Una feroz disputa entre dos jueces sumió a la Corte Suprema de Brasil en una crisis sin precedentes que podría tener un impacto decisivo en las elecciones presidenciales del mes próximo.

La interna estalló luego de que se revelaran presuntos vínculos entre el sospechado cerebro de un fraude bancario multimillonario y Alexandre de Moraes, el juez que el año pasado encarceló al ex líder de extrema derecha Jair Bolsonaro.

La revelación convirtió a Moraes en uno de los focos del creciente escándalo de corrupción desatado por el colapso de u$s 10.000 millones del prestamista Banco Master el año pasado.

Las tensiones en la Corte Suprema escalaron el 1° de septiembre, cuando el juez André Mendonça desclasificó un informe policial que alega que el dueño de Banco Master, Daniel Vorcaro, envió mensajes a Moraes pidiéndole ayuda poco antes de su arresto en noviembre pasado. El informe también indica que ambos hombres se habían reunido varias veces.

Moraes contraatacó a Mendonça, quien supervisa la investigación de Banco Master, con acusaciones de abuso de poder y toma de decisiones con motivación política. Mendonça, que no respondió públicamente, fue nominado a la Corte por Bolsonaro luego de haberse desempeñado como su ministro de Justicia.

Mendonça y Moraes no respondieron a los pedidos de comentarios enviados a través de la Corte Suprema.

El affaire ensombrece la carrera de octubre entre el presidente de izquierda en ejercicio, Luiz Inácio Lula da Silva, y su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, hijo de Jair.

“Este es un escándalo de gran magnitud, que está provocando una crisis institucional muy peligrosa y perjudicial para la democracia brasileña”, dijo Leandro Consentino, politólogo del Insper en San Pablo. “Es probable que sea un factor decisivo en la elección presidencial”.

Aunque Lula no fue acusado en el caso Banco Master, el asunto golpea un punto débil para el veterano líder de izquierda, que en el pasado estuvo preso por corrupción en condenas que luego fueron revocadas.

Flávio Bolsonaro buscó capitalizar la situación renovando los reclamos por la destitución de Moraes, quien condenó a su padre. “Un voto para Lula es un voto para de Moraes”, dijo a sus seguidores la semana pasada.

El Bolsonaro más joven también quedó implicado, después de que trascendiera en mayo que obtuvo millones de dólares del dueño de Banco Master, Vorcaro, para financiar una película sobre su padre, quien cumple una condena de 27 años. Flávio Bolsonaro sostiene que se trató de un patrocinio privado sin irregularidades y trató de desviar la atención.

Pese a esas revelaciones, Bolsonaro, de 45 años, logró en las últimas semanas achicar la diferencia en las encuestas y quedar prácticamente empatado con Lula, quien busca un cuarto mandato no consecutivo.

La turbulencia en la Corte Suprema, que ejerce una influencia desmesurada sobre la política brasileña, y la creciente percepción de venalidad derivada del caso Banco Master son potencialmente perjudiciales para Lula, de 80 años, según los analistas.

“Existe entre el electorado brasileño la percepción de que Alexandre de Moraes está de alguna manera alineado con el bando oficialista”, agregó Consentino.

Los investigadores creen que Vorcaro armó una vasta red de tráfico de influencias que abarca el Legislativo, el Judicial y el Ejecutivo. Todavía no se presentaron cargos formales contra el banquero, que fue arrestado en noviembre. Él niega las irregularidades.

Bolsonaro, de 45 años, logró en las últimas semanas achicar la diferencia en las encuestas y quedar prácticamente empatado con Lula.
Bolsonaro, de 45 años, logró en las últimas semanas achicar la diferencia en las encuestas y quedar prácticamente empatado con Lula.Fuente: EFEAntonio Lacerda

El affaire dañó la credibilidad de una institución elogiada internacionalmente en los últimos años por defender a Brasil frente a un fallido golpe militar de Jair Bolsonaro, tras su derrota electoral ante Lula en 2022.

También reavivó a la derecha brasileña, que desde hace tiempo acusa a Moraes de perseguir injustamente a los conservadores y de restringir la libertad de expresión.

La izquierda, por su parte, acusa a Mendonça de actuar para favorecer a Flávio Bolsonaro, incluyendo la autorización de una investigación contra el hijo de Lula por presunto lobby indebido.

Las revelaciones pusieron nueva presión sobre Moraes, quien ejerció un poder inusual en los últimos años. Ya había enfrentado escrutinio por un contrato de 130 millones de reales entre Master y el estudio jurídico de su esposa y había negado previamente acusaciones de haber intervenido a favor del banco.

“[Banco Master es] el mayor escándalo bancario y financiero de la historia de Brasil, que dio origen al mayor escándalo judicial de la historia de Brasil”, dijo Bruno Brandão, director de Transparencia Internacional Brasil.

En los mensajes divulgados por Mendonça, Vorcaro preguntaba si debía irse de Brasil y le pedía al destinatario que intercediera ante el fiscal general y el jefe de la Policía Federal del país. El equipo forense no logró recuperar ninguna respuesta de Moraes. Dos días después de enviar los mensajes, Vorcaro fue arrestado en el aeropuerto internacional de San Pablo, cuando se dirigía a un jet privado con destino a Dubái.

Moraes no hizo comentarios sobre los mensajes, pero solicitó una investigación contra Mendonça, acusándolo de abuso de autoridad, mala conducta e investigar a ciertas personas “por motivos personales y políticos”.

El episodio llevó a la Corte al borde del colapso institucional y alimentó los reclamos de una reforma judicial. “Esta crisis afecta la dinámica del Estado de derecho democrático de Brasil”, dijo Eloisa Machado, profesora de derecho constitucional en la Fundación Getulio Vargas. “Es un punto sin retorno”.