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El dólar oficial se mantiene sin grandes sobresaltos, pero la tranquilidad en esa plaza no alcanza para describir el clima del mercado.

Y es que, mientras el dólar mayorista cerró la última semana en torno a los $1.489 y mantuvo la calma cambiaria, el resto del mercado mostró una señal muy distinta: el riesgo país superó los 480 puntos básicos, su nivel más alto en dos meses, y el S&P Merval acumuló una caída superior al 10% en lo que va de agosto.

La divergencia es relevante porque los bonos argentinos se debilitaron mientras mejoraron los índices de países de riesgo comparable, como Ecuador, Egipto, El Salvador, Ghana, Pakistán y Sri Lanka.

Para Econviews, ese desacople sugiere que el aumento reciente del riesgo argentino responde principalmente a factores locales. GMA Capital, en tanto, encuentra otra señal de tensión en la curva de pesos: después de seis meses de compresión, volvieron a subir tanto las tasas nominales como las reales.

Los dos diagnósticos coinciden y se complementan. La calma del dólar no eliminó el riesgo, sino que desplazó parte de la presión hacia otros precios del mercado.

GMA pone el foco en el costo financiero de sostener la estabilidad cambiaria, mientras que Econviews muestra dónde puede sentirse ese costo en la economía real, a través del crédito, el consumo, el empleo y los sectores más sensibles a la tasa.

Con ese telón de fondo, la agenda de esta semana tendrá tres pruebas centrales para el programa económico:

  • el resultado fiscal de julio, que se conocerá este martes 18;
  • el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de junio
  • y el Intercambio Comercial Argentino (ICA) de julio, que el INDEC publicará el jueves 20, entre otros datos clave como informe de Bancos del BCRA el viernes y los balances de algunas de las instituciones del sistema financiero.

Goldman Sachs les puso números a dos de esos exámenes en su informe LatAm Week Ahead para esta semana.

El gigante de Wall Street proyecta que el EMAE mostrará en junio un crecimiento de 3,5% interanual, después del avance de 0,2% registrado en mayo. Para la balanza comercial calcula un superávit de u$s 1.800 millones en julio, por debajo de los u$s 2.200 millones del mes anterior. En cambio, no publicó una estimación puntual para el resultado fiscal.

Primera prueba: el resultado fiscal y el costo de sostener el ancla

El dato fiscal será la primera prueba porque el superávit es la principal ancla del programa económico. El mercado buscará confirmar que el Gobierno conserva margen para sostenerlo sin recurrir a un ajuste adicional de la liquidez que encarezca todavía más el financiamiento en pesos.

Goldman Sachs no difundió una proyección para el balance presupuestario de julio. Su cuadro recuerda, sin embargo, que el resultado de junio había sido deficitario en $0,70 billones.

GMA Capital advirtió que el financiamiento neto del Tesoro alcanzó los $6,2 billones en julio y aumentó la cantidad de títulos en circulación. Según la firma, esa mayor oferta de deuda pudo reducir el margen para colocar bonos sin convalidar tasas más altas.

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La reacción ya apareció en las curvas: la tasa efectiva anual del S14G6 pasó de 23,8% a 25,5%, mientras los instrumentos nominales de mayor plazo subieron desde la zona de 24%-25% hasta rendimientos de entre 28% y 29%.

La corrección también alcanzó a los bonos ajustados por inflación. El tramo corto de la curva CER pasó de rendir -1,5% anual a ofrecer entre 4% y 5%, mientras títulos de mayor duración como TZX28, TZXS8 y TZXD8 alcanzaron rendimientos de 8,9%, 9% y 9,4%, respectivamente.

Detrás de esa suba, GMA identifica una combinación de mayor endeudamiento, menor liquidez y absorción de pesos. El stock de pases del BCRA cayó a $814.910 millones al 3 de agosto, el nivel más bajo desde febrero, y la última licitación del Tesoro captó $3,7 billones por encima de los vencimientos. A la vez, durante julio la venta neta de títulos públicos del Central absorbió cerca de $0,3 billones de base monetaria.

Por eso, el resultado fiscal no será leído únicamente como una cifra de ingresos y gastos. Un número sólido reforzaría el ancla central del programa y reduciría la presión futura sobre las necesidades de financiamiento.

Un deterioro, en cambio, podría obligar al Tesoro a ofrecer mayores rendimientos para conseguir pesos en un mercado que ya comenzó a exigir una prima más alta.

Segunda prueba: la actividad y el costo de la tasa alta

El EMAE de junio permitirá medir si la tensión financiera alcanza a la economía real.

Econviews describe una recuperación desigual y advierte que buena parte de la actividad continúa débil.

En junio, la utilización de la capacidad instalada industrial fue de 59,1%, apenas 0,2 puntos porcentuales por encima del mismo mes de 2025. Caucho y plástico operó al 41%, la metalmecánica al 41,5% y la industria automotriz al 45,5%.

El empleo también muestra fragilidad. En mayo se perdieron 12.000 puestos registrados y el empleo privado formal acumuló doce meses consecutivos de caídas.

Desde noviembre de 2023, según Econviews, se destruyeron alrededor de 241.200 empleos privados registrados, mientras aumentó la cantidad de monotributistas.

Los indicadores más recientes tampoco ofrecen una señal uniforme. En julio, la producción automotriz cayó 10,5% mensual, los patentamientos de autos retrocedieron 10,3% y el consumo de cemento bajó 4,1%.

A la vez, la confianza del consumidor disminuyó 4,8%. Del otro lado, la producción industrial había crecido 0,9% en junio y los préstamos comerciales avanzaron 1,1% real en julio.

La lectura de GMA ayuda a explicar esa heterogeneidad. La BADLAR promedió entre 21% y 22% nominal anual en julio, mientras la tasa de los préstamos personales rondó el 66%.

La relación entre tasas activas y pasivas llegó así a 2,8 veces, el nivel más alto en catorce años. Al mismo tiempo, el stock de préstamos personales cayó 0,7% real en julio y acumuló diez meses consecutivos de retroceso frente a la inflación.

Econviews conecta directamente el estancamiento del crédito con la debilidad de la actividad. La consultora señala que el 12,8% de los préstamos bancarios a familias y el 29% de los créditos no bancarios se encuentran en mora.

Aunque no observa una crisis de solvencia de los bancos, sí advierte que el deterioro de los balances de unos 5,7 millones de personas puede reducir el consumo y profundizar el freno económico.

El EMAE, entonces, servirá para determinar si la estabilidad macro todavía convive con un estancamiento sectorial o si comienza a consolidarse una recuperación más amplia.

Tercera prueba: los dólares del comercio exterior

El dato comercial de julio completará la foto porque pondrá a prueba la capacidad del programa para acumular reservas sin depender de una mayor contención del tipo de cambio.

En junio, las importaciones crecieron 3,4% mensual desestacionalizado, mientras las exportaciones retrocedieron 0,9%.

En la comparación con el trimestre anterior, sin embargo, las ventas externas todavía mostraban un avance de 9,5% y las compras al exterior subían 2,9%, según el seguimiento de Econviews.

Goldman Sachs espera un superávit comercial de u$s 1.800 millones en julio. De confirmarse, el saldo seguiría holgado, pero mostraría una reducción de u$s 400 millones frente a los u$s 2.200 millones de junio, equivalente a una caída cercana al 18%.

El agro mantiene un volumen importante de granos sin comercializar: al 5 de agosto quedaban stocks de 24,08 millones de toneladas de soja, 25,37 millones de maíz y 18,58 millones de trigo.

Ese remanente representa una fuente potencial de divisas, pero no garantiza por sí mismo que los dólares ingresen al ritmo que necesita el Banco Central.

Ahí vuelve a aparecer la tensión señalada por GMA. En el equilibrio entre tasas y tipo de cambio, la firma considera que el Gobierno priorizó sostener al dólar cerca de $1.500.

Como contrapartida, el promedio diario de compras de divisas se redujo desde u$s 93 millones en julio hasta u$s 23,8 millones durante la primera semana de agosto.

Además, la intervención en instrumentos dólar linked promedió $247.000 millones diarios en lo que va del mes, una estrategia que contribuye a contener las expectativas cambiarias pero también retira pesos del sistema.

Econviews plantea una advertencia similar desde otro ángulo. La consultora considera que evitar saltos bruscos del dólar es distinto de imponerle un techo dentro de la banda y sostiene que llegar a 2027 con un tipo de cambio contenido sería riesgoso.

En su diagnóstico, esa estrategia puede dificultar la compra de reservas y perjudicar a sectores como la industria y la construcción.

Los tres datos cuentan, en definitiva, una misma historia. El resultado fiscal mostrará si el Gobierno preserva su principal ancla; el EMAE revelará cuánto cuesta la estabilidad en términos de actividad; y el comercio exterior indicará si hay suficientes dólares para acumular reservas sin profundizar la tensión financiera.