Guerra de satélites agudiza la contaminación lumínica

En una noche oscura, con una mirada muy aguda, es posible verlos brillar en el cielo. No son estrellas en el cosmos, sino una nueva constelación de satélites que promete brindar cobertura de Internet para todo el mundo.

El lanzamiento el mes pasado de 60 satélites de la red Starlink, una empresa de telecomunicaciones de SpaceX, propiedad de Elon Musk, se convirtió en el punto álgido en la batalla por el control de los cielos. Los astrónomos se quejaron de que podían ver a los "pájaros" de Starlink moverse en el cielo, lo cual generó temores de que estas constelaciones aumenten la contaminación lumínica. Las emisiones de radio de los satélites también amenazan con opacar los pulsos de radio más débiles que llegan desde objetos tan exóticos como los agujeros negros. En resumen, la oferta comercial para brindar conectividad inalámbrica global podría poner en peligro los esfuerzos científicos para comprender el universo.

SpaceX cuenta con el permiso de la Comisión Federal de Comunicaciones para poner en órbita un total de más de 11.000 satélites. OneWeb y Amazon está contemplando lanzar constelaciones rivales; esta última compañía espera despachar más de 3000 satélites.

Estos ambiciosos esfuerzos han desencadenado una guerra territorial extraterrestre en la que se están enfrentando los astrónomos y las operadoras de satélites, la cual está poniendo a prueba la gobernanza del espacio exterior. La Unión Astronómica Internacional (UAI) dijo recientemente que las constelaciones amenazan el principio básico de un "cielo oscuro y libre de señales de radio" como "un recurso para toda la humanidad".

La presencia de miles de satélites brillantes que reflejan la luz, aunque sea de forma muy débil, podría interferir en los sensibles telescopios ópticos terrestres, señaló, incluyendo el Telescopio Extremadamente Grande que se está construyendo en Chile. La Real Sociedad Astronómica dijo que al parecer no hubo una consulta previa sobre una iniciativa que pudiera provocar "un cambio significativo y duradero en la vista del cielo nocturno que hasta ahora hemos disfrutado a lo largo de la historia y la prehistoria de la humanidad".

El problema de la radio interferencia es, obviamente, menos visible que la contaminación lumínica, pero las consecuencias podrían ser igualmente profundas. La UAI advirtió: "Los avances recientes en radioastronomía, como la generación de la primera imagen de un agujero negro o la comprensión más profunda de la formación de sistemas planetarios, sólo fueron posibles mediante esfuerzos concertados para proteger el cielo radial de la interferencia".

Quienes dirigen el Square Kilometer Array, el radiotelescopio más grande del mundo que se está construyendo en Australia y Sudáfrica, también han protestado.

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