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Mientras el tablero del comercio internacional se reconfigura a un ritmo vertiginoso, Japón acelera su estrategia global y pone los ojos en la región.

Según informó el medio económico japonés Nikkei, la primera ministra nipona, Sanae Takaichi, tiene previsto reunirse con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, durante la próxima cumbre del G7.

El objetivo central del encuentro al más alto nivel político que se desarrollará en Francia, en junio, será avanzar en el lanzamiento formal de las conversaciones comerciales entre Japón y el Mercosur.

Días atrás Reuters, anticipó la intención de Tokio de sellar una alianza comercial estratégica con el bloque sudamericano.

Título: "Exigencia de Rusia a Japón aviva temores sobre una posible Tercera Guerra Mundial" (foto: archivo).
Título: "Exigencia de Rusia a Japón aviva temores sobre una posible Tercera Guerra Mundial" (foto: archivo).

El vínculo político y económico regional se reactivó con fuerza tras la firma del Marco de Asociación Estratégica en Foz de Iguazú en diciembre de 2025, planteando formalmente profundizar la relación en tres ejes críticos: comercio, inversiones y resiliencia en las cadenas de suministro.

En enero, ya se concretó en Asunción, Paraguay, el primer encuentro técnico.

Para el bloque regional, y en especial para la Argentina, la reactivación de esta agenda representa un paso estratégico fundamental dentro de una política de apertura más amplia, orientada a reposicionar a la región en un escenario de reconfiguración de cadenas globales de valor, mayor competencia geopolítica y aparición de nuevas barreras comerciales.

La radiografía bilateral

Para Marisa Bircher, especialista y exsecretaria de Comercio Exterior de la Nación, Japón representa un mercado sumamente atractivo por su escala y su altísimo poder adquisitivo.

La cuarta economía global exhibe números contundentes: cuenta con más de 122 millones de habitantes, un PBI superior a los u$s 4,2 billones y un PBI per cápita cercano a los u$s 34.000.

Al tratarse de una economía fuertemente importadora, sus compras globales de bienes alcanzaron la impactante cifra de u$s 756.000 millones.

Sin embargo, el análisis de la exfuncionaria revela la enorme asimetría que enfrenta la Argentina que todavía participa muy poco en ese flujo, representando menos del 0,1% de las importaciones japonesas y ubicándose relegada alrededor del puesto 63 entre sus proveedores globales.

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario también refleja esta distancia al señalar que el 91% de las exportaciones del Mercosur a Japón provienen actualmente de Brasil, lo que explica por qué la primera ministra Takaichi eligió la cumbre del G7 para destrabar el proceso directamente con Lula da Silva.

En concreto, los números de la balanza comercial bilateral muestran que hay un terreno inmenso por recuperar.

En 2025, las exportaciones argentinas solo significaron u$s 295 millones mientras se importó por u$s 1424 millones, lo que resultó en un déficit para la Argentina cercano a los u$s 1120 millones.

Además, las ventas locales están peligrosamente concentradas en pocos rubros. El sector pesquero (pescados y crustáceos) explica cerca del 30% del total, seguido por los despachos de cereales, aluminio, preparaciones de frutas y hortalizas, y productos químicos básicos.

La pulseada por los autos y el petróleo

Para que el potencial comercial se convierta en una realidad palpable, Bircher advierte que la clave absoluta radicará en la negociación de las condiciones sanitarias y arancelarias.

“Canadá y Japón forman parte de una estrategia más amplia del Mercosur para reposicionarse en un escenario global de mayor competencia, reconfiguración de cadenas de suministro y nuevas barreras comerciales”, detalló.

Para la especialista y directora de Biglobal, estos acuerdos representan la vía más directa para que la Argentina logre un mayor acceso a mercados en agroindustria, pesca y alimentos, obteniendo “mejores condiciones para exportar productos con valor y mayor atractivo para inversiones en sectores estratégicos como minería y energía”.

De acuerdo con datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) citados por la BCR, el arancel promedio ponderado para productos agroindustriales argentinos que ingresan a Japón ronda el 12,6%, pero esconde picos sumamente proteccionistas en sectores sensibles para el consumo asiático: un duro 65% en productos lácteos y un 9% en carnes, mientras que en productos pesqueros la barrera se reduce al 4,9%.

A cambio de ceder en estas posiciones agroarancelarias, el reporte de Reuters señala que la prioridad de Tokio se centra en conseguir acuerdos de baja de aranceles para el ingreso de sus automóviles a Sudamérica.

El foco principal de Japón está puesto en el petróleo, pero también busca de manera urgente diversificar sus fuentes de minerales críticos y tierras raras para cortar la dependencia con China, que hoy controla el 80% del procesamiento mundial de estos insumos tecnológicos.

El Súper RIGI como acelerador

La Argentina cuenta con potencial competitivo para abastecer a Japón en productos de valor como langostinos, calamar, maíz, sorgo, harina de soja, litio, aluminio y, eventualmente, cortes premium de carne vacuna, los cuales no compiten de forma directa con la producción ganadera local japonesa.

Fuente: ShutterstockShutterstock

El avance de los proyectos de inversión en el Congreso bajo el paraguas del “Súper RIGI” resulta clave para esta alianza. Con este marco normativo, el Poder Ejecutivo busca otorgar incentivos de gran escala para actividades que hoy no se desarrollan en el país, tales como el desarrollo de baterías de litio y el procesamiento industrial del cobre (un auto eléctrico demanda hasta cuatro veces más cobre que uno convencional).

Para la Argentina, la consolidación de los tratados con Canadá y Japón no solo significará más acceso a mercados para la agroindustria y la pesca, sino también la oportunidad de transformar el subsuelo en bienes con valor agregado, apalancados por el financiamiento productivo de las principales potencias globales.

En sintonía, una fuente del Palacio de Hacienda que conoce al detalle la letra chica del “Super RIGI” puso un paño de agua fría sobre “eso de financiar industrias de frontera que hoy directamente no existen en el país”.

El verdadero corazón del proyecto, indicó, apunta a la fase de procesamiento primario básico: concretamente, meter incentivos para que el litio avance hacia la producción de celdas para baterías y que los proyectos de cobre encuentren rentabilidad para levantar plantas de fundición locales.