

Durante años, tomar una copa de vino tinto por día se instaló como una costumbre asociada con el cuidado del corazón. En Argentina, la idea de que beber con moderación podía ayudar a prevenir problemas cardiovasculares se repitió durante décadas, pero la evidencia científica ahora obliga a mirar esa creencia con más cuidado.
En junio de 2025, la Asociación Estadounidense del Corazón publicó una revisión científica en la revista Circulation sobre el consumo de alcohol y la salud cardiovascular. El trabajo advirtió que todavía existen dudas sobre los efectos de beber cantidades bajas o moderadas y que no está demostrado que el alcohol sea parte de un estilo de vida saludable.
El documento no afirma que una copa de vino por noche sea necesariamente perjudicial para todas las personas, pero sí cuestiona que pueda recomendarse como una medida preventiva.
Por qué se creía que una copa de vino por día protegía el corazón
La idea de que el vino tinto podía beneficiar la salud del corazón se difundió a partir de investigaciones observacionales que encontraron una menor frecuencia de ciertos problemas cardiovasculares entre las personas que bebían cantidades moderadas de alcohol, en comparación con algunos grupos de personas que no bebían.
Entre las posibles explicaciones se estudiaron los efectos del alcohol sobre determinados indicadores metabólicos, como el colesterol HDL, conocido como colesterol “bueno»" y otros mecanismos vinculados con la coagulación y la función cardiovascular.

En un análisis de estudios de intervención de corta duración incluido en la declaración de la AHA, el consumo moderado de alcohol se asoció con un aumento promedio del colesterol HDL de aproximadamente 3 miligramos por decilitro.
Sin embargo, que un indicador mejore no significa necesariamente que disminuya el riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular. Tampoco demuestra que el alcohol sea la causa directa de una eventual diferencia en la salud de quienes lo consumen.
Por eso, los especialistas advierten que los resultados de investigaciones anteriores deben interpretarse con cautela.
Qué dice el nuevo informe sobre el vino y la salud cardiovascular
La declaración científica de la American Heart Association revisó estudios sobre el consumo de alcohol y distintas enfermedades cardiovasculares, entre ellas la enfermedad coronaria, el accidente cerebrovascular, la hipertensión, la insuficiencia cardíaca y las arritmias.
Una de las principales conclusiones es que no existe evidencia suficiente para afirmar que el consumo moderado de alcohol tenga un efecto protector causal sobre el corazón.
Gran parte de las investigaciones disponibles son observacionales, es decir, registran los hábitos de las personas y los comparan con sus resultados de salud, pero no permiten establecer con certeza que el alcohol sea responsable de las diferencias encontradas.
Los investigadores explicaron que los resultados pueden estar influidos por otros factores, como la alimentación, la actividad física, el nivel socioeconómico y las características de las personas que integran cada grupo de estudio. También señalaron que la forma de clasificar a quienes no beben puede alterar las conclusiones.
Por ejemplo, algunas investigaciones compararon a los consumidores moderados con grupos que incluían a personas que habían dejado de beber por problemas de salud. Esa diferencia puede distorsionar la asociación entre alcohol y enfermedad cardiovascular.
El informe, por lo tanto, no demuestra que una copa diaria provoque necesariamente una enfermedad cardíaca, sino que no se puede presentar ese hábito como una estrategia comprobada para cuidar el corazón.

Qué riesgos cardiovasculares se relacionan con el consumo de alcohol
Mientras que los posibles beneficios de beber pequeñas cantidades siguen siendo inciertos, la evidencia sobre el consumo excesivo es más consistente. La declaración de la AHA señala que beber grandes cantidades de alcohol o concentrarlas en episodios de consumo intensivo se asocia con peores resultados en distintas enfermedades cardiovasculares.
Uno de los riesgos es la hipertensión arterial. La revisión encontró que consumir tres o más bebidas alcohólicas por día se relaciona con aumentos de la presión arterial. Además, los análisis de estudios clínicos mostraron que las personas que consumían seis o más bebidas diarias y reducían aproximadamente a la mitad su ingesta podían experimentar una disminución de la presión sistólica y diastólica.
El alcohol también se relaciona con un mayor riesgo de fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco. Aunque los efectos de una bebida diaria sobre esta arritmia todavía no están completamente definidos, las investigaciones revisadas encontraron una asociación más clara entre un consumo más elevado y un mayor riesgo.
A largo plazo, el consumo excesivo también puede contribuir al desarrollo de una miocardiopatía alcohólica, una afección en la que el músculo cardíaco se debilita y pierde capacidad para bombear sangre de manera eficaz.
El riesgo depende de múltiples factores, entre ellos la cantidad y la duración del consumo, además de la susceptibilidad individual.
Qué recomiendan los especialistas para cuidar el corazón
Ante la falta de pruebas concluyentes sobre un posible beneficio del consumo moderado de alcohol, la American Heart Association recomienda priorizar hábitos saludables cuya importancia para la salud cardiovascular está mejor establecida. Entre ellos se encuentran realizar actividad física de manera regular, evitar el tabaco y mantener un peso saludable.
La organización también sostiene que las personas que no consumen alcohol no deberían empezar a beber con la expectativa de prevenir enfermedades cardíacas. Para quienes sí beben, reducir el consumo puede ser una medida importante, especialmente si tienen presión arterial elevada o presentan otros factores de riesgo cardiovascular.















