

En pleno barrio de San Nicolás, entre las calles Uruguay y Talcahuano, existe un rincón porteño que parece detenido en otra época. El Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola une Bartolomé Mitre con Juan Domingo Perón a través de apenas una cuadra y se distingue por una característica poco común: sus edificios están dispuestos de manera prácticamente idéntica a ambos lados.
La particularidad arquitectónica convirtió a este pequeño pasaje del microcentro en una de las postales más singulares de Buenos Aires. Sus ocho edificios, cuatro enfrentados a otros cuatro, fueron levantados entre 1924 y 1926 por los arquitectos Petersen, Thiele y Cruz. La simetría alcanza puertas, ventanas, molduras, faroles y detalles de las fachadas, creando la sensación de caminar frente a un enorme espejo.
El pasaje de Buenos Aires que apareció en “Envidiosa”
En los últimos años, el Pasaje Rivarola ganó todavía más popularidad por su aparición en la serie “Envidiosa”, donde se convirtió en escenario de varias escenas protagonizadas por Griselda Siciliani y Esteban Lamothe.
La arquitectura del lugar, sus cúpulas, miradores y fachadas enfrentadas aportaron una estética particular a la ficción. La calle, además, tiene poco tránsito y una escala diferente a la de otras zonas del microcentro, lo que genera una atmósfera que parece alejada del movimiento habitual de Buenos Aires.
Pero su vínculo con el cine y las producciones audiovisuales no es casual: sus características arquitectónicas hacen que el pasaje tenga una estética especialmente fotogénica, capaz de recrear diferentes épocas y escenarios.

Por qué el Pasaje Rivarola es único en Buenos Aires
La principal particularidad del lugar está en su diseño simétrico. Los cuatro edificios de cada margen fueron concebidos como un conjunto y no como construcciones independientes sin relación entre sí.
Al recorrerlo, la repetición de elementos arquitectónicos genera una perspectiva poco habitual: una fachada parece reflejar a la otra y mantiene una continuidad visual a lo largo de toda la cuadra.
A esto se suman las cúpulas, torres, balcones, miradores y ornamentaciones que caracterizan a los edificios y le dan al pasaje una identidad propia.
Una librería especializada en arte que esconde el pasaje
Además de su arquitectura, el Pasaje Rivarola guarda uno de sus grandes atractivos en el plano cultural: Asunto Impreso – Librería de la Imagen.
El espacio está especializado en publicaciones relacionadas con arte, fotografía, arquitectura, diseño, moda, cine y teatro, aunque también reúne literatura, ensayos, biografías y revistas internacionales.
La librería comenzó su actividad en 1995 como una distribuidora de libros ilustrados vinculada a la Fundación Banco Patricios y dos años después se instaló en el Pasaje Rivarola.
Su propuesta apunta especialmente al libro como objeto artístico, con ejemplares que no siempre se encuentran en las librerías tradicionales. Entre sus estantes pueden aparecer desde publicaciones de fotografía y arquitectura hasta ediciones especiales y libros sobre historia del cine.

Un rincón cultural en pleno microcentro porteño
Con el paso de los años, Asunto Impreso también extendió su actividad más allá del pasaje y participó en propuestas vinculadas con museos, centros culturales y ferias de arte.
La librería tuvo presencia en espacios como el Museo Caraffa, el Centro Cultural Recoleta y el Faena Art Center, además de desarrollar su propio sello editorial.
En diciembre de 2023, el espacio también fue escenario de una celebración por el centenario del pasaje, que incluyó música, lecturas y la presentación del libro El arte está en casa, de Mariela Ivanier.
Qué otros lugares visitar en el Pasaje Rivarola
La experiencia no termina en la arquitectura ni en la librería. En los alrededores también aparecen espacios que completan la identidad cultural del lugar, entre ellos Café Rivarola y una librería especializada en publicaciones vinculadas con mujeres.
La combinación de cafés, libros, arte y edificios históricos convirtió a esta pequeña cuadra en un punto de encuentro para lectores, artistas, fotógrafos, diseñadores y turistas.
Así, lejos del ruido de las grandes avenidas porteñas, el Pasaje Rivarola conserva una identidad propia. Una sola cuadra, ocho edificios y una simetría que hace que caminar por ella sea como entrar en un espejo, en uno de los rincones menos conocidos y más particulares del centro de Buenos Aires.













