En las estribaciones de los Andes, en una extensión de terreno agreste cinco veces más grande que Manhattan, un grupo de empresarios se prepara para el fin.

Un puñado de pequeñas casas prefabricadas, domos geodésicos y una pista de aterrizaje surgieron en los últimos dos años en la remota estancia Wamani, a una hora por caminos de tierra del pueblo más cercano, en el extremo oeste de Argentina.

Lejos de las superpotencias nucleares del mundo y cerca de las abundantes reservas petroleras de la Patagonia y de las fértiles llanuras de Mendoza, la capital argentina del vino, Wamani es la mejor apuesta del fundador tecnológico argentino-español Martín Varsavsky para un lugar que sobreviva al armagedón.

“Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas”, dijo Varsavsky, por teléfono desde Wamani, durante un viaje de negocios a San Francisco, describiendo un conflicto que enfrenta a Rusia, China, Corea del Norte e Irán contra “la mayor parte del resto” del mundo.

“Tiene sentido tener un refugio”, dice.

Varsavsky está lejos de ser el único entre los súper ricos que hace planes para prepararse ante una guerra nuclear, un desastre climático o un colapso económico. Multimillonarios como Peter Thiel compraron tierras en la remota Nueva Zelanda, mientras que Mark Zuckerberg, de Meta, tiene un búnker debajo de su rancho en Hawái. El fundador de LinkedIn, Reid Hoffman, alguna vez estimó que la mitad de los multimillonarios de Silicon Valley tenía algún tipo de “seguro contra el apocalipsis”.

Pero la visión de Varsavsky, de 66 años, es más amplia. Sostiene que “toda la Argentina y la región del Cono Sur” podrían sostener “sociedades complejas” en caso de guerra nuclear, gracias a su distancia de los blancos de misiles y de las nubes radiactivas, y a su abundante producción de alimentos y energía.

“Mi idea no es solo tener pequeños grupos encerrados en búnkeres”, dijo Varsavsky, quien construyó una fortuna estimada en u$s 700 millones, según Forbes, fundando empresas de telecomunicaciones, servicios de internet, energía renovable, fertilidad y biotecnología.

Está trabajando en una novela que imagina la vida en Wamani después de que una guerra nuclear arrase gran parte de EE.UU., Europa y Asia. Un borrador presenta al protagonista “Martín Varsavsky” y la huida apresurada de su familia desde Madrid, luego de que él detecta movimientos inusuales de buques en plataformas satelitales. Una vez allí, la familia pone a trabajar en el rancho a turistas estadounidenses varados —y de repente sin un peso— que habían ido a hacer turismo del vino.

Varsavsky compró la propiedad en diciembre de 2023, semanas después de la elección del presidente libertario Javier Milei, junto con otros cinco empresarios argentinos y estadounidenses como coinversores. Entre ellos figuran Alec Oxenford, un emprendedor tecnológico que también es embajador de Milei en Washington, y Dan Lubetzky, multimillonario fundador de la empresa de barritas Kind.

Su objetivo es la autosuficiencia. Los edificios están equipados con paneles solares. Varsavsky planea comprar ganado para pastorear las 32.000 hectáreas de matorral de Wamani, que incluyen un pico de 5.000 metros y varias otras montañas. Podrían comprar una propiedad aún más grande en las cercanías para cultivar.

También están estudiando si se podrían descargar modelos de lenguaje de gran escala (large language models) en computadoras alimentadas por energía solar “para crear tu propio internet limitado” en caso de un colapso global de los servidores, dijo Varsavsky.

Los habitantes de Eugenio Bustos, un pueblo cercano de 12.000 personas, desconfían del proyecto. “Es muy raro comprar tanta tierra solo para uno, sin ningún plan comercial”, dijo una empleada de una estación de servicio que prefirió no dar su nombre, por temor a enojar a su empleador al criticar a un terrateniente local.

Pero Varsavsky no es la única persona adinerada atraída por la Argentina tras la elección de Milei.

Las reformas de libre mercado del libertario —y sus promesas más extravagantes, como permitir “empresas no humanas” manejadas por agentes de inteligencia artificial— generaron admiración en algunos sectores de Silicon Valley. Thiel, quien obtuvo en secreto la ciudadanía neozelandesa en 2011, compró una mansión en Buenos Aires en abril y mudó allí a su familia durante dos meses.

Varsavsky, quien dice conocer a Thiel profesionalmente y haber hablado con él sobre la Argentina, aseguró que no planearon sus inversiones juntos. “Coincidentemente llegamos a la misma conclusión: que de todos los lugares a los que uno podría ir en caso de una Tercera Guerra Mundial, la Argentina es el mejor”, dijo.

Fuerte partidario de Milei, Varsavsky lo acompañó en viajes para reunirse con líderes tecnológicos en San Francisco y cenó con él en Buenos Aires. Le sugirió crear una reserva nacional de semiconductores y transformadores eléctricos para reforzar la resiliencia del país, además de una “visa de tranquilidad” a través de la cual otros inversores podrían convertir a la Argentina en su propio seguro contra el apocalipsis.

Wamani es la mejor apuesta del fundador tecnológico argentino-español Martín Varsavsky para un lugar que sobreviva al armagedón.
Wamani es la mejor apuesta del fundador tecnológico argentino-español Martín Varsavsky para un lugar que sobreviva al armagedón.Fuente: BloombergDavid Paul Morris

El gobierno de Milei espera que la lejanía del país respecto de la inestabilidad global sea un gran atractivo de un esquema de ciudadanía por inversión que está preparando, según consultores que asesoran al gobierno.

Uno de esos consultores, Eric Major, fundador de la asesora de inversión migratoria Latitude Group, comparó el programa con el permiso de residencia acelerada de u$s 3 millones (NZ$5 millones) lanzado recientemente por Nueva Zelanda.

“Todo ese grupo apocalíptico de California, preocupado por una Tercera Guerra Mundial, se subió en masa a esa propuesta, y le dijimos al gobierno de Milei que posicionaríamos a la Argentina de la misma manera”, agregó.

Varsavsky y otros líderes tecnológicos también se sienten atraídos por la idea de que la Argentina remite a una Europa más blanca y previa al multiculturalismo.

“Algunas personas van a la Argentina y dicen: ‘Wow, este lugar se ve más europeo que Europa ahora’”, dijo Varsavsky. “Argentina está orgullosa de su herencia de civilización occidental y la gente puede decirlo con orgullo. Y en Europa y en EE.UU. no se puede”.

Varsavsky, cuya familia huyó de la dictadura argentina de 1976-1983 cuando él tenía 16 años, vivió su vida adulta entre España y EE.UU. Construyó cinco start-ups que alcanzaron cada una valuaciones superiores a los u$s 1.000 millones.

Varsavsky alguna vez se identificó como demócrata, pero escribió el año pasado que dio un “giro hacia la derecha” después de rechazar la “culpa que la izquierda impone” a la gente blanca por el comercio de esclavos en el Atlántico, así como por el cambio climático y los sentimientos de “orgullo nacional”. También denunció a un grupo de energías renovables que él mismo cofundó, y que luego vendió, por “desfigurar” España con aerogeneradores.

Varsavsky es dueño del 50% de Wamani y el resto se reparte entre cinco amigos. En conjunto, gastaron hasta ahora casi u$s 10 millones, dijo Varsavsky, y levantan una nueva construcción aproximadamente cada cuatro meses. Usan la estancia para vacaciones grupales y están evaluando alquilarla por Airbnb para volverla financieramente autosuficiente.

Varsavsky recorre el terreno en una 4x4 o en mountain bike, a lo largo de más de 80 km de caminos internos accidentados. Zorros y guanacos también deambulan por las montañas y superficies rocosas de la propiedad, salpicadas de pastos silvestres resistentes, arbustos espinosos y un solitario manzano cuya presencia nadie puede explicar.

Dice que eligió el nombre Wamani, una palabra quechua que significa “guardián de las montañas”, como tributo a una niñera de habla quechua que ayudó a criarlo.

Camila Martínez, una guardaparque de 28 años que administra la propiedad junto con otras tres personas, describió los rumores suspicaces sobre Wamani en los pueblos cercanos como “un teléfono descompuesto”. “La gente dice todo tipo de cosas, pero al menos Martín está conservando el paisaje, a diferencia de la mayoría de los grandes terratenientes de acá”, agregó.

Sin embargo, Wamani tiene sus desventajas como santuario. Al menos una docena de veces al año, Mendoza sufre fuertes vientos vinculados a cambios de temperatura en los Andes, que pueden hacer imposible salir a la llanura abierta donde se construyeron la mayoría de las estructuras de Wamani. “Martín se asustó mucho la primera vez que vio esos vientos”, dijo la arquitecta Lucía Castillo, también de 28 años.

Algunos de los refugios prefabricados —suites modernas al estilo Airbnb, con grandes ventanales— necesitan calefaccionarse con estufas a leña en invierno y refrigerarse con aire acondicionado en verano.

Si bien el rancho cuenta con cuatro vertientes y arroyos, se espera que el calentamiento global aumente el estrés hídrico en los Andes.

La capacidad final de Wamani es un objetivo móvil. “Hay más amigos que quieren sumarse, y estamos construyendo más”, dijo Varsavsky, quien tiene siete hijos. “Pero además es tan hermoso que no hay mucho ahí. Si invitamos a mucha gente y construimos muchas casas, ya no va a ser lo mismo”.

Pero hay algo claro, agregó. “Mi esposa y yo acordamos que si China se queda con Taiwán o Rusia se queda con los países bálticos, al día siguiente estamos ahí”.