

Después de permanecer oculto durante casi ocho décadas en las profundidades del Pacífico, el legendario USS Stewart, conocido como el “Barco fantasma” de la Segunda Guerra Mundial, fue localizado gracias a una expedición con tecnología submarina de última generación.
El histórico destructor, que protagonizo una de las historias más insólitas del conflicto después de ser capturado y reutilizado por Japón, apareció a más de 1.000 metros de profundidad en un sorprendente estado de conservación.
El increíble recorrido del USS Stewart: de buque estadounidense a “Barco fantasma”
La historia del USS Stewart es una de las singulares de la Segunda Guerra Mundial. El destructor pertenecía originalmente a la Armada de Estados Unidos, pero sufrió graves daños durante los primeros enfrentamientos en el Pacífico y termino siendo abandonado por su tripulación.
Lejos de quedar inutilizado, el barco fue recuperado por Japón, que lo reparó y lo incorporó en su propia flota para escoltar convoyes militares.
Esta situación generó escenas difíciles de creer: pilotos estadounidenses aseguraban haber visto un destructor norteamericano navegando junto a embarcaciones enemigas.
Debido a este inusual episodio, el USS Stewart comenzó a ser conocido como el “Barco fantasma”, un apodo que perduró durante décadas y alimentó numerosas historias sobre su destino.
Tras la rendición de Japón, el buque volvió a manos de Estados Unidos, pero fue utilizado como blanco en un ejercicio militar y hundido definitivamente en 1946. Desde entonces, su ubicación permaneció desconocida.

Tres drones submarinos resolvieron un misterio que llevaba casi 80 años
La localización del destructor fue posible gracias a una expedición encabezada por la empresa especializada en robótica marina Ocean Infinity, que desplegó tres vehículos submarinos autónomos capaces de recorrer grandes extensiones del fondo oceánico con enorme precisión.
Los drones inspeccionaron miles de kilómetros cuadrados hasta detectar el pecio a 1.067 metros de profundidad, donde permanece prácticamente intacto y apoyado sobre el lecho marino en posición vertical.
Las imágenes obtenidas permitieron elaborar reconstrucciones tridimensionales del barco y comprobar que conserva gran parte de su estructura original, algo poco habitual en embarcaciones hundidas hace tantos años.
Especialistas en arqueología subacuática consideran que podría tratarse de uno de los destructores estadounidenses de su clase mejor preservados jamás encontrados, convirtiéndolo en una pieza de enorme valor histórico y científico.
Con el paso del tiempo, el antiguo destructor también se transformó en un refugio para numerosas especies marinas. Peces, cangrejos y otros organismos de aguas profundas colonizaron su estructura metálica, convirtiendo el histórico buque en un arrecife artificial.













