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El oro viene de protagonizar uno de los rallies más fuertes de los últimos años, cuando llegó a superar los u$s 4.700 por onza, después de encadenar una serie de máximos que lo convirtió en uno de los activos que más atención concentró entre los inversores. Pero después del récord llegó la corrección.

En pocas semanas, el oro perdió buena parte de lo ganado y llegó a acercarse a los u$s 3.900, antes de recuperar terreno. Ayer miércoles volvió a subir alrededor de 3%, en una jornada en la que el mercado también miraba el retroceso del petróleo, atento a las elecciones de medio término en Estados Unidos.

El movimiento sirve para entender una característica particular del oro. No es una acción, no paga dividendos y tampoco genera intereses como un bono.

Para quien lo compra como inversión, la ganancia aparece cuando consigue venderlo a un precio mayor al que pagó, descontados los costos de operar, custodiar o acceder al metal a través del vehículo elegido.

Por eso, el oro no tiene una valuación sencilla como la de una empresa. Una acción puede analizarse a partir de sus ganancias, dividendos o flujo de caja futuro. Un bono tiene un cupón y un vencimiento. El oro no genera un flujo de dinero para quien lo posee. Su precio surge del equilibrio entre la oferta y la demanda mundial y, en el corto plazo, de cuánto atractivo tiene frente a otras alternativas.

El World Gold Council resume los principales motores del metal en cuatro grandes grupos: crecimiento económico, riesgo e incertidumbre, costo de oportunidad y momentum. Dentro de ellos aparecen las tasas, el dólar, la inflación, la geopolítica, los flujos de inversión y las compras de los bancos centrales.

El camino del oro, de un máximo a una baja pronunciada

El mercado había llevado la cotización a máximos y luego, durante octubre tuvo una caída que “responde principalmente a un cambio en las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos, con un mercado que comenzó a descontar tasas de interés más elevadas durante más tiempo, fortaleciendo al dólar y presionando sobre la cotización del metal”.

El análisis es de Rodrigo Fregenal, CEO de Ref Capital, quién además afirmó que hay otro factor muy importante para analizar.

“El resultado de las elecciones legislativas estadounidenses y la victoria demócrata, que podría limitar la capacidad de Donald Trump para sostener su agenda fiscal y política exterior”, explicó.

La consecuencia de la victoria opositora podría ser una mayor dificultad para que Trump pueda llevar “una política de elevado gasto vinculada a los conflictos bélicos y aumentar la presión política para buscar una desescalada geopolítica”.

Una reducción de las tensiones internacionales y una corrección en el precio del petróleo, contribuiría a moderar las expectativas de inflación en Estados Unidos, con efectos contrapuestos en el dolar.

“Por un lado, una menor incertidumbre geopolítica reduciría parte de la demanda de activos de refugio. Por otro, una inflación más controlada podría permitir que la Reserva Federal adopte una política monetaria menos restrictiva, algo que sería favorable para el metal”, explicó.

1. Las tasas reales de Estados Unidos definen el costo de tener oro

El oro no paga intereses. Por eso, cuando los bonos del Tesoro estadounidense ofrecen un rendimiento real elevado, mantener oro tiene un mayor costo de oportunidad. El inversor puede obtener una renta comprando un bono mientras mantiene un activo que no genera flujo alguno.

La relación no es perfecta, pero durante mucho tiempo las tasas reales fueron una de las principales variables para explicar el precio del oro. Cuando los rendimientos reales bajan, el costo de oportunidad de tener oro disminuye y el metal puede ganar atractivo. Cuando suben, aparece presión sobre su precio.

El indicador más útil no es solamente el Treasury a 10 años, sino su rendimiento real, que puede observarse a través de los bonos protegidos contra la inflación, conocidos como TIPS.

El propio World Gold Council señala que los mayores rendimientos de los bonos y el aumento del costo de oportunidad pueden convertirse en un obstáculo para la demanda de oro.

2. Lo que el mercado espera que haga la Fed

Para el oro no importa únicamente la tasa de interés que fija hoy la Reserva Federal. También importa qué cree el mercado que hará la Fed en los próximos meses.

Si los inversores empiezan a descontar una política monetaria más expansiva, pueden caer los rendimientos reales y aumentar el atractivo del oro incluso antes de que exista un recorte efectivo de tasas.

El proceso también funciona al revés. Si las expectativas pasan a contemplar tasas más altas durante más tiempo, los bonos pueden ofrecer rendimientos más atractivos y el oro quedar bajo presión.

Por eso, después de cada dato de inflación, empleo o actividad económica de Estados Unidos, el mercado intenta calcular qué hará la Fed con esa información.

3. El dólar puede empujar al oro en sentido contrario

El oro se negocia internacionalmente en dólares. En términos generales, un dólar más fuerte tiende a presionar al metal porque lo vuelve más caro para quienes compran utilizando otras monedas. La relación, sin embargo, tampoco es automática.

El oro es un activo global y su precio incorpora la demanda de inversores y bancos centrales de distintas regiones. El World Gold Council advierte que, aunque las tasas estadounidenses y el dólar siguen siendo importantes, no son los únicos determinantes del precio.

La evolución del oro y del dólar de máximos a mínimos en menos de dos meses
La evolución del oro y del dólar de máximos a mínimos en menos de dos mesesCaptura de pantalla Reuters

Por eso, el dólar es una variable para mirar, pero no alcanza por sí solo para explicar cada movimiento del oro.

4. El petróleo puede influir aunque no sea un activo de oro

El precio del petróleo aparece en la discusión por una vía indirecta. El crudo más caro puede aumentar las presiones inflacionarias y complicar el descenso de las tasas de interés. Un petróleo más barato puede producir el efecto contrario.

La cadena que mira el mercado es entonces: petróleo → inflación → expectativas de tasas → rendimientos reales → oro.

Eso ayuda a entender por qué una noticia sobre el petróleo puede terminar afectando a un metal que no tiene ninguna relación directa con la producción de crudo.

Pero tampoco hay una regla automática. Una inflación más alta no garantiza por sí misma una suba del oro. El efecto depende de qué ocurra simultáneamente con las tasas reales, el dólar y las expectativas de crecimiento. El World Gold Council encontró justamente que el impacto de la inflación sobre el oro está condicionado por esas otras variables.

5. Los bancos centrales agregaron una demanda que antes tenía menos peso

Los bancos centrales compran oro como parte de sus reservas internacionales. Las razones incluyen diversificación, protección frente a riesgos geopolíticos y su condición de activo que no depende directamente de la solvencia de un emisor.

El World Gold Council calcula que los bancos centrales compraron en promedio unas 1.000 toneladas anuales desde 2022 y espera que continúen siendo compradores relevantes durante 2026.

Esta demanda tiene además una característica particular: no necesariamente cambia de un día para el otro porque suba o baje el Treasury.

Por eso puede funcionar como un soporte estructural para el precio.

6. Las guerras y la incertidumbre aumentan el atractivo del refugio

Guerras, tensiones comerciales, crisis financieras o problemas fiscales pueden llevar a inversores a buscar activos que ayuden a diversificar una cartera.

El primer semestre de 2026 mostró con claridad esa dinámica. El World Gold Council atribuyó una parte importante del movimiento del oro al aumento del riesgo geopolítico y a los cambios en el sentimiento de los inversores.

Pero más miedo no significa automáticamente más oro. En una caída fuerte de los mercados, algunos inversores pueden vender oro para conseguir liquidez o cubrir pérdidas en otros activos.

Por eso el contexto de riesgo es importante, pero siempre hay que mirar qué están haciendo al mismo tiempo los rendimientos, el dólar y los flujos de inversión.

El rol de los bancos centrales afecta la cotización del oro
El rol de los bancos centrales afecta la cotización del oro

7. El posicionamiento de los inversores puede acelerar las subas y las caídas

Cuando el precio viene subiendo con fuerza, aparecen inversores que compran porque esperan que la tendencia continúe. Si una gran cantidad de participantes está posicionada en la misma dirección, una toma de ganancias puede generar una caída mucho más rápida que la que justificaría un cambio en los fundamentos.

También puede suceder lo contrario. Después de una corrección importante, aparecen compradores que consideran que el precio volvió a ser atractivo y la recuperación se acelera.

El World Gold Council identificó al momentum, el posicionamiento, los flujos hacia ETF y la toma de ganancias como factores relevantes para explicar los movimientos del oro durante 2026.

En agosto, por ejemplo, los flujos de inversión contribuyeron a uno de los mayores avances mensuales del metal en décadas.

Esto explica por qué el precio puede moverse mucho aunque ninguna mina haya producido un gramo más o menos de oro.

Qué tiene que pasar para que el oro vuelva a subir

Para Fregenal, el rebote cercano al 3% de ayer puede representar una recuperación técnica después de las fuertes caídas, pero todavía es prematuro confirmar un cambio de tendencia.

“Para las próximas semanas estaremos siguiendo especialmente la evolución de las tasas reales estadounidenses, el dólar, el precio del petróleo y las decisiones de la Reserva Federal” dijo.

Además señaló que “en el mediano y largo plazo el oro es un activo interesante para diversificar carteras”.

“Aunque creemos que la volatilidad continuará y que las próximas decisiones monetarias serán determinantes para definir su tendencia”, añadió.