

Gabriel Rolón, psicólogo y escritor volvió a poner en discusión uno de los mitos más instalados sobre el amor: la idea de la media naranja.
En una entrevista, el especialista cuestionó la búsqueda de la pareja perfecta y explicó por qué esa expectativa termina jugando en contra de los vínculos.
La frase que resume su mirada sobre el amor
Rolón fue directo al definir su postura sobre la idealización en pareja: “A toda media naranja le falta al menos un gajo”.
Con esa imagen, el psicoanalista graficó que esperar un acople perfecto con otra persona no pertenece a la realidad, sino a la fantasía.
Según explicó, la búsqueda obsesiva de alguien que complete todas las expectativas personales conduce, tarde o temprano, al desencanto. Para el especialista, el amor maduro implica aceptar la falla y la diferencia, tanto en uno mismo como en el otro.

El psicoanalista remarcó que las relaciones sostenibles no se construyen desde la exigencia de una simetría total.
En cambio, dependen de la capacidad de acompañarse respetando la individualidad de cada integrante del vínculo.
Por qué el trabajo personal es clave antes de la pareja
Rolón también hizo hincapié en la importancia de resolver las propias carencias antes de proyectar una relación. Volcar sobre el otro la responsabilidad de la felicidad personal es, según explicó, un peso que termina desgastando la convivencia.
Para el autor, entender que la pareja no viene a “completar” sino a compartir la existencia es la clave para construir lazos genuinos. Esa mirada evita que el vínculo se sostenga desde la necesidad o el miedo a la soledad.
El especialista viene desarrollando esta línea de pensamiento en distintas entrevistas y columnas radiales durante el último año. Cada vez que aborda el tema de las relaciones, sus reflexiones generan repercusión inmediata en redes sociales.
En este caso, Rolón apuntó a un problema puntual: la comparación constante con un ideal romántico construido por películas y redes sociales. Esa comparación, advirtió, aleja a las parejas reales de la posibilidad de disfrutar el vínculo tal como es.
El mensaje final del psicólogo fue claro. La madurez afectiva no pasa por encontrar a alguien sin fallas, sino por aprender a sostener un vínculo con una persona real, con virtudes y carencias, sin necesidad de idealizarla.
Rolón suele apoyar este tipo de reflexiones en casos que atiende en su consultorio. Según explicó en otras oportunidades, buena parte del malestar en pareja surge de comparar el vínculo real con un modelo inalcanzable.
Ese modelo, señaló, se alimenta de películas, series y redes sociales, donde el amor aparece siempre resuelto y sin fricciones. La vida cotidiana, en cambio, exige negociación constante y tolerancia a la frustración.
El psicoanalista insistió en que reconocer las propias carencias es un paso previo indispensable. Sin ese trabajo personal, cualquier vínculo termina cargando expectativas que le corresponden a uno mismo, no al otro.
Para Rolón, esa distinción cambia por completo la forma de vincularse. Dejar de buscar a alguien que “complete” y empezar a buscar a alguien con quien “compartir” es, según su mirada, la base de las relaciones que perduran.
El especialista cerró remarcando que aceptar la incompletud propia y ajena no es resignación, sino una forma más honesta de entender el amor en la vida adulta.














