El Gobierno confía en que la tendencia a la recuperación es clara, aunque los indicadores muestren un “poquito de zigzag”. Para el presidente Javier Milei, es claro: Argentina va a un escenario de menor inflación y mayor crecimiento.

Así lo manifestó durante su exposición en el Latam Economic Forum, horas antes de que la industria proyectara una nueva caída de su actividad, aunque no lo suficientemente fuerte como para borrar el salto que registró en marzo.

Marzo marcó el récord de actividad económica tras un salto de 5,5% interanual y el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que “el indicador tendencia-ciclo, que permite analizar la dinámica de largo plazo de la serie, creció 0,4% mensual y acumuló 25 meses consecutivos de crecimiento”.

Sin embargo, abril llega para ratificar el zigzag al que se refirió el presidente. “El “veranitoˮ económico duró poco: los registros preliminares de abril muestran un deterioro en distintos sectores de actividad y anticipan, salvo una sorpresa esta- dística de último momento, un nuevo retroceso del nivel general de actividad”, señalaron desde Vectorial.

La industria es la que muestra con mayor claridad esta dinámica. Según el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), el sector tuvo una caída en abril de 0,7%, luego de haber subido 3,6% en marzo según la misma medición. A pesar de la caída del último registro, aminoró la fuerza con la que se contrajo en los primeros dos meses del año, cuando marcó caídas superiores al 3% interanual.

Los sectores vinculados al consumo interno siguen mostrando debilidad, aunque con disparidades. Es el caso del consumo masivo (-3,8% interanual según Scentia), los despachos de cemento (-5,7%), la producción de autos (-3,9%) y sus ventas (-13,6%), la producción de la industria láctea (-5,3%), la faena vacuna (-4,5%) y la producción de bebidas (-1,7%).

En el sentido contrario, se recuperó el índice construya (5%), el patentamiento de maquinaria agrícola (5,1%) y motos (51,5%).

Mientras tanto, los vinculados al mercado externo muestran un mejor desempeño, pero repiten la disparidad. Las exportaciones a Brasil crecieron un 13% mensual, mientras que la liquidación de divisas del sector agroindustrial cayó 7,9%, explicada por la alta base de comparación de marzo.

“Todavía no existe un régimen de crecimiento consolidado ni plenamente sostenible”, observaron desde Qualy, donde reconocieron que la estabilización fiscal y monetaria permitió desacelerar la inflación y las tensiones financieras, pero agregaron que “esa mejora todavía descansa sobre una economía con demanda interna débil, consumo urbano deprimido y niveles de actividad muy heterogéneos entre sectores”.

Santiago Casas, economista jefe de EcoAnalytics, consideró que “todavía los indicadores de actividad dieron bajas en abril. Nosotros seguimos la recaudación diaria de los impuestos coparticipables, que dan un leve rebote en mayo, pero que aún son prematuros para augurar un crecimiento. No hay señales claras de rebote consolidado”.

A nivel agregado, Casas consideró que la actividad seguirá creciendo, pero que a los sectores que les va mal seguirán estancados, como lo están hace 15 meses.

El impulso de los ganadores tendrá sus límites, en particular en el mercado interno. “Los salarios se van a mover cuando a los sectores que les va mal les vaya mejor. Que le vaya bien al agro o la minería no va a mover el índice de salarios”, sumó Casas.

Algunos ven una tendencia alcista en consolidación, pero moderada. Iván Cachanosky, economista jefe en Libertad y Progreso, analizó que se mantienen las dos velocidades entre los sectores, pero que se da en un “cambio de matriz productiva, y en ese cambio hay sectores que van a ir desapareciendo y otros que van a surgir”.

“Es cierto que la actividad está con un zigzag, pero esta tendencia al alza se empieza a ver con los datos de marzo y hay que ver si se sostiene. La macro está más ordenada y en el 2026 desaparece el ruido electoral y genera confianza para el consumo. Es probable que se vea una mejora respecto de los últimos meses del año pasado y comienzos de este”, explicó Cachanosky.

El desafío está en 2027, “un año electoral presidencial en un país que, cuando hay elecciones, la demanda de pesos se pone volátil y la actividad puede sufrir”.