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Una encuesta regional de 12.000 entrevistas revela cómo los latinoamericanos distribuyen el liderazgo mundial entre las tres grandes potencias, en un mundo que perciben más peligroso, sin reglas y donde el ascenso de Asia ya es una realidad.
El mundo ya no tiene un solo conductor. El poder se repartió, y “cada potencia global ocupa su propio carril”. Eso es lo que revela el AMLAT Radar 2026, la segunda edición de una encuesta impulsada por la Fundación Friedrich Ebert, la revista Nueva Sociedad y Latinobarómetro, diseñada y conducida por el grupo académico Diálogo y Paz. Con 12.000 entrevistas realizadas entre octubre y noviembre de 2025 en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, México, Uruguay y Venezuela, el informe ofrece el mapa geopolítico más detallado disponible sobre cómo la ciudadanía latinoamericana distribuye el poder, la confianza y las expectativas entre los grandes actores del sistema internacional.
Europa, Estados Unidos y China: tres potencias en tres carriles distintos
Cuando se preguntó a los encuestados quién lidera en cada dimensión del poder global, las respuestas fueron diferenciadas entre actores.
El caso de China
China se impone con claridad en las áreas que definen el siglo XXI. El 74% de los latinoamericanos la identifica como líder en desarrollo tecnológico y el 63% en inteligencia artificial. También encabeza las percepciones en ciencia y educación, con más de la mitad de las menciones regionales. Es, en el imaginario latinoamericano, la potencia que apunta al futuro. Su presencia económica, además, es percibida como la segunda más influyente en la región, detrás de Estados Unidos, y ambas concentran tres cuartas partes de la influencia económica percibida por los encuestados.

El caso de Europa
La Unión Europea, en cambio, es reconocida como el actor normativo por excelencia. El 36% la señala como líder en defensa de los derechos humanos, otro 36% en asistencia humanitaria, el 32% en protección del medioambiente y el 31% en promoción de la paz mundial. Es el referente de los valores, las normas y los bienes públicos globales. Sin embargo, ese liderazgo tiene un problema serio y es que “está perdiendo fuerza a un ritmo preocupante, y los propios latinoamericanos lo perciben”.
El caso de Estados Unidos
Estados Unidos retiene el monopolio de la fuerza bruta. El 54% lo identifica como el mayor poder militar del planeta y el 49% como líder en combate al terrorismo. Pero su dominio se concentra cada vez más en los atributos duros del poder, en la coerción y la capacidad de daño, mientras retrocede en casi todo lo demás.
El diagnóstico que emerge de la encuesta es que mientras China avanza sobre los sectores estratégicos del futuro, Estados Unidos defiende su supremacía por la vía militar y coercitiva, y Europa mantiene su rol normativo, pero pierde terreno en casi todos los frentes medidos.

El derrumbe del poder blando europeo
Uno de los hallazgos más importantes del informe es la retracción sistemática del poder blando europeo en comparación con la medición anterior, realizada entre 2021 y 2022.
En apenas cuatro años, la Unión Europea perdió hasta 20 puntos porcentuales en todos los componentes de su liderazgo percibido. Cayó en derechos humanos, en paz mundial, en combate a la pobreza y en asistencia humanitaria. En 2022, el 57% de los latinoamericanos la señalaba como líder en derechos humanos; en 2026, ese número bajó a 36%. En promoción de la paz, pasó del 56% al 31%. En combate a la pobreza y la desigualdad, del 51% al 28%.

La influencia que los latinoamericanos le atribuían a la Unión Europea para los próximos cinco años también cayó. Pasó de un promedio de 7,5 puntos sobre 10 en 2022 a 6,8 en 2026. Y no se espera recuperación. La proyección a cinco años se mantiene casi igual, en 6,9. Según señalan los autores del informe, es un indicador elocuente de la gradual evanescencia de Europa en el imaginario latinoamericano.
Lo que antes era un referente aspiracional hoy aparece como una potencia familiar pero estancada, asociada al pasado más que al futuro. La imagen de Europa que construyen los encuestados cuando se les pide asociarla a palabras o frases es reveladora: museos y cultura (44%), fútbol (43%), reinas y reyes (41%), gastronomía (35%).
Europa no figura entre las asociaciones relevantes cuando se habla de inteligencia artificial o de innovación tecnológica, los temas que definen la competencia global del presente.
Hay además una percepción que se consolidó respecto de la encuesta anterior, que es la autonomía estratégica europea frente a Estados Unidos se ha debilitado. En 2022, la mayoría absoluta de los latinoamericanos rechazaba la idea de que la Unión Europea simplemente seguía a Washington. En 2026, el escenario cambió y pasó a que dos quintos de los encuestados percibieran a Europa como alineada con Estados Unidos, dos quintos discrepan de esa lectura y uno de cada cinco no sabe o no responde. El equilibrio reemplazó a la convicción.
La mirada de América Latina: Asia como modelo de desarrollo
El desplazamiento también se verifica en cuál es el modelo de desarrollo que los latinoamericanos quieren seguir para sus propios países.
En 2022, Estados Unidos encabezaba esa lista, seguido por Alemania en segundo lugar y Canadá en tercero. En 2026, el podio lo ocupan China (36,1%), Japón (31,9%) y recién en tercer lugar aparece Estados Unidos (31,5%), con una caída de 13 puntos respecto de la medición anterior. Alemania bajó 11 puntos. Francia, 4. El conjunto de los referentes occidentales perdió terreno de manera generalizada. La excepción fue Corea del Sur, que subió 4 puntos, reforzando la tendencia regional de mirar hacia Asia.

Este corrimiento no es uniforme en toda la región. En el Cono Sur los modelos occidentales y asiáticos todavía compiten de cerca, mientras que en México la brecha entre China y Estados Unidos como modelo preferido es marcada. En Guatemala, Bolivia y Venezuela, China también lidera claramente. La tendencia, sin embargo, va en una sola dirección en la mayoría de los países encuestados, y el cambio en cuatro años es lo suficientemente pronunciado como para no ser ruido estadístico.
El rechazo a Trump que los gobiernos ignoran
Hay una paradoja que recorre todo el informe y que los autores no eluden. Varios gobiernos latinoamericanos se alinearon activamente con Washington en los últimos meses, como es el caso de Javier Milei en Argentina. No obstante, la opinión pública de la región va en sentido exactamente contrario.
El rechazo a Donald Trump es el dato más contundente de toda la encuesta. El 25,3% de los latinoamericanos lo señala como el líder mundial en el que menos confían, prácticamente duplicando al segundo en esa lista, Vladimir Putin (12,3%).

Las percepciones sobre el impacto de las políticas de Trump en el mundo son mayoritariamente negativas en toda la región, con un pico de rechazo en México, donde el índice de impacto neto llega a 65 puntos, y niveles también muy altos en Centroamérica. Los países más cautelosos en ese rechazo son Argentina, Bolivia y Chile, aunque ninguno registra valores positivos.
El contraste más llamativo se da entre México y Venezuela. Un rechazo contundente entre los mexicanos, que venían enfrentando una agenda densa de amenazas comerciales, migratorias y de seguridad, y una posición dividida entre los venezolanos, cuya encuesta se realizó en pleno contexto de bombardeos estadounidenses en el Caribe y amenazas directas sobre el gobierno de Nicolás Maduro.
La narrativa hostil a China que Washington intenta exportar, por su parte, no encuentra eco en la región. Los sentimientos positivos hacia la potencia asiática superan a los negativos: la admiración y la esperanza son los sentimientos predominantes, mientras que el miedo hacia China es prácticamente insignificante. Solo el 7% de los latinoamericanos declara sentir miedo ante China, un dato que, señalan los autores del informe, pone en cuestión directa las narrativas que presentan la presencia china como una amenaza para la región.
Y a la hora de establecer prioridades de política exterior, profundizar el vínculo con Estados Unidos aparece en el último lugar de la lista, mencionado apenas por el 16% de los encuestados. Por delante aparecen promover el comercio (45%), defender la soberanía nacional (40%), defender la democracia y los derechos humanos en el mundo (32%), controlar la migración (31%) y hasta profundizar los vínculos con los países europeos (27%).
Lo que no cambia es la democracia y la paz
En medio de tanto movimiento geopolítico, hay dos constantes que el informe registra como rasgos identitarios sólidos de la región.
La primera es el rechazo categórico a las armas nucleares. En todos los países encuestados, la opinión pública se pronuncia contra que América Latina tenga armamento nuclear, con una fuerza que va del 25 en Bolivia al 73 en Costa Rica. En un mundo que perciben como más belicoso y donde el 70% cree que comenzó una nueva era de guerras y conflictos, los latinoamericanos reafirman con especial énfasis su apuesta por la desnuclearización.
La segunda es la adhesión a la democracia como valor, aunque con matices importantes según los países. A diferencia del deterioro que perciben en el plano global, donde las calificaciones democráticas de Estados Unidos, Francia y Alemania caen entre 1 y 1,5 puntos en cuatro años, en el plano regional el cuadro es de relativa estabilidad. Uruguay y Costa Rica mantienen los valores más altos. Colombia mejora su evaluación. Argentina se mantiene pese a la polarización. Solo Venezuela permanece en el último lugar de la tabla, sin cambios respecto a la medición anterior.

Los autores del AMLAT Radar 2026 abren el informe con una imagen que define el tono de todo lo que sigue. El 3 de enero de 2026, un ataque militar conducido por Estados Unidos contra Venezuela obligó a América Latina a ingresar a un terreno de definiciones geopolíticas violentas que implicaban, en los hechos, el descarte de valores como la soberanía y el derecho internacional. La encuesta fue realizada semanas antes, pero la percepción ciudadana ya anticipaba ese clima.
El sentimiento dominante en la región es la incertidumbre, ya que el 40% de los encuestados la menciona como su principal emoción ante la situación mundial, y ese porcentaje sube al 53% entre los mayores de 65 años. Los sentimientos negativos duplican a los positivos. Solo Venezuela registra un saldo neto emocional positivo, impulsado por niveles inusualmente altos de esperanza.
Por ahora, según la encuesta, los latinoamericanos responden las políticas que breguen por más comercio y más soberanía. Por su parte, la Unión Europea todavía conserva una imagen positiva y una base de confianza que ninguna otra potencia tiene en la región de manera comparable. Pero, advierten los autores, ese capital" se está erosionando" y “el tiempo para aprovecharlo se acorta”.
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