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Las plantas fabriles y generadores eléctricas se preparan para los cortes de gas que experimentarán en el invierno. Aunque todo dependerá de la baja de las temperaturas, se estima que habrá interrupciones en el suministro de gas durante diez días en junio y otros tanto en julio.
Las fábricas y las generadoras eléctricos consumen casi dos tercios del gas que fluye por el país. Un poco menos de un tercio (el 31%) es la demanda de los hogares, que se intentará preservar sin interrupciones.

Las importaciones de GNL apuntan a suplir el gas que falta en el sistema cuando las temperaturas tocan su pico más frío. Aunque a Argentina le sobra gas en Vaca Muerta, el país padece un cuello de botella en la infraestructura, por lo que ese gas no llega ni a Buenos Aires ni a los principales centros de consumo. La situación mejoró con el gasoducto Perito Moreno -y será incluso más positiva con una ampliación en curso-, pero todavía hay dependencia de gas extranjero en junio y julio.
Un comité formado por Cammesa -la empresa mayorista que controla el suministro eléctrico-, autoridades de la secretaría de Energía y las distribuidoras (de gas y eléctricas) suele decidir la asignación de gas en momentos críticos. Los hogares tienen prioridad, mientras que las industrias y generadoras también se les asignan posibles cupos.
En las estimaciones de empresas dedicadas a la importación de gas, calculan que habría 10 días de junio y otra decena de julio en que las fábricas y las usinas eléctricas -que se alimentan en base al gas- podrían experimentar interrupción en su servicio.
El país importará cerca de 20 barcos este invierno. En un principio, Enarsa iba a delegar esa tarea en una empresa. Se postularon Trafigura y Naturgy. Después, la estatal decidió hacerlo por su cuenta, pero sus costos fueron más elevados que los propuestos por los privados. Las dos que se postularon terminarán siendo proveedores.
Naturgy mostró a los medios una simulación de cómo funciona su buque de GNL a través de unos casos 3-D que permiten “estar” allí a través de la realidad virtual. Ese barco encajará en Escobar, desde donde Enarsa inyecta el gas al sistema.
La suba de los precios internacionales energéticos, justificada por el ataque de Estados Unidos e Irán y el daño que generó en varios países de Oriente Medio, hará que el precio del gas importado pueda rondar los u$s 20 por millón de BTU (la unidad de medida del sector). En Vaca Muerta, el gas se despacha a una cuarta parte -o menos- de ese valor.
Las distribuidoras de gas domiciliario que comprarán gas extranjero no le cobrarán ningún adicional a los consumidores durante los meses de alta demanda del invierno. En cambio, les exigirán que paguen la diferencia entre octubre y marzo, cuando las boletas suelen ser muy bajas por el menor consumo. De esa forma, el Estado nacional mantendrá la quita de subsidios -los usuarios pagarán por el costo del gas-, pero le financiará el mayor precio del gas importado a los hogares.
Pero el Estado no subsidiará el gas importado que compren industrias y generadoras. Se estima que las empresas tendrán mayores costos en ese apartado y podrían trasladarlo a precios.
Lamento boliviano
Aunque Bolivia está en declino, todavía cuenta con recursos para abastecer a la Argentina, especialmente en el NOA. El precio del país vecino es inferior al de las importaciones de GNL. Se lo estima en u$s 16-u$s 17 por millón de BTU.
Pero el país no es propenso a negociaciones individuales con empresas, sino que prefiere acuerdos con otros Estados (en este caso, podría ser con Enarsa). La empresa estatal no estaría interesada en esa posibilidad, por lo que no habría gas boliviano en suelo argentino.
La previsión de días en los que faltará gas en las industrias del NOA es superior a la de Buenos Aires. Allí podría haber problemas de abastecimiento durante 70 días del invierno y eso afectaría a productores como ingenios azucareros y cítricos.
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