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Mientras las tasas que las entidades pagan para captar depósitos están entre el 16% y el 24% nominal anual, el costo de los préstamos personales se mantiene muy por encima de ese nivel. Un informe de FIDE pone el foco precisamente en esa divergencia y muestra que la tasa de los plazos fijos en pesos de 30 a 44 días pasó de 29,03% en febrero a 21,15% en julio. Pero, del otro lado, las activas para las personas se mantuvieron considerablemente por encima, en torno al 75% y la diferencia es todavía mayor cuando se observa el Costo Financiero Total (CFT).
El fenómeno dejó una brecha particularmente amplia entre las tasas pasivas —lo que el banco paga por captar pesos— y las activas —lo que cobra por prestarlos—. La pregunta es por qué, si se redujo el costo del dinero y los bancos pagan menos por los depósitos, esa baja no llegó en la misma magnitud al costo del crédito.
“Están los costos regulatorios tales como el encaje, que es la parte de los depósitos que queda inmovilizada en el Banco Central por razones prudenciales y no se puede prestar. Luego están los costos operativos, que incluyen los salarios y cargas sociales así como también los de mantener las sucursales. También incide de manera muy significativa la carga de los impuestos”, informaron desde ABA a este medio.
Asimismo, en las entidades sostuvieron que la tasa activa incorpora el costo de fondeo, pero también otros componentes del negocio y, particularmente, el riesgo de que el cliente no devuelva el dinero. “La mora del sistema aumentó respecto de los mínimos de los últimos años y eso obliga a realizar mayores previsiones, que forman parte del costo del crédito”, explicó la fuente.
El último informe de FIDE pone el foco precisamente en esa divergencia. Según la entidad, la reducción de las tasas de las operaciones de caución y repo, hacia niveles cercanos al 20% nominal anual, no se tradujo en una disminución equivalente de las tasas activas de préstamos personales y tarjetas. Como resultado, sostiene, el spread entre tasas activas y pasivas se encuentra en niveles históricamente elevados.
Los datos del mismo informe muestran la velocidad con la que bajó la remuneración de los depósitos. La tasa de los plazos fijos en pesos de 30 a 44 días pasó de 29,03% en febrero a 21,15% en julio. La Badlar de bancos privados descendió en el mismo período de 31,06% a 21,25%.
Del otro lado, las tasas activas para las personas se mantuvieron considerablemente por encima, según el gráfico elaborado por FIDE con datos del Banco Central.
El CFT agranda la distancia para el cliente
Para medir cuánto termina pagando efectivamente una persona por financiarse, además, no alcanza con mirar únicamente la Tasa Nominal Anual (TNA).
El indicador relevante para el cliente es el Costo Financiero Total, que contempla el costo integral de la operación y permite dimensionar mejor cuánto termina representando el financiamiento.
Por eso, comparar directamente la tasa de un plazo fijo con la TNA de un préstamo tampoco muestra toda la distancia que existe entre lo que recibe un ahorrista y lo que afronta quien necesita crédito.
Al mismo tiempo, esa diferencia no puede interpretarse íntegramente como margen para el banco. El CFT puede contener conceptos adicionales al interés que no constituyen ganancia financiera de la entidad.
Pero aun tomando solamente las tasas, FIDE advierte que el spread se encuentra en niveles históricamente elevados. Su informe muestra, además, que la relación entre la tasa de las tarjetas de crédito y la de los plazos fijos aumentó fuertemente durante el último año.
Por qué los bancos no bajan las tasas de los créditos
Desde el sistema financiero explican que para entender la diferencia hay que separar el crédito a las personas del financiamiento a las empresas.
“Hay que distinguir segmentos. Hoy esa diferencia se observa principalmente en los préstamos a personas, no tanto en empresas”, explicó a El Cronista una fuente bancaria.
La razón, según las entidades, es que el precio de un préstamo no depende solamente de cuánto le cuesta al banco conseguir los pesos que después presta.
La tasa activa incorpora el costo de fondeo, pero también otros componentes del negocio y, particularmente, el riesgo de que el cliente no devuelva el dinero.
Ese último factor ganó peso en los últimos meses por el fuerte aumento de la mora.
“La mora del sistema aumentó respecto de los mínimos de los últimos años y eso obliga a realizar mayores previsiones, que forman parte del costo de otorgar crédito. A eso se suma el apetito de cada entidad para seguir expandiendo su cartera en ese segmento”, explicó la fuente.
Las previsiones son las reservas que realizan las entidades frente a las pérdidas esperadas por créditos que podrían no cobrarse. Si aumenta la probabilidad de que una parte de la cartera termine en mora, también aumenta el costo de asumir nuevos riesgos.
Por eso, desde los bancos sostienen que una reducción del costo de fondeo no necesariamente se traduce uno a uno en una baja de las tasas de los préstamos.
La mora, detrás del mayor costo del riesgo
El argumento cobra relevancia por lo que ocurrió con el endeudamiento de las familias durante los últimos dos años.
Los cálculos de Eco Go muestran que a junio de 2026 el deudor promedio debía el equivalente a 2,2 salarios privados registrados y 2,5 salarios si se considera únicamente la deuda bancaria. En abril de 2024, en cambio, la deuda rondaba un salario.
El aumento no se produjo principalmente porque mucha más gente ingresara al mercado de crédito. La cantidad de deudores pasó de 19,6 millones a 20,7 millones, apenas 6%. Fueron principalmente los mismos deudores los que comenzaron a deber mucho más.
Ese proceso terminó reflejándose en los índices de irregularidad: 5,7 millones de personas se encuentran en situación irregular, equivalentes al 27% de los deudores. Entre quienes acumulan obligaciones superiores a cinco salarios, la proporción asciende al 32%.
Federico Machado, economista de Open, identifica tres factores detrás del deterioro.
“Principalmente el crecimiento de la mora se disparó en 2025 y se combinaron varios factores”, explicó.
El primero fue el fuerte crecimiento previo del crédito en paralelo con la desinflación. El segundo fue el ingreso disponible, que después de una recuperación comenzó a caer. Y el tercero apareció a mediados de 2025, cuando el salto de las tasas hizo mucho más difícil refinanciar los créditos acumulados.
Sebastián Menescaldi, economista de Eco Go, observa el mismo problema desde el peso de las obligaciones financieras sobre los ingresos.
Según explicó, la carga financiera pasó del 17,5% al 31% de la masa salarial hacia fines de 2025. Actualmente ronda el 29%.
A su vez, el pago de las deudas comenzó a competir con otros gastos que ganaron participación dentro de los presupuestos familiares. Menescaldi señaló que el incremento de los servicios financieros coincidió con aumentos de precios regulados, salud y educación, lo que redujo todavía más el ingreso disponible.
Menos ingreso disponible y más riesgo
FIDE también vincula directamente ambos fenómenos.
El informe sostiene que durante 2025 la expansión del crédito tuvo un papel relevante para sostener el consumo privado frente a la caída de los ingresos reales. Pero identifica un punto de inflexión desde mayo de ese año: el incremento de las tasas posterior a la eliminación de las LEFI encareció significativamente el financiamiento en un contexto de pérdida de poder adquisitivo.
La presión sobre el bolsillo no provino solamente de las deudas.
Para un trabajador registrado promedio del AMBA, el gasto en electricidad, gas, agua y transporte pasó de representar aproximadamente 6% del salario en diciembre de 2023 a cerca del 15% actualmente, según FIDE.
El resultado fue una combinación de más endeudamiento, menor ingreso disponible y créditos más difíciles de refinanciar.
Y ese deterioro volvió hacia los bancos en forma de mayor mora.
Los bancos se vuelven más cautelosos
El mayor riesgo no sólo influye sobre el precio. También empieza a afectar cuánto están dispuestas a prestar las entidades.
FIDE señala que, junto con el elevado spread, se observa una mayor cautela de los bancos a la hora de otorgar nuevos créditos en respuesta al deterioro de sus carteras.
Desde el sector financiero lo explican en términos de “apetito”: cada entidad define hasta qué punto quiere seguir aumentando su exposición a un segmento en el que crece la probabilidad de incumplimiento.
Un banco puede responder al mayor riesgo endureciendo los requisitos para otorgar un préstamo, reduciendo los montos o cobrando una tasa más elevada para compensar la pérdida esperada.
Eso ayuda a explicar una de las particularidades del escenario actual: mientras el costo de captar pesos cayó rápidamente, el riesgo de prestarlos a determinados clientes se movió en la dirección contraria.
¿Todo el spread es ganancia para los bancos?
Desde las entidades rechazan que la distancia entre las tasas pasivas y activas pueda interpretarse automáticamente como rentabilidad.
“Es importante señalar que esos spreads no se traducen automáticamente en una mayor rentabilidad para los bancos”, sostuvo la fuente del sector.
Según explicó, la rentabilidad sobre patrimonio (ROE) de la industria continúa baja en términos históricos y, en el negocio de individuos, “en muchos casos es incluso negativa”.
“Por eso, más que hablar de márgenes elevados, hoy estamos frente a un contexto donde el precio del crédito refleja el costo y el riesgo de ese segmento”, agregó.
FIDE pone el foco en el otro lado de la ecuación: las tasas de mercado bajaron, pero ese descenso no se trasladó en igual magnitud a los préstamos personales y las tarjetas, por lo que el spread permanece en niveles históricamente altos.
Las dos miradas encuentran, sin embargo, un punto en común: el deterioro de las carteras se convirtió en un factor central para entender qué ocurre con el precio del crédito.
La baja de las tasas llegó rápido al plazo fijo porque los bancos necesitan pagar menos para captar pesos. Pero prestar esos mismos pesos a las familias se volvió más riesgoso.
Ese desacople ayuda a explicar la amplitud actual del spread: mientras bajó el precio que los bancos pagan por el dinero, el aumento de la mora y del riesgo de incobrabilidad puso un piso mucho más alto al precio que cobran por prestarlo.
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