Un rumor falso según el cual el principal candidato presidencial de la derecha en Brasil, Flávio Bolsonaro, pretendía quitar a la santa patrona nacional puso a la religión en el centro de la elección en este país de mayoría católica, a pocos días de la votación del domingo.

Las encuestas muestran al senador de 45 años (hijo del expresidente encarcelado Jair Bolsonaro e integrante de la creciente población evangélica de Brasil) levemente por detrás del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Bolsonaro dijo que la idea de que él quitaría a Nuestra Señora de Aparecida como patrona del país, que se difundió en internet como una teoría conspirativa, era una “gran mentira” y “la mayor fake news de la campaña”. Los protestantes suelen rechazar la práctica católica de venerar a los santos.

“Respeto todas las religiones y también a quienes no tienen religión”, dijo esta semana.

Antes había acusado al Partido de los Trabajadores de Lula de haber difundido el rumor con ayuda de personas dentro de la organización de obispos católicos. Bolsonaro no presentó pruebas de esa afirmación, que la jerarquía de la Iglesia desmintió.

Lula, que es católico, invocó la historia falsa sin nombrar directamente a su rival, al decir en un acto el lunes: “Mientras yo sea presidente de la república, nadie va a burlarse de Nuestra Señora de Aparecida”.

Los analistas ven esos comentarios como un intento de perjudicar a Bolsonaro y, al mismo tiempo, reforzar el ya firme apoyo del líder de izquierda entre los católicos.

“Hasta ahora todo indica que perjudicó a Flávio”, dijo Eduardo Grin, profesor de ciencia política de la Fundación Getulio Vargas. “Los partidarios de Lula lo aprovecharon mejor”.

Las encuestas le dan al exsindicalista de 80 años una ligera ventaja en la primera vuelta del domingo, pero sugieren que no alcanzará la mayoría absoluta. Para un balotaje más adelante en octubre, los sondeos muestran a Lula y Bolsonaro en un empate técnico.

Lula hizo alusión a la polémica este lunes: “Mientras yo sea presidente de la república, nadie va a burlarse de Nuestra Señora de Aparecida”.
Lula hizo alusión a la polémica este lunes: “Mientras yo sea presidente de la república, nadie va a burlarse de Nuestra Señora de Aparecida”.Fuente: EFEAndre Borges

El tema también reavivó el debate sobre el poder del dividido Supremo Tribunal para censurar contenidos en internet, ya que los jueces de la corte emitieron fallos contradictorios sobre la eliminación de publicaciones en redes sociales que hacían referencia a la polémica. El máximo tribunal electoral del país debe pronunciarse sobre el tema el miércoles.

Bolsonaro es, en los hechos, un sustituto de su padre populista, que fue derrotado por un estrecho margen por Lula en 2022 y luego condenado hace un año a una larga pena de prisión por planear un golpe para mantenerse en el poder. Los evangélicos son un pilar del movimiento conservador del bolsonarismo, tras haber crecido en número e influencia política en las últimas décadas.

Tanto Lula como Bolsonaro posaron en los últimos días con imágenes de la santa patrona, lo que generó acusaciones de explotar la religión con fines políticos.

Desde pequeñas estatuas en los hogares hasta calcomanías en los autos y santuarios al costado de la ruta, la representación negra de la Virgen María es una imagen habitual en todo el país más grande de América latina. En 1995, un pastor evangélico provocó indignación nacional al patear una estatua de Nuestra Señora de Aparecida en televisión.

Los defensores de la teoría conspirativa se aferraron a una promesa que Bolsonaro hizo el mes pasado de “decretar que Brasil pertenece a Jesucristo” como uno de sus primeros actos si resulta electo.

El caso invierte la histórica utilización de la religión como arma por parte de los bolsonaristas, que incluyó advertencias infundadas antes de la última elección de que Lula cerraría iglesias evangélicas.

Es “un tema polarizante que busca inclinar a los votantes indecisos... en una elección profundamente dividida y con un estrecho margen de victoria”, dijo Ana Carolina Evangelista, investigadora del Instituto de Estudios de la Religión.

Amanda Mendonça, profesora de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, dijo que la importancia de Nuestra Señora de Aparecida iba más allá de lo religioso y estaba “entretejida en la conciencia nacional como símbolo de protección, identidad y pertenencia”.

“La disputa no es simplemente entre católicos y evangélicos. Es una contienda sobre quién define qué significa ser cristiano, ser brasileño”, agregó.