Con ataques a estudios de Hollywood, bancos centrales asiáticos y exchanges de criptomonedas, el hermético Estado de Corea del Norte se ganó la reputación de albergar a algunos de los hackers más temibles y descarados del mundo.
Esa fama no hará más que reforzarse con su presunta participación en el hackeo de u$s 6.300 millones a Binance de esta semana, que se cree que es el mayor robo de criptomonedas de la historia.
Los atacantes, a quienes los analistas vinculan con Pyongyang, podrían haberse llevado casi el doble del total de criptomonedas robadas en todo el mundo el año pasado, una suma equivalente a casi una quinta parte del ingreso nacional bruto de Corea del Norte.
Binance, el mayor exchange de criptomonedas del mundo, suspendió todos los retiros y depósitos. La empresa dijo que una “investigación inicial” mostró que los hackers lograron vulnerar la laptop de un ingeniero y retirar fondos de la plataforma.
“Los hackers norcoreanos están entre los actores cibernéticos más agresivos y altamente capacitados del mundo”, dijo al FT Shin Beom-chul, exviceministro de Defensa de Corea del Sur. “Reciben un entrenamiento sistemático y son desplegados para generar divisas para el régimen”.
En los últimos años, la economía de Corea del Norte se vio impulsada por un acercamiento a Rusia, a la que Pyongyang abasteció de armas y tropas para apoyar la guerra de Moscú en Ucrania a cambio de miles de millones de dólares en efectivo, combustible y pagos en especie.
Pero el Estado, con poco efectivo y aislado por las sanciones, todavía recurre a actividades delictivas para sostenerse. Solo el año pasado, los hackers norcoreanos robaron alrededor de u$s 2.000 millones, aproximadamente el 60% del total mundial y un 51% más de lo que se llevaron en 2024, según la firma de análisis de blockchain Chainalysis.
Junto con su programa nuclear, Pyongyang invirtió fuertemente en guerra cibernética y montó un sistema que identifica y cultiva talento técnico desde edades tempranas, todo con el objetivo de forjar un equipo de élite de hackers que obtenga ingresos para el Estado.
Se estima que Corea del Norte cuenta con unas 8400 personas involucradas en operaciones de guerra cibernética, según el Servicio Nacional de Inteligencia de Corea del Sur, aunque la cifra incluye personal de soporte técnico y no se limita a hackers profesionales.
Los estudiantes seleccionados reciben entre tres y cinco años de formación técnica avanzada y de guerra cibernética en instituciones de Corea del Norte, y los de mejor desempeño avanzan a programas universitarios especializados, según expertos en Corea del Norte.
Un informe de este año del Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte hizo referencia a un curso de cinco años en el exclusivo Colegio Moranbong de Pyongyang, que combina estudios militares con hackeo y descifrado de códigos.
Según se informa, algunos agentes de élite reciben luego formación adicional en el exterior, en China y Rusia.
“Los estudiantes norcoreanos que se destacan en matemática y ciencias son seleccionados y entrenados en hackeo desde la adolescencia”, dijo Simon Choi, director de tecnología de la startup de ciberseguridad StealthMole.
Como los hackers de Corea del Norte operan en nombre del Estado, pueden actuar sin ningún temor a ser procesados, según los expertos. Choi dijo que eso los vuelve más audaces que sus pares de otros países.
“Como no enfrentan ninguna rendición de cuentas en su país, pueden atacar y hackear activamente a instituciones extranjeras”, agregó Shin.
El dominio de Pyongyang en la guerra cibernética es la consecuencia natural de su larga historia de maniobras delictivas, de las que el régimen dependió para generar divisas.
A principios de los años 2000, las autoridades de EE.UU. acusaron a Corea del Norte de traficar drogas, además de producir cigarrillos falsificados y sofisticados billetes falsos de u$s 100, los llamados “superbilletes”. En 2010, Washington impuso sanciones a la Oficina 39, un buró secreto del gobernante Partido de los Trabajadores que, según dijo, administraba fondos para la cúpula y recaudaba dinero en parte mediante el narcotráfico. Los reclamos a aseguradoras también fueron una fuente de ingresos ilícitos.
En los últimos años, Pyongyang desplazó su atención hacia las oportunidades que ofrece el cibercrimen.
Los hackers norcoreanos saltaron a la fama mundial con el hackeo a Sony Pictures en 2014, ampliamente interpretado como una represalia por el estreno de The Interview, una comedia que mostraba un complot ficticio para asesinar al líder Kim Jong Un. Dos años después, unos hackers robaron u$s 81 millones del banco central de Bangladesh, un robo que los fiscales estadounidenses atribuyeron a Corea del Norte.

Los exchanges de bitcoin y de criptomonedas, con su promesa de riquezas enormes e imposibles de rastrear, también atrajeron el interés de Pyongyang.
En 2022, se sospechó que el grupo de hackers Lazarus Group, respaldado por el Estado norcoreano, había robado unos u$s 620 millones en activos digitales de la red Ronin, que sostenía un videojuego basado en blockchain.
Dos años después, TraderTraitor (el mismo grupo acusado de perpetrar el hackeo a Binance del jueves y que presuntamente forma parte de Lazarus, según la Agencia Nacional de Policía de Japón) robó u$s 308 millones del exchange japonés de criptomonedas DMM Bitcoin, según investigadores estadounidenses y japoneses, después de engañar a un empleado de una empresa de billeteras digitales para que descargara software malicioso.
En febrero de 2025, hackers norcoreanos robaron alrededor de u$s 1.500 millones del exchange de criptomonedas Bybit, con sede en Dubái, según el FBI, en lo que fue el mayor robo de criptomonedas registrado hasta el ataque reportado a Binance. En el pasado, Corea del Norte negó estar involucrada en delitos cibernéticos y calificó esas acusaciones de “calumnia absurda”.
En los últimos años, Pyongyang también consiguió de manera encubierta trabajos remotos para norcoreanos, que transfieren sus salarios al régimen y, en algunos casos, usan su acceso a las redes para facilitar hackeos. El Departamento de Justicia de EE.UU. estimó que agentes norcoreanos que se hacían pasar por trabajadores remotos se infiltraron en más de 300 empresas estadounidenses entre 2020 y 2024 y generaron al menos u$s 6,8 millones para Pyongyang.
Las ganancias de esos robos le ofrecen a Corea del Norte una fuente de financiamiento cada vez más importante para sus ambiciones militares, según los expertos.
En un informe de marzo de 2024, los monitores de sanciones de la ONU dijeron que estaban investigando 58 presuntos ataques norcoreanos contra empresas vinculadas a las criptomonedas entre 2017 y 2023, valuados en unos u$s 3.000 millones, cuyas ganancias, según se informa, ayudaron a financiar el desarrollo de armamento.
Choi advirtió que los riesgos probablemente aumenten con la adopción de la IA, que ayudó a los hackers a identificar vulnerabilidades y automatizar los intentos de explotarlas.
“La IA les dio alas a los hackers”, dijo. “Se abrieron las puertas del infierno porque Corea del Norte tiene una determinación muy fuerte de llevar a cabo estos ataques”.
Por Daniel Tudor
¡No te pierdas mi próxima nota! Unite a Members
- Accedé a todos los análisis sin límite de lectura
- Lectura sin publicidad
- App + edición impresa incluidas
- Acceso al foro de la comunidad
Desde $1000 / mes Menos de un café por semana
















