El capital de riesgo siempre fue una industria de todo o nada, donde la mayor parte de las ganancias se concentra en un pequeño número de inversiones y un puñado de fondos. Pero en medio de la ráfaga de megaofertas públicas iniciales impulsadas por el boom de la IA, esta dinámica se está llevando a un extremo. La pregunta es si se trata solo de la última manifestación de una vieja dinámica, o si va a romper por completo la vieja forma de hacer negocios.
Nunca fue tan importante respaldar a los ganadores. Los inversores de Anthropic esperan que la compañía alcance una valuación de u$s 2 billones cuando salga a bolsa en las próximas semanas. Si se suma SpaceX, que comenzó a cotizar en u$s 2 billones tras su IPO en junio, y OpenAI, que está considerando levantar capital de forma privada a u$s 1,2 billones antes de una cotización pública el año próximo, estas compañías por sí solas podrían valer bien por encima de u$s 5 billones.
Ahora comparemos eso con toda la historia de las IPO entre 1980 y 2025. Las 3.365 empresas tecnológicas que salieron a bolsa en ese período valían en conjunto u$s 4,1 billones cuando comenzaron a cotizar, según datos recopilados por Jay Ritter, profesor emérito de la Warrington College of Business de la Universidad de Florida.
La cifra sería mayor si se ajustara por inflación, pero incluso esta comparación da una idea de la magnitud del momento.
Lo que hace todo esto aún más llamativo es que ocurre en un momento en que la industria del capital de riesgo sufre un severo caso de indigestión. Cuando las tasas de interés en EE.UU. comenzaron a subir en noviembre de 2021, dejó varada a toda una generación de unicornios (empresas tecnológicas privadas valuadas en más de u$s 1.000 millones). Con el mercado bursátil ya no dispuesto a pagar de más por tecnología de alto crecimiento —salvo por un grupo más acotado de nombres de IA—, pocos quisieron morder la bala y salir a bolsa a una cifra menor.
El valor de todos los unicornios privados, según sus últimas rondas de financiación, alcanzó los asombrosos u$s 5,3 billones, según PitchBook. Si bien las IPO de Anthropic y OpenAI deberían achicar ese excedente, sigue siendo una incógnita cuánto del resto llegará alguna vez a los bolsillos de los inversores. Como señala Ritter, la forma opaca en que los fondos de venture capital valúan sus tenencias les da amplio margen para mostrar a valor histórico las inversiones que cayeron, mientras que las que les fue bien se marcan a mercado.
Ejecutivos del sector, como Jen Kha, socia gerente de Andreessen Horowitz, sostienen que las megaofertas públicas cambiaron las perspectivas de las inversiones privadas en general y que el venture capital debería jugar un rol más grande, en particular en comparación con los fondos de buyout. Estos últimos “históricamente captaron una porción mucho mayor” de la inversión, escribió Kha recientemente, “pero los resultados del venture capital simplemente están cambiando la ecuación”.
Tampoco ayuda a la causa del capital de riesgo que algunas firmas de buyout hayan sufrido un dolor considerable con una estrategia de inversión predilecta: comprar y consolidar empresas de software con flujos de caja que alguna vez parecieron inexpugnables, pero que ya no lo son. En palabras de Kha: con la IA amenazando con una disrupción considerable en el mundo corporativo, “puede haber muchísimo dolor en el private equity”.

Sin embargo, la esperanza de que los inversores estuvieran reconsiderando sus compromisos con el capital de riesgo queda desmentida por las cifras. Incluso mientras la inversión en IA se disparaba, el nuevo capital que ingresaba a los fondos de venture capital se fue reduciendo después de 2021. Con tanto dinero ya inmovilizado en empresas más antiguas, muchos inversores no tuvieron el efectivo para reciclar en nuevas inversiones y no estuvieron dispuestos a aumentar sus asignaciones globales.
La excepción fue un pequeño grupo de firmas de capital de riesgo muy grandes que empezaron a levantar montos multimillonarios, a menudo combinando fondos de etapa temprana y de crecimiento. Solo tres firmas —Andreessen, Founders Fund y Thrive Capital— recaudaron unos u$s 25.000 millones entre ellas en los primeros seis meses de este año, casi un tercio de todo el dinero nuevo que llegó al venture capital en EE.UU.
Cuando se contabilicen las ganancias de las megaofertas públicas de IA, es probable que la estrechez del círculo de ganadores aumente la presión por conseguir acceso a fondos como estos.
Si esto cambia permanentemente la dinámica del capital de riesgo es otra cuestión. Hay buenas razones para pensar que las ganancias del boom de la IA se van a ampliar a partir de ahora. Un puñado de fabricantes de chips, desarrolladores de modelos y plataformas de nube se beneficiaron de manera desproporcionada con la primera etapa de construcción, pero habrá mucho lugar para las tantas otras startups que están construyendo el ecosistema tecnológico más amplio en torno a la IA y para las nuevas aplicaciones que la convierten en algo útil para los clientes.
Por Richard Waters
¡No te pierdas mi próxima nota! Unite a Members
- Accedé a todos los análisis sin límite de lectura
- Lectura sin publicidad
- App + edición impresa incluidas
- Acceso al foro de la comunidad
Desde $1000 / mes Menos de un café por semana















