

Cada vez es más común que muchas personas que se sienten agotadas no logren recuperar energía al dormir. Según la psicología, existe una diferencia grande entre el cansancio diario, producto de la rutina, y un malestar que puede afectar la salud mental, como lo es el burnout.
La gran pregunta es: ¿por qué nos cuesta tanto frenar, aunque estemos exhaustos? Una psicóloga respondió esta pregunta haciendo un análisis profundo que no se enfoca en una respuesta individual, sino a una condición general entre personas trabajadoras que se levantan cansadas todos los días.
Por qué nos cuesta tanto frenar, aunque estemos exhaustos
Si bien la primera respuesta, que tiende a ser individual, puede conducir a que dormimos poco, usamos mucho el celular antes de ir a la cama, trabajamos mucho o no sabemos organizarnos en el día, no alcanza para responder esta pregunta más profunda y compleja. Muchas veces con dormir no basta: hay personas que duermen y se levantan cansadas.
La licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Florencia Vinet (Matrícula Nacional n.º 87.239), fue más allá y dividió la respuesta en varios ejes, los cuales pueden afectar a la sociedad en la actualidad y son necesarios retomar: el nuevo “tengo que poder”, el seguir conectado al trabajo después del horario laboral y la incertidumbre.
El cansancio, según Vinet, no puede pensarse únicamente como una cuestión de hábitos personales; también hay que mirar cómo estamos trabajando y viviendo. No solo es una “gestión del estrés individual”, sino también las condiciones laborales que producen el estrés.

El nuevo “tengo que poder”
Vinet retomó al filósofo Byung-Chul, quien describió este fenómeno como La sociedad del cansancio, el sujeto contemporáneo ya no está solamente sometido a prohibiciones externas, sino que opera una lógica del rendimiento en la que termina convertido en su propia fuente de exigencia.
“No hace falta que alguien externo nos diga permanentemente que tenemos que producir más. Muchas veces ya lo tenemos incorporado en nosotros mismos”, explicó Vinet en diálogo con El Cronista.
Trabajar no finaliza cuando termina la jornada
“La tecnología hizo posible algo que hace algunos años atrás parecía impensable: llevar el trabajo prácticamente a cualquier lugar”, manifestó.
Un mensaje laboral puede llegar durante la cena, un correo puede aparecer en horas de descanso, una reunión puede organizarse fuera del horario habitual.
Y si bien no se responde inmediatamente, la posibilidad de hacerlo permanece. “El cuerpo puede haber terminado la jornada laboral. La cabeza, no necesariamente”, indicó.
Cuando la incertidumbre también agota
Distintas incertidumbres se le pueden aparecer a una persona en un momento de su vida: conservar el empleo, llevar adelante un proyecto, imaginar un futuro, pagar las deudas, entre muchas otras.
“En este punto no es necesario atravesar una crisis para vivir en alerta; la incertidumbre funciona muchas veces como una pregunta que permanece abierta”, señaló Vinet. La mente se anticipa a un escenario futuro y vivir en ese estado también genera mucho agotamiento.
Cansancio no es lo mismo que el burnout
Vinet marca una gran diferencia entre estos dos problemas porque son de diferentes envergaduras. Mientras que el cansancio puede esperarse después de una semana intensa, el burnout es algo más consistente a lo largo del tiempo y puede afectar diferentes áreas de la vida.
“Irritabilidad persistente, alteraciones del sueño, dificultades para concentrarse, sensación de ineficacia, distanciamiento del trabajo, falta de energía o pérdida del interés por actividades que antes disfrutábamos son señales que merecen ser escuchadas”, explicó.
En este marco, la gran pregunta es: “¿Se puede descansar sin sentir que deberíamos estar haciendo otra cosa?”
“Hay personas que solamente se permiten parar cuando ya están exhaustas. Como si necesitaran llegar al límite para autorizarse a descansar. Otras sienten que descansar es perder tiempo. Y otras descubren, cuando finalmente disminuyen el ritmo, pensamientos, angustias o conflictos que durante la actividad cotidiana podían mantenerse en segundo plano”, introdujo.
Luego señaló algo fundamental en todo este problema: “Por eso no siempre se trata simplemente de ‘hacer menos’. A veces se trata de poder escuchar a qué no le estamos dando el lugar para encontrarnos un poco con nosotros mismos”.
En este sentido, la psicóloga invita a preguntarse: “¿Qué me está dejando sin energía?“. Se trata de una pregunta que invita a frenar con la vorágine en la que vivimos para intentar comprendernos un poco más.
“No siempre necesitamos administrar mejor nuestro tiempo; a veces necesitamos preguntarnos por qué sentimos que nunca tenemos suficiente”, señaló y luego finalizó: “Quizás, en algunos momentos, parar sea justamente darnos la oportunidad de empezar a escuchar qué nos está pasando”.
En conclusión, en lugar de preguntarse cómo recuperar energía rápido para volver a producir, la psicóloga propone preguntarse qué nos llevó al agotamiento. Se debe tomar el frenar como un acto de “rebeldía” y como una oportunidad para escucharnos a nosotros mismos. El agotamiento es una clara señal que merece ser escuchada, tanto en lo que pasa en nuestra rutina diaria como en las condiciones en las que vivimos.

















