El crédito en pesos al sector privado se contrajo 1% real sin estacionalidad en agosto pese a una expansión nominal promedio de $1,8 billones en el mes. Marca así el primer retroceso desde marzo y un quiebre en la secuencia de recuperación que se había insinuado entre abril y julio. Los datos se desprenden del último Informe Monetario Mensual del Banco Central (BCRA).
El segmento más afectado es el del consumo, que concentra una caída del 1,9% real sin estacionalidad y se vio muy arrastrado por las tarjetas de crédito, que cayeron 3,3% real en el mes.
Esta tendencia se debe principalmente a la caída de la oferta de crédito por parte de los bancos, que debido al fuerte refinanciamiento de la mora limitan mucho los márgenes de endeudamiento que habilitan a sus clientes, pero también a elevado nivel de tasas, que hace que la gente pida menos plata prestada.
Y es que, con una tasa efectiva anual de 79,1% para tarjetas y de 65,8% para préstamos personales, el costo del financiamiento al consumo aparece como prohibitivo para buena parte de los hogares. Esto llama la atención de los analistas y despierta fuertes críticas en la City dado que el contraste con las tasas pasivas es muy grande. Mientras un plazo fijo de personas humanas a 30-35 días rinde 18,8% TEA, un depósito a la vista remunerado, apenas da 13,9%.
La brecha entre lo que el sistema paga por captar y lo que cobra por prestar sigue siendo una de las más amplias de los últimos años.
La excepción que confirma la regla
En el otro extremo de los créditos al consumo se ubican los préstamos con garantía real, que crecieron 1,1% real sin estacionalidad, impulsados por los hipotecarios, que treparon 2,8% mensual real y 41,6% interanual a precios constantes. El motor son los créditos UVA, que ofrecen una tasa de 32,1% efectiva anual (menos de la mitad que un préstamo personal). Pero no todos lo que tiene garantía crece.
Los prendarios cayeron 1,1% real sin estacionalidad en agosto y acumulan un retroceso de 8% real en los últimos doce meses. El dato refleja la debilidad del mercado automotor y las condiciones financieras que todavía no logran traccionar ese segmento.
El crédito en dólares
Mientras el crédito en pesos se contrae, el denominado en moneda extranjera sigue en expansión. En agosto sumó u$s 258 millones y alcanzó un saldo de u$s 25.241 millones, con un crecimiento interanual de 43,8%. El dinamismo lo explican los documentos a sola firma, que representan cerca del 75% del crédito en dólares al sector privado.
Esto se da en el marco en que el BCRA emitió la Comunicación “A” 8467, que amplió los destinos admitidos para financiaciones en moneda extranjera originadas en depósitos del sector privado, aunque con un tope del 15% de esas imposiciones por entidad y un factor de ponderación de 1,25 en ciertos casos.
Por otro lado, para apuntalar el segmento hipotecario, el Gobierno anunció por un lado el Programa de Licitación de Plazos Fijos con Destino a Crédito Hipotecario. ANSES, a través del FGS, coloca hasta $2 billones en plazos fijos UVA en el sistema bancario, con adjudicación por licitaciones de hasta $ 200.000 millones y un tope del 20% por entidad. El objetivo es atenuar el descalce de plazos que frena a los bancos a la hora de prestar largo con fondeo corto.
Y, finalmente, esta semana presentó los nuevos créditos prendarios de Banco Nación, que generaron polémica en el mercado por las altas tasas que ofrecen: para quienes cobran haberes o jubilaciones en el Nación, la alternativa en es una tasa de UVA + 19% TNA mientras que la opción a tasa fija quedó en36% TNA.
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, salió a defender la nueva línea UVA y sostuvo que el esquema puede ampliar la oferta de financiamiento para el mercado automotor.
Mirada hacia adelante
Lo cierto es que esta polémica pone en evidencia que el crédito en pesos enfrenta un dilema de precios. Con tasas activas de consumo que duplican o triplican la inflación esperada, la demanda se retrae naturalmente.
Los hipotecarios resisten porque tienen respaldo de política pública y un instrumento —la UVA— que permite tasas reales más bajas. Pero el grueso del sistema —tarjetas, personales, prendarios— opera en un terreno donde el costo del dinero es el principal obstáculo.

Por Pilar Wolffelt
Editora de Finanzas y Mercados
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