieron desde la Gobernación algunos detalles del encuentro. La Cámpora no dijo nada salvo que aceptó la existencia de la reunión y Massa se limitó a informar cómo fue el encuentro y el motivo: la necesidad de mantener las PASO sin modificaciones y oponerse a cualquier acción del oficialismo libertario, que quiere suspenderlas o eliminarlas. Una vez logrado ese primer paso, los peronistas reunidos el martes en CABA acordaron que no iban a romper el espacio y, en caso de no lograr candidaturas acordadas, competirían entre sí en una primaria.
Sin decirlo, este fue un logro para Kicillof. Él necesitaba que todos acepten dirimir sus diferencias en una interna, sin fugas ni rupturas. ¡Hasta dónde llegaron las cosas que el Gobernador cambió su opinión inicial sobre estas elecciones partidarias! Al inicio de su gestión había confesado que la interna de 2015 hizo que perdieran la provincia de Buenos Aires porque “quienes fueron derrotados después se fueron a su casa o jugaron para el Frente Renovador”, que en aquel momento propuso a Felipe Solá. El Frente para la Victoria había presentado a Aníbal Fernández, quien a su vez había doblegado a Julián Domínguez. Daniel Scioli, el exgobernador y candidato presidencial, vio todo eso como un simple espectador.
Hablando de Scioli, el actual secretario de Turismo de la Nación se acercó hasta el local de La Libertad Avanza bonaerense inaugurado este jueves en San Telmo casi cuando terminaba el acto y no se lo vio en ninguna foto a pesar de que Karina Milei lo tiene en muy alta estima.
La crisis del mundo libertario en la provincia de Buenos Aires
El mundo libertario bonaerense está atravesado por una crisis muy profunda. De pretender pintar el país de violeta ahora está viendo cómo deberán convivir con otros colores y, en la principal provincia del país, dejar que los “amarillos”, con el “colorado” Diego Santilli a la cabeza, conduzcan la campaña.
El jefe de Gabinete de la Nación tiene muchos problemas aún para pensar en recorrer todo el territorio bonaerense pero luego de que por segunda vez en dos días Sebastián Pareja dijera que es el que más chance tiene de encabezar la fórmula provincial, todo se derrumbó para los territoriales libertarios originarios. Desde sus WhatsApp eran constantes las martingalas que ponían a Santilli como candidato en la Ciudad de Buenos Aires, algo que no pasará.

La alianza del PRO y La Libertad Avanza
“¿Estás seguro?“, le preguntó a este periodista un representante de primera hora que ha sabido sobrevivir en el entorno presidencial. Si bien la “bronca” con Jorge Macri se calmó bastante, hasta antes del encuentro entre Cristian Ritondo, Santilli y Lule Menem el horno no estaba para bollos. Trascendió que Mauricio Macri pretendía reemplazar a su primo por Guillermo Dietrich.
Aunque nadie lo confirmó, un importante dirigente que dialoga más de lo que se sabe con ambos le confió a El Cronista que Jorge y Mauricio tuvieron una charla con algunos testigos el miércoles a la noche tras conocerse el llamado entre El Jefe y el expresidente para encaminar una negociación que no terminase simplemente en invitaciones a comer milanesas con Javier Milei, interrumpidas con el arribo de Manuel Adorni por Guillermo Francos. Desde aquel viernes a la noche, nunca más se volvieron a juntar “el presi” con el presidente.
Tanto el PRO como La Libertad Avanza adelantaron los tiempos que los propios espacios habían pensado para iniciar un acercamiento electoral. Mientras que los macristas no quieren nuevamente “apoyar y luego esperar algo que nunca pasa”, los mileistas ganan tiempo y dan una señal de más apertura ante una situación económica y política que los tiene bajando casi en un tobogán en todas las encuestas.
“Al final, Santiago (por Caputo) tenía razón… Era con todos adentro, el año pasado”, recuerda un funcionario que nunca se caracterizó por tener algún tipo de afinidad con las Fuerzas del Cielo, pero que reconoce que todo empeoró desde que La Libertad Avanza ganó las elecciones nacionales de medio término y pretendió ir sin aliados a confirmar la reelección presidencial.
Igual pensamiento tienen Santilli y Patricia Bullrich en la idea de renovar expectativas. Es con la mayor cantidad de aliados adentro, incluido los radicales que, según el senador Benegas Lynch, “son los tibios del medio”.
Todas estas vicisitudes oficialistas hicieron que los que nunca se querían reunir lo hicieran. El peronismo olió sangre. Saben que no les alcanzará con decir que ahora sí volverán mejores ni que Cristina no tendrá incidencia en el Gobierno porque cuidará de su nieto, como lo hicieron en 2019.
Pero a Kicillof, que pretende ser el “permitido del antiperonismo”, por sus escasas características personales relacionadas con el partido que integra y conduce en la provincia de Buenos Aires, ya le basta y le sobra con que todos hayan coincidido en ir a una primaria en caso de no lograr los consensos adecuados. Él también gana tiempo para cuando, más cerca de marzo, decida ir a hablar con la mujer que lo impuso donde está y a la que viene desafiando, entre otras tantas cosas, desde que rechazó la candidatura presidencial hace tres años.
















