

En esta noticia
Si bien el mercado cambiario sigue estable, en las últimas semanas se intensificó la incertidumbre sobre los riegos de que el valor del dólar siga planchado. Para muchos analistas, la divisa se encuentra por debajo del valor que debería tener en relación con el peso, lo cual representa un problema para el crecimiento de la actividad.
En este contexto, el exviceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, lanzó una advertencia a Javier Milei de cara a 2027 que definió como el riesgo de una “dolarización electoral”. Según el economista, el esquema actual depende en gran parte de la percepción de triunfo del oficialismo y de un dólar que, a su criterio, está quedando atrasado de manera forzada.
El riesgo que enfrenta el Gobierno con el dólar atrasado y el rol de las elecciones en EE.UU.
El exfuncionario, en diálogo con Canal 8 Stream, puso en consideración que falta poco para las elecciones en Estados Unidos, cuyo apoyo fue fundamental para la estabilidad que logró el Gobierno el año pasado, pero relativizó las consecuencias que un eventual revés para Trump podría tener en la dinámica local.
Según Rubinstein, hubo un “punto de inflexión muy importante en septiembre de 2025, cuando todo se desmoronaba y tuvo que venir la ayuda a último momento de Estados Unidos para evitar un colapso cambiario”.
Sin embargo, fue cauto. “No nos olvidemos que es una elección de medio término la de Estados Unidos, no es que (Donald) Trump deja el gobierno. Puede quedar debilitado. Creo que eso puede ser un momento de cierta zozobra en Argentina si le va mal en las elecciones, pero no tanto", matizó.

En cambio, mencionó un aspecto al que sí debe prestar atención la administración libertaria si pretende mantener el dólar en los valores actuales. “Si aparece una opción que pudiera hacer que la reelección de Milei quedara con bastantes dudas, eso puede generar la sensación de que el apoyo de Estados Unidos al gobierno argentino puede ser frágil, o puede no existir directamente”, explicó Rubinstein al referirse a una oposición contundente.
Para el exfuncionario de la gestión Sergio Massa, ese escenario gatillaría un cambio de conducta inmediato en los inversores. “En el imaginario colectivo, es probable que se piense que conviene comprar dólares porque el dólar o se queda estable o sube: ”Por las dudas, compremos". Ese es un escenario que puede ser sumamente disruptivo”, advirtió.
El debate por el atraso cambiario y la acumulación de reservas
En esa línea, Rubinstein se sumó a la lista de economistas, al igual que Domingo Cavallo, que alertan sobre la pérdida de competitividad. “El dólar quedó demasiado bajo. Es un dólar que dificulta la acumulación de reservas, el desarrollo de la industria, la construcción y las economías regionales”, sostuvo.
Incluso mencionó las dudas internas que, según él, pueden existir en el entorno presidencial. “Si uno escuchara lo que escribió en su época Federico Sturzenegger, uno diría que debe tener algunas dudas al respecto porque él propiciaba un dólar más alto”, indicó.
Por eso se refirió a las reservas netas del Banco Central, que estimó en torno a los u$s 13.000 millones negativos, y subrayó que la Argentina atraviesa una “vulnerabilidad extrema” en ese sentido, que solo se contuvo por el respaldo político de Washington.
“En la transición, un dólar más alto te ayudaría mucho porque es una protección natural”, analizó, aunque aclaró que para evitar un “caos”, cualquier movimiento cambiario debería ser “bien hecho técnicamente y consensuado políticamente”.

El dilema del salario y la paciencia social
Finalmente, Rubinstein vinculó la estabilidad del dólar con la situación social. Admitió que un ajuste cambiario resentiría el salario en el corto plazo, pero fue tajante sobre la insostenibilidad del modelo actual. “Como tuviste que subir tarifas y otros regulados, el salario disponible bajó más que el salario real. Eso es lo que la gente siente como sufrimiento”, remarcó.
Según sus cálculos, el “salario disponible” (es decir, lo que queda tras pagar servicios básicos) se encuentra hoy un 15% por debajo de los niveles de 2023, una métrica que el mercado mira de cerca para medir el margen de gobernabilidad de cara al calendario electoral.


















