

El peronismo kirchnerista renovador está haciendo un esfuerzo descomunal para esconder sus diferencias. Tras el segundo encuentro de Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa en la Casa de La Pampa con gobernadores y legisladores nacionales se sucedieron una serie de encuentros más o menos trascendentes con la misma intención. Darle una salida “honorable” al gran problema que tiene el principal partido de la oposición en la Provincia de Buenos Aires.
Los gobernadores tienen una ventaja. Saben de primera mano que ellos no pueden alterar demasiado la relación de fuerza y menos involucrarse en un trío como el de Kicillof, Massa y Kirchner sin quedar mal con alguien. Pero, al mismo tiempo, asumieron que muchos de los problemas que padecen como partido nacional tienen que ver con esa pelea insalvable entre los santacruceños y los bonaerenses preexistentes.
Tras el acto de Lanús en el que habló Máximo Kirchner en conmemoración de un nuevo aniversario del fallecimiento de su padre, Néstor, pareció que ese clima de cierta camaradería vivido en la juntada de la sede provincial pampeana en Buenos Aires se mantenía.
No rayó a Kicillof y hasta dijo que un hombre o mujer peronista debe ser el próximo Presidente. Antes, por supuesto, ratificó que su madre era la candidata por la que tenían que pedir y exigir, aunque la ONU le postergó, con su resolución de esta semana, ese sueño de vuelta.
Este jueves el gobernador recibió en La Plata a una buena parte de los intendentes que conforman el Movimiento Derecho al Futuro. Ahí se explayó sobre lo de siempre, la situación económica, la crisis de empleo y la producción y dijo que ante la indefinición nacional todos tenían que prepararse para definir los candidatos provinciales a través de una PASO que desembocaría con un candidato oficialista en octubre, donde las elecciones se realizarán de manera concurrente a las nacionales. El desdoblamiento se esfumó, a pesar de que muchos de los presentes ya le habían tomado el gusto al tema.
Al mismo tiempo que se daba este encuentro, en Merlo, el gobernador Ricardo Quintela -¿con permiso de Cristina Fernández de Kirchner?- participó de un acto con el intendente local Gustavo Menéndez, miembro de la Liga de 12 intendentes junto con los “Federicos” Otermín y Achaval y la morenense Mariel Fernández, entre otras figuras.

Ellos pretenden también no solo poner un gobernador sino que sueñan con el proyecto presidencial. Algo parecido de lo que plantearon los “hermanos” Santiago y Manuel Passaglia, quienes se presentaron así como los postulantes presidenciales sin decir quién de los dos terminará yendo para pelear por el Ejecutivo nacional.
¿Querrán hacer el uno–dos? ¿El que no llega arriba se queda en la Provincia? Sus diálogos con otros protagonistas políticos provinciales como Joaquín De la Torre y Guillermo Britos, de Chivilcoy, dejan abierta la posibilidad de que no todo quede en San Nicolás.
La incertidumbre sobre las reelecciones de los intendentes, que no pudo confirmar el gobernador, también empezó provocar algunos movimientos locales. En Merlo, distrito del cual se habló más arriba, finalmente, en caso de no poder presentarse Menéndez, Gustavo Sooz sería su reemplazante, marginando a Karina Menéndez que también pretendía serlo. En San Miguel, la salida de Pablo de la Torre de la Secretaría de Salud de San Isidro para volver a hacer política junto con su amigo Jaime Méndez también abrió el interrogante sobre la sucesión.
El clima en el campo opositor, más allá de la desconfianza y las armas que no se bajan, parece haber cambiado. En la última semana hasta apareció el “cordobesismo” como parte de la solución al problema del peronismo nacional. Luego de las elecciones desdobladas del año próximo en esa provincia, es posible que surja una propuesta para pelear por la Nación, en una PASO o participando de una fórmula con el candidato que determine el sector.

En este marco también trascendieron negociaciones más concretas sobre un problema que, fiel a su estilo, Kicillof estiró hasta el final. Las designaciones de las cuatro vacantes para la Corte Suprema bonaerense. Sergio Massa y Máximo Kirchner, habrían congeniado una propuesta que no sería muy ajena al deseo inicial del gobernador.
Solo falta convencer a los sectores opositores que, por el momento, uno de ellos podrá tener un lugar de los cuatro en juego para completar los siete miembros. Ahí la batalla se da entre los libertarios y los radicales, divididos por su propia interna.
Si el tema se trata antes de fin de año, es pasible que se produzca un efecto dominó que termine también provocando la máxima aspiración de los intendentes, peronistas, radicales, y otros. Las reelecciones indefinidas, aunque para Massa, este es otro tema. No se puede mezclar. Él no está dispuesto a bajar esa bandera de renovación política. Y lo dice con mayúsculas en cada mensaje.
















