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Los pies suelen quedar relegados en la rutina diaria de higiene, pese a que soportan el peso del cuerpo y están expuestos al calzado cerrado, la transpiración y el roce constante.

Por eso, ganó terreno un lavado casero con sal y vinagre que promete aliviar el cansancio y reducir el mal olor.

La práctica combina dos ingredientes económicos y de fácil acceso. Según explican especialistas en cuidado de la piel, la mezcla actúa como un antiséptico natural que complementa la higiene diaria sin reemplazarla.

Qué beneficios tiene esta combinación

El vinagre aporta acidez, lo que ayuda a equilibrar el pH de la piel y dificulta la proliferación de bacterias y hongos responsables del mal olor. Su acción antifúngica también resulta útil frente a cuadros leves de pie de atleta en etapas iniciales.

Por su parte, la sal gruesa contribuye a absorber la humedad de la piel y potencia el efecto desinfectante de la mezcla. Además, el agua tibia combinada con ambos ingredientes mejora la circulación periférica y reduce la sensación de pesadez tras un día de calzado cerrado.

Lavarse los pies con sal y vinagre: para qué sirve y por qué lo recomiendan algunos expertos.
Lavarse los pies con sal y vinagre: para qué sirve y por qué lo recomiendan algunos expertos.Gemini.

Los especialistas remarcan que esta rutina no reemplaza tratamientos médicos frente a hongos avanzados, heridas o afecciones de piel diagnosticadas, sino que funciona como un complemento de bienestar cuando no hay lesiones activas.

En este sentido, la evidencia científica sobre la efectividad exacta del vinagre y la sal como tratamiento antifúngico todavía es limitada, según señalan distintos especialistas. Sin embargo, su uso no representa riesgos para la mayoría de las personas cuando se respetan las proporciones y los tiempos indicados.

Cómo hacer el lavado paso a paso

La preparación es simple y no requiere más de veinte minutos:

  • Llenar una palangana amplia con un litro de agua tibia, sin que queme.
  • Agregar media taza de vinagre y dos cucharadas soperas de sal gruesa.
  • Mezclar hasta que la sal se disuelva de forma parcial.
  • Sumergir los pies entre 15 y 20 minutos, sin exceder ese tiempo.
  • Enjuagar con agua limpia y secar bien, en especial entre los dedos.

El secado final es un paso que muchas personas subestiman, aunque resulta clave para evitar que la humedad remanente favorezca la aparición de hongos. Los especialistas sugieren no dejar los pies mojados ni calzar zapatillas cerradas inmediatamente después del lavado.

Quienes tengan la piel sensible o alguna herida abierta deberían evitar este tratamiento hasta consultar con un profesional, ya que la acidez del vinagre puede irritar zonas dañadas. Para el resto, la rutina puede repetirse dos o tres veces por semana sin inconvenientes.

Para potenciar el resultado, muchos especialistas sugieren cerrar la rutina con una crema hidratante, que ayuda a restaurar la barrera cutánea después del contacto prolongado con el vinagre. Este paso resulta especialmente útil en quienes tienen talones resecos o propensos a grietas.

En definitiva, un ritual sencillo con ingredientes de cocina puede convertirse en un aliado real para cuidar los pies sin gastar de más.