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La inteligencia artificial encontró en la salud uno de sus negocios más rentables por el lado menos visible de la profesión: el papeleo. En los Estados Unidos, el 81% de los médicos ya usa IA en su práctica, frente al 38% de 2023, y la documentación clínica es uno de sus usos principales, según la American Medical Association (AMA). Abridge, la startup que transcribe y resume consultas, alcanzó una valuación de u$s 5300 millones en 2025, de acuerdo con la firma de análisis Sacra.
En ese mercado entra Certuma, la compañía de IA clínica fundada por el emprendedor argentino-español Martín Varsavsky (creador de cinco unicornios y fundador de Prelude Fertility, la mayor cadena de clínicas de fertilidad de los Estados Unidos), que inició sus operaciones en la Argentina. “Certuma es una compañía de inteligencia artificial para centros de salud y para médicos para que puedan atender más pacientes y mejor con una mejor calidad de servicio”, resume Bruno Marino, Head of LATAM, que se sumó al proyecto cuando tenía un mes de vida.

Un modelo con reglas y unos números que respaldan
La propuesta no se queda en la transcripción. El copiloto interviene antes, durante y después de la consulta: entrevista al paciente, se conecta con la historia clínica, redacta la nota, sugiere diagnósticos diferenciales y alerta sobre posibles errores. Funciona sobre MedCanon, un motor propio que, según la empresa, resuelve el principal problema de los modelos generalistas. “Todos los modelos de IA que uno puede encontrar en el mercado, los más conocidos, (...) son 100% probabilísticos”, explica Marino.
Eso “les da lugar a alucinaciones y no tienen una trazabilidad”, un problema que queda atrás con la arquitectura de Certuma que combina una capa probabilística, que conversa, con otra determinística que contiene más de 250 protocolos médicos y fija qué preguntas hacer y cuándo escalar una emergencia. Para cada dato del resumen, el médico puede ver de qué parte de la conversación original surge. “La IA no toma decisiones por su cuenta, siempre es una herramienta para el médico donde el médico tiene que validar y firmar”, aclara Marino.
Con sede en Austin, Certuma levantó u$s 10 millones en una ronda seed liderada por 8VC, el fondo de Joe Lonsdale, cofundador de Palantir. El dinero llega en un momento de apetito inversor: en el primer semestre de 2026 las startups de salud digital de los Estados Unidos captaron u$s 7400 millones, por encima de los u$s 6400 millones del mismo período de 2025, según Rock Health.
La empresa cobra por licencia, con un esquema para hospitales y clínicas, basado en “una licencia en función del consumo de la visita”, y otro para médicos independientes. “Este año lo vamos a cerrar facturando alrededor de 1 millón y medio de dólares”, anticipa Marino. Para 2027 la meta es multiplicar esa cifra: “vamos a estar facturando alrededor de los 10 millones de dólares el año que viene”. Eso implicará una nueva ronda, porque se trata de “un camino que requiere mucho capital de expansión”.
Hoy la compañía tiene 20 empleados y opera en modo piloto con cinco hospitales en la Argentina y tres en Chile, con unos 150 médicos. Asegura haber procesado más de un millón de interacciones y que un médico “en promedio ahorra aproximadamente un 35 o 40% de su tiempo”. Los nombres de las instituciones todavía no pueden divulgarse.
La apuesta regional tiene una lógica de escasez. La Organización Panamericana de la Salud estima que, sin nuevas intervenciones, la región podría enfrentar un déficit de entre 600.000 y 2 millones de trabajadores de la salud para 2030. En la Argentina, el problema es de distribución: la Ciudad de Buenos Aires tiene más de 16 médicos cada 1000 habitantes, mientras que el promedio nacional ronda los cuatro, según un relevamiento de los médicos Pedro y Martín Silberman y un problema que solo escala: “Más del 65% de los médicos tienen burnout”, asegura Marino.
¿Una IA que reemplaza a los médicos?
No todos los médicos están seducidos: el 88% de los encuestados por la AMA teme perder habilidades por depender de la IA. El debate no es nuevo. En Homo Deus (2015), el historiador Yuval Noah Harari ya planteaba un escenario inquietante: algoritmos capaces de superar a los médicos en el diagnóstico de enfermedades y la recomendación de tratamientos.
Su hipótesis apuntaba a que buena parte de las tareas médicas podrían automatizarse (una coyuntura que ya nos atraviesa), mientras que las labores vinculadas al cuidado físico y la atención personal presentarían desafíos diferentes para la IA. Marino lo plantea de otro modo: “La pregunta no es si lo puede reemplazar o no, yo creo que el punto es que la IA potencia al médico. Digamos que hasta le permite al médico ser más humano”.

La llegada de Certuma coincide con un momento de nervios para el sector. En la semana que terminó, las principales tecnológicas y fabricantes de chips ligados a la IA perdieron más de u$s 1 billón en valor de mercado, y el FMI advirtió sobre los riesgos de un giro brusco en la inversión.
Con este panorama, el capital para la IA aplicada a la salud sigue llegando y en el primer semestre, las startups de salud digital de los Estados Unidos captaron u$s 7400 millones, más que un año antes, según Rock Health.
La diferencia está en la promesa. No se trata de una superinteligencia futura, sino de algo más terrenal y medible: devolverle tiempo al médico. “Los médicos quieren mirar a sus pacientes a los ojos y no estar mirando en la computadora”, resume Marino.

Por Lucía Sánchez Villegas
Subeditora de El Cronista España
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