ANÁLISIS

Las súper paritarias sin techo agitan el fantasma de la indexación

El piso de los aumentos salariales trepó al 45% y crece la desconfianza sindical por la evolución de la inflación. El temor por un escenario de revisiones permanentes.

En una negociación inusual un grupo de poderosos gremios portuarios acordó a principios de mayo un esquema salarial que fijó un incremento mensual equivalente al IPC del Indec más una recomposición en torno al 13%. Un modelo que abiertamente consagra un mecanismo de indexación mensual de los salarios en base a la suba de precios. En silencio, el Gobierno homologó el convenio sin plantear reparos acerca de los riesgos que podría acarrear una generalización de ese patrón en el escenario de una economía que no logra domar el problema de la inflación.

Las últimas semanas atestiguaron con crudeza el rotundo fracaso del acuerdo de precios y salarios que el Gobierno imaginó a principios de año como herramienta para anclar expectativas en un año golpeado por la continuidad de la pandemia y la necesidad de impulsar la recuperación de la actividad tras la profunda caída de 2020. En ese objetivo los gremios se comprometieron con el objetivo de Martín Guzmán y acompañaron con acuerdos salariales en línea con la inflación presupuestada del 29%.

Pero la aceleración de los precios que acumuló una suba de 21,5% en los primeros cinco meses del año terminó horadando la fidelidad sindical y habilitó un nuevo escenario paritario con aumentos por encima del 40%. 

No puede alegar ninguna traición del frente gremial el presidente Alberto Fernández: cuando lo visitó a principios de mayo en Olivos la plana mayor de la CGT le anticipó con todas las letras que el pacto estaba roto y que se abría un nuevo panorama para la discusión por los salarios. "Si los empresarios no cumplen con lo prometido y ustedes no los controlan, no nos pidan a nosotros más esfuerzo", le advirtió un sindicalista al Presidente. Claro, contundente.

Cristina Fernández de Kirchner fue la primera en tomar nota del sinceramiento cegetista y actuó en consecuencia. Homologó con su puño y letra un aumento del 40% para los trabajadores del Congreso y con ello consagró un nuevo piso para la negociación salarial. Dos funcionarias emergentes del riñón de La Cámpora hicieron los deberes en línea con la definición de la Vicepresidenta: Luana Volnovich suscribió con el sindicato que agrupa al personal del PAMI un incremento de 43%, en tanto que Fernanda Raverta, la titular de la Anses, consensuó una mejora de 45% para los trabajadores del organismo.

El impulso de las subas habilitadas en el propio sector público dejó a Hugo Moyano en una posición inmejorable para cerrar el viernes pasado un aumento para los choferes del Sindicato de Camioneros que replica el incremento para el personal de la Anses. Aunque, sin dudas, el peso de la referencia del líder sindical será clave para sentar referencia en aquellas actividades que aún están negociando sus paritarias o lo harán en los próximos meses.

A la par el resultado de las discusiones que lleva adelante Sergio Palazzo en el sector bancario resultará clave para el caso de las paritarias firmadas en el primer tramo del año y al amparo de la fallida promesa de Guzmán sobre la inflación del 29%. 

El gremio, que había firmado en ese porcentaje para todo el año, ya logró adelantar el tramo del aumento previsto para agosto y ahora negocia un esquema de recomposición para el segundo semestre. La suba de 45% que logró Moyano resulta ahora un horizonte ineludible, pero hay quienes alertan que la discusión podría definirse con un esquema alternativo: la inclusión de revisiones mensuales o en formato bimestral de manera de ir actualizando el parámetro de aumento de acuerdo a la evolución del IPC en el período.

Asomaría entonces un esquema de indexación pero en el marco de un convenio con mayor impacto que el caso de los gremios portuarios. Algunas voces en la CGT ya lo deslizaron en los últimos días apenas se conoció que la inflación de mayo cerró en un 3,3%: "no estamos tan lejos de pensar en revisiones cada mes o cada dos meses, habrá que ver lo que define Palazzo".

Hay que interpretar los movimientos sindicales en términos de reacción. El riesgo que supone revisar salarios mensualmente y su efecto para contener expectativas en una escena económica cargada de incertidumbre depende mucho más de la acción del Gobierno. 

Los acuerdos de precios ya demostraron sus límites y la falta de políticas antiinflacionarias concretas y efectivas alimentan la racionalidad del ‘salvesé quien pueda'. Por delante se vienen dos meses que serán claves para terminar de definir la dinámica paritaria, dos meses al calor de los desafíos que impone la pandemia y de las necesidades que marcan los tiempos de campaña electoral.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios