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Los fideicomisos financieros permiten que un conjunto de créditos, facturas, préstamos u otros derechos de cobro se transforme en valores negociables que pueden comprar los inversores.

Quien invierte no depende solamente de una empresa, sino del desempeño de los activos transferidos, de la calidad de las cobranzas y de las reglas establecidas para distribuir el dinero.

Para un pequeño ahorrista, pueden ser una herramienta para incorporar fuentes de ingresos y riesgos diferentes dentro de una cartera. Pero no todos funcionan igual ni están disponibles para cualquier inversor.

Pero antes de tomar una decisión, veamos qué respalda la emisión, qué prioridad tiene el título, cuánto tiempo puede permanecer invertido el dinero y qué podría ocurrir si aumenta la mora o falta liquidez para vender.

Fideicomiso financiero: en qué se diferencia del tradicional

En un fideicomiso común el fiduciante transmite o se compromete a transmitir bienes al fiduciario, que debe administrarlos para cumplir la finalidad del contrato en beneficio de una o más personas.

El fideicomiso financiero utiliza esa estructura, pero el fiduciario debe ser una entidad financiera o una sociedad autorizada para actuar como fiduciario financiero. Sus beneficiarios son los titulares de los valores emitidos con respaldo en los bienes transferidos.

Cuando esos títulos se ofrecen públicamente la Comisión Nacional de Valores es la autoridad de aplicación.

Patrimonio separado: qué protege y qué no

Cuando los créditos, préstamos, facturas u otros derechos de cobro se transfieren al fideicomiso, dejan de formar parte del patrimonio general del fiduciante y pasan a integrar un patrimonio separado. También quedan diferenciados de los bienes propios del fiduciario.

Esta separación busca evitar que los activos del fideicomiso se confundan con los bienes y las deudas particulares de quienes participan en la estructura. Por ejemplo, si la empresa que originó los créditos atraviesa dificultades financieras, los derechos correctamente transferidos permanecen dentro del fideicomiso y deben administrarse de acuerdo con el contrato.

Para el inversor, esto implica que la fuente de pago debe buscarse principalmente en los activos fideicomitidos. Lo importante es cuánto dinero generan, cómo evolucionan las cobranzas y qué orden de prioridad se estableció para distribuir los fondos.

El patrimonio separado no garantiza el cobro

Si los deudores se atrasan, dejan de pagar o los activos producen menos dinero del esperado, puede no haber fondos suficientes para cumplir con todos los inversores. En ese escenario, los pagos podrían demorarse, reducirse o quedar sujetos al procedimiento de liquidación previsto en la documentación.

La separación patrimonial brinda aislamiento jurídico, pero no asegura la calidad ni el valor de los activos. Por eso, debe analizarse junto con la mora, las garantías, la concentración de la cartera y la posición que ocupa cada título dentro del orden de pagos.

Cómo funciona y de dónde salen los pagos

El fiduciante transfiere al fideicomiso créditos, préstamos, facturas, contratos de leasing, hipotecas u otros derechos de cobro. Esos activos, llamados subyacentes, generan el dinero con el que se busca pagar a los inversores.

Las cobranzas ingresan en las cuentas del fideicomiso. El fiduciario administra esos fondos y los distribuye según el orden establecido en el contrato. Primero pueden pagarse gastos y reservas. Luego se abonan los intereses y el capital de las distintas clases de títulos.

Los valores representativos de deuda otorgan derechos de cobro según las condiciones de la emisión. Los certificados de participación conceden los derechos económicos definidos en el contrato y, en algunas estructuras, reciben el remanente después de pagar otras clases.

Un mismo fideicomiso puede emitir títulos con prioridades diferentes. Por eso, antes de invertir hay que identificar qué clase se compra y qué lugar ocupa en el orden de pagos.

Ejemplo hipotético

Una empresa vende productos en cuotas y transfiere esos créditos a un fideicomiso. Los clientes pagan, el dinero ingresa en una cuenta fiduciaria y se distribuye según las reglas pactadas.

Si aumenta la mora, los pagos pueden demorarse o reducirse. Si muchos clientes cancelan antes de tiempo, el capital podría devolverse antes de lo previsto.

Cómo puede acceder un pequeño inversor

Para comprar estos valores, el ahorrista necesita una cuenta comitente en una ALyC, también conocida como broker. La entidad debe estar registrada ante la CNV. Antes de transferir dinero conviene verificar su matrícula y consultar comisiones, gastos y condiciones operativas.

En el mercado primario, el inversor participa de la colocación inicial. Debe revisar el aviso de suscripción, el prospecto, la clase ofrecida, la moneda, el plazo y las reglas de adjudicación.

En el mercado secundario, compra o vende títulos que ya fueron emitidos. La salida antes del vencimiento depende de que exista una contraparte. Puede no haber compradores o el precio ofrecido puede ser inferior al pagado.

No todas las emisiones están abiertas al público general, algunas sólo admiten inversores calificados, mientras que otras pueden aceptar pequeños ahorristas. La condición debe verificarse en el prospecto antes de presentar una orden.

También hay que comprobar bajo qué régimen fue autorizada la oferta. Una autorización automática no significa que la CNV haya evaluado previamente la calidad de los créditos o garantice el resultado de la inversión.

Qué puede aportar y cuáles son los riesgos

Un fideicomiso financiero puede sumar a la cartera una fuente de pagos distinta de la de un plazo fijo, una obligación negociable o un fondo común de inversión. También puede ofrecer diferentes plazos, monedas y esquemas de amortización.

Riesgo crediticio

Si los deudores pagan tarde o dejan de pagar, habrá menos fondos disponibles. También importan la concentración de la cartera, la administración de las cobranzas y la correcta transferencia de los créditos.

Riesgo de estructura

Una clase subordinada puede absorber pérdidas antes que otra con mayor prioridad. Las reservas, garantías, seguros o mecanismos de sobreaforo pueden reducir algunos riesgos, pero no eliminarlos.

Además, puede resultar difícil vender el título antes del vencimiento. Una suba de tasas puede reducir su precio, la inflación puede deteriorar el resultado real y la mora puede extender la devolución del capital. Las cancelaciones anticipadas, en cambio, pueden hacer que el dinero regrese antes de lo esperado.

Qué mirar antes de invertir

La CNV dispone de un buscador público con prospectos y suplementos. Conviene comenzar por los factores de riesgo y continuar con la descripción de los activos, el orden de pagos, la amortización y los eventos de incumplimiento.

Después de la emisión también hay que revisar los hechos relevantes, los avisos de pago y los informes sobre cobranzas y mora.

En materia impositiva no hay una respuesta única. El tratamiento depende del instrumento, el período fiscal y la situación de cada inversor. Antes de operar corresponde revisar la sección tributaria del prospecto y la información vigente de ARCA.

Cómo se compara con alternativas conocidas

Fideicomiso financieroCobranzas y reglas del contratoActivos, mora y prioridadDepende de la liquidez
Plazo fijoObligación del bancoEntidad, tasa y plazoDepende de la modalidad
Obligación negociableCapacidad de pago de la empresaEmisor, deuda y garantíasDepende del mercado
Fondo común de inversiónEvolución de la carteraEstrategia, activos y costosDepende del fondo

El plazo fijo suele tener una estructura más sencilla, la obligación negociable concentra el análisis en una empresa emisora y el fondo común reúne el dinero de distintos inversores dentro de una cartera administrada.

El fideicomiso financiero exige analizar los activos que generan las cobranzas y las reglas utilizadas para distribuirlas. La elección depende del plazo, la necesidad de liquidez, el riesgo aceptado y la composición del resto de la cartera.