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Las sucesivas mejoras que recibió la deuda argentina por parte de Fitch Ratings, S&P Global Ratings y Moody’s parecían allanar el camino para una nueva baja del riesgo país. Sin embargo, el indicador elaborado por JP Morgan cerró este jueves en 441 puntos básicos, apenas cuatro unidades por debajo de la jornada previa, y todavía sin lograr consolidarse por debajo de las 400 unidades, un umbral que el mercado considera clave para que el país recupere el acceso pleno al financiamiento internacional.

La aparente contradicción, sin embargo, esconde una historia más amplia. En los últimos doce meses el riesgo país se desplomó más de 1.000 puntos básicos: tras haber rozado los 1.450 puntos a fines de septiembre de 2025, inició una fuerte compresión que lo llevó a perforar los 500 puntos a comienzos de este año y a tocar la zona de los 400 durante julio. El desafío ahora parece ser otro: convencer a los inversores de que todavía hay margen para seguir reduciendo la prima que pagan los bonos argentinos.

La explicación es que ambos indicadores miden cosas distintas. Mientras las calificadoras evalúan la capacidad de pago de la deuda en el mediano y largo plazo y reconocen los avances fiscales y macroeconómicos, el riesgo país incorpora riesgos financieros, políticos y externos que pueden modificar rápidamente el apetito por los activos argentinos.

El mundo volvió a jugar en contra

En las últimas semanas el escenario internacional volvió a convertirse en un obstáculo para los mercados emergentes. El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente impulsó nuevamente el precio del petróleo y favoreció una migración de capitales hacia activos considerados más seguros, como los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

“El contexto internacional está jugando fuerte y eso impacta en el corto plazo, aunque es un factor volátil. La tendencia de largo plazo sigue siendo descendente durante 2026, pero podría encontrar un piso cercano a los 400 puntos en los próximos meses”, explicó a El Cronista Martín Sarano, economista de la Fundación Internacional Bases.

Según el especialista, la escalada del conflicto geopolítico provocó un clásico fenómeno de fly to quality. “Los inversores huyen hacia los Treasuries estadounidenses y castigan a los mercados emergentes en general, no solamente a la Argentina”, sostuvo.

Christian Buteler, analista financiero, coincide en que el contexto global ayuda a explicar por qué el riesgo país dejó de caer al ritmo que mostró durante el último año. Además, relativiza el movimiento reciente del indicador.

“Los bonos bajaron, el riesgo país llegó a niveles cercanos a los 400 puntos, después rebotó un poco y ahora está en torno a los 440. Yo no diría que es una suba. Si mirás una serie un poco más larga vas a ver que es un rebote dentro de una tendencia principal que ha sido la baja”, afirmó a El Cronista.

Para Buteler, además, los bonos argentinos hoy enfrentan una competencia mucho más fuerte por parte de los activos estadounidenses. “Los bonos americanos están rindiendo mucho y eso termina funcionando como una aspiradora de fondos. Si un Treasury me rinde cerca del 5%, un bono argentino que paga alrededor del 9% deja de ser tan atractivo. Es un conjunto de variables lo que hace que cueste bajar el riesgo país”, explicó.

Los desafíos pendientes

El contexto externo no explica todo. Los analistas coinciden en que el mercado todavía espera nuevas señales en el plano doméstico para seguir comprimiendo el riesgo.

Una de ellas es la acumulación de reservas internacionales. Si bien el Banco Central logró fortalecer parcialmente su posición durante las últimas semanas mediante compras de divisas y financiamiento de organismos multilaterales, muchos operadores consideran que todavía necesita consolidar ese proceso para reducir la vulnerabilidad financiera.

A eso se suma que la Argentina aún no recuperó el acceso pleno al mercado internacional de deuda. El Gobierno continúa financiándose principalmente con organismos multilaterales y emisiones en el mercado local, un aspecto que los inversores siguen de cerca.

“Argentina sigue teniendo problemas, desde la economía real, que todavía no repunta, hasta el financiamiento. Seguís dependiendo mucho de los organismos internacionales y todavía no volvés al mercado voluntario para demostrar que el país tiene acceso genuino al crédito”, señaló Buteler.

En paralelo, el calendario político empieza a ganar peso en las valuaciones. Para Sarano, aunque el mercado sigue confiando en el compromiso del Gobierno con el equilibrio fiscal y el pago de la deuda, el horizonte electoral de 2027 comienza a modificar la ecuación de riesgo.

“La incertidumbre electoral empieza a impactar. A medida que se acercan las elecciones, el beneficio de quedarse invertido si Milei logra la reelección comienza a equilibrarse con el riesgo de pérdidas si eso no ocurre. Eso puede llevar a muchos inversores a tomar ganancias y reducir exposición”, explicó.

El economista agregó que, pese a algunos datos económicos menos favorables registrados en junio, el mercado todavía no los está castigando porque prevalece la expectativa de que la administración de Javier Milei mantendrá el superávit fiscal y continuará honrando sus compromisos financieros.

Lo que mira el mercado

Las mejoras otorgadas por Fitch, Moody’s y S&P reflejan un cambio en la percepción sobre la solvencia de la Argentina y reconocen el fortalecimiento del programa macroeconómico. Sin embargo, para los inversores esa validación ya no alcanza por sí sola.

Después de una caída de más de 1.000 puntos básicos en menos de un año, el mercado parece haber entrado en una nueva etapa. La discusión ya no pasa por si el riesgo país puede bajar desde los niveles de cuatro dígitos que mostraba en 2025, sino por qué le cuesta perforar de manera sostenida la barrera de los 400 puntos básicos. Para que eso ocurra, en la City creen que harán falta nuevos catalizadores: una mayor acumulación de reservas, el regreso al financiamiento voluntario, la continuidad del equilibrio fiscal y una reducción de la incertidumbre política a medida que se acerque el ciclo electoral de 2027.