Mientras promociona a su candidata presidencial, que es su propia madre, Máximo Kirchner estuvo por San Juan para fotografiarse con Sergio Uñac, el ex gobernador de esa provincia y actual senador nacional.
Pareció una juntada de dos necesitados. El anfitrión, derrotado en su Provincia por la pelea en la Gobernación, viene amagando desde hace siete años con su proyecto presidencial. Ahora, ante la vacante de un representante del dedo de Cristina Fernández de Kirchner, que se autopercibe proscripta y no presa, cree tener una chance.
El hijo de los dos presidentes, a su vez, tiene en claro que hasta nuevo aviso no es su momento. Salvo para perder. Es más. Algunos de sus fieles seguidores creen que Cristina prefiere llevar como candidata presidencial a Myriam Bregman, la estrella de la izquierda argenta, que puede atraer votos de los que hace tres años fueron a buscar otro antisistema como Javier Milei.
Ambos, Kirchner y Uñac, deben construir un proyecto presidencial que signifique algo potente, una mezcla entre lo nuevo y la estructura que aporta La Cámpora. Sin embargo, ni siquiera estuvo presente el único referente–candidato que tiene fuera de su territorio el propio Uñac: Leonardo Nardini, el intendente de Malvinas Argentinas, equidistante de todas las agrupaciones que funcionan en el ecosistema del peronismo kirchnerista renovador bonaerense.
El encuentro llevó como título “Democracia, interior y participación”. “Tenemos que tratar de gobernar para los 48 millones argentinos y argentinas. Es duro lo que vive la gente, necesitamos dar las discusiones que sean necesarias para transformar esta realidad y por eso proponemos la creación de una herramienta que aporte recursos a los sectores más ajustados por Milei y a las provincias”, señaló el legislador en relación a la presentación de un proyecto de ley que cobra un 3% a las Transferencias Internacionales de Capital.
“Cuando nosotros decimos justicia fiscal por equilibrio social, quiere decir que nadie va a dejar de ganar, pero muchos van a dejar de perder. Tenemos que lograr que las familias argentinas dejen de tener la calculadora en la cabeza todo el tiempo”, añadió Kirchner.
Por supuesto que no hubo gobernadores. Ninguno de los que participaron en la juntada de hace dos meses en el Hotel Libertador para discutir una dinámica interna, en la que se logró sentar en una misma mesa a Kirchner, Sergio Massa y Axel Kicillof, pasó ni cerca del encuentro.
No están convencidos del gobernador bonaerense; creen que Massa es el que más los entiende, pero lo único que tienen en claro que no siguen más bajo la conducción de la expresidenta, presa en San José 1111 y reclamando en los organismos internacionales.
El interior merece tener su chance 🇦🇷
— Sergio Uñac (@sergiounac) September 25, 2026
Trabajamos para eso: escuchamos, recorremos y construimos una propuesta. No podemos ser extras de la película política de Milei.
El Partido Justicialista necesita un plan de acción concreto para definir liderazgos y ofrecer una propuesta a… pic.twitter.com/kfrnqgoh34
Quizás el diputado nacional camporista fue a retribuirle el gesto que tuvo el actual senador nacional en una entrevista esta semana, en la que consideró a su madre como la mejor candidata. ¿Lo es? ¿No es mejor uno libre, sin sentencias por las cuales responder ni explicar y con un llamativo expediente libre de haber pasado por algún sistema de reincidencias? Es raro el peronismo, pero mucho más lo es el kirchnerismo.
Nada de lo que hagan sus rivales–aliados parece inmutar a Kicillof. Su personalísimo enfoque de las cosas, que le provoca serios problemas de relación con el resto de la política e inclusive afecta a su propia gestión, lo salva en estas ocasiones. Hace como si no pasara nada. Calca su procedimiento habitual en la Provincia, donde aparenta no tomar nota ni quedar salpicado de cualquier cuestión que sucede fuera del primer piso que abarca la Privada del Gobernador.
Aunque ya se ha dicho, vale la pena recordar que Kicillof no es un conductor clásico del peronismo. El más parecido, pero también con el que más se diferencia ideológicamente, fue Daniel Scioli, a quien le hicieran lo que le hicieran desde la Casa Rosada, parecía no afectarlo. “El único que tiene una sola jugada y por eso está jugado al todo o nada es Axel”, le recordó ayer a la noche un intendente que lo sigue desde el primer momento en el Movimiento Derecho al Futuro.

Las pocas ganas que tiene de pensar en cómo armar el rompecabezas que tiene debajo de sus pies lo muestra la cantidad de precandidatos a gobernador que hay su propio espacio, a los que se le suman los otros que plantan La Cámpora, aún sin alguien que los contenga a todos. A ellos se suma la nueva Liga de Intendentes, que esta semana anduvo por Bahía Blanca para abrazar a Federico Susbielles, otro de sus representantes.
Los “Federicos” Achával y Otermin, más Gastón Granados, Nicolás Mantegazza y Marisa Fassi recorrieron refinerías y luego hicieron otras reuniones menos protocolares en el distrito más importante de la Séptima sección electoral. Sin decirlo, marcan la representación que tienen en las tres regiones más importantes del mapa electoral provincial.
En el otro frente, Sebastián Pareja anduvo en Mar del Plata, lugar donde la pasó bastante mal a comienzos de año por el hostigamiento producido por los organizadores del festival liberal armado para la ocasión en la que casi le impiden hablar. Antes había tenido que ver como la diputada nacional Juliana Santillán se subió al vehículo que trasportaba a la comitiva oficial y dejaba en el peldaño, del lado de afuera, a su amigo Alejandro Carrancio.

Ahora el más importante, ese al que halagó en todo momento, fue precisamente Carrancio. Santillán ni pasó por el lugar. También la gacetilla oficial mencionó con delicada preferencia al presidente del Concejo Deliberante local, Emiliano Recalt y al coordinador local Mariano Valiente.
Pareja debe hacer un esfuerzo descomunal para calmar a su tropa y, más que ninguna otra cosa, darle alguna certeza de que seguirán participando como conductores del proceso ante la posible avanzada del PRO en cada pueblo.
Los profesionales amarillos, de la misma manera que lo hacen los seguidores de Cristina Fernández de Kirchner en el otro extremo, tienen un mecanismo mucho más asertivo a la hora de instalar un relato frente a la dispersión y reclamos por cuestiones pendientes que siempre plantean los dirigentes violetas.
Sin embargo, el empeño por aparecer cerca de sus territoriales valida su política frente a sus observadores superiores, los primos Martín y Lule Menem y, más arriba, Karina Milei, quien ahora se empieza a animar a hablar con quienes antes no lo hacía: los periodistas.

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