PASO 2021: temor a otro pifie de las encuestas genera incertidumbre en los comandos de campaña

Hay precandidatos por fuera de la contienda principal que manejan sondeos que les dan entre el doble y hasta el triple de votos. Con los antecedentes frescos de 2019, que tuvieron impacto negativo en los mercados, nadie da hoy por válido un pronóstico. Cómo afectó a las campañas del Gobierno y de la oposición.

"Las encuestas no existen pero que las hay, las hay". En una campaña que tomó un cáliz astronómico, parafrasear el refrán de las brujas parece atinado. La frase es de un asesor de un precandidato que, a fuerza de energía positiva y sumatoria de varios trabajos con una misma conclusión a su favor, augura que lograrán imponerse en su interna del domingo. Pero, confiado, igual evita apostar por los guarismos. 

La caída en desgracia pública del marcospeñismo, amo y señor de los sondeos de la política doméstica de la última década, no se tradujo en menor demanda de las consultoras, con sus trabajos de opinión que, a falta de alternativa, suelen ser la materia prima para moldear las campañas electorales. Pero después de los pifies, inéditos por sus escandalosos 15 puntos de distancia por ejemplo en 2019 entre Axel Kicillof y la supuesta paridad con María Eugenia Vidal, derivó en que hoy los estrategas electorales desconfíen de los propios números que manejan. 

Aún resuena el eco del derrumbe de las acciones post-PASO con unos mercados que se habían entusiasmado con las encuestas de Elypsis y el banco de inversión brasileño BTG Pactual. Sin embargo, como parte de su ADN, el PRO continúa moldeando su estrategia electoral con sondeos. Los mismos números que le alertaron que, ante la sombra de Ricardo López Murphy en la primaria de Juntos por el Cambio, las "palomas" de Horacio Rodríguez Larreta debían radicalizar su discurso. No sólo desde el léxico de María Eugenia Vidal sino desde lo simbólico, al incluir en sus últimos afiches a una Patricia Bullrich que no es precandidata. 

"Pasaron cosas", resumen apelando a la ya célebre justificación macrista desde el comando del Frente de Todos donde también hicieron retoques a su estrategia. En un principio circuló un borrador para sus postulantes en que la campaña debía mirar hacia adelante, evitando hablar del ex Presidente. "Con la crisis sanitaria no pudimos cumplir el programa que nos fijamos en 2019 por la emergencia, ahora debíamos plantar ideas hacia adelante, plantear que habrá una economía pospandemia, y eso lo logramos", destacó un estratega oficial.

De nuevo: pero pasaron cosas y el "ah pero Macri" terminó estampado en la remera de Martín Tetaz . En este caso no fue el avance de un competidor interno el que motivó redireccionar la campaña sino el famoso Olivosgate, que la Casa Rosada sigue intentando minimizar. El problema para el oficialismo no sólo fue su eventual impacto en las urnas. "Nos pasamos dos semanas hablando de esa foto en lugar de instalar nuestra agenda", se lamenta el mismo estratega del párrafo anterior. Como aliciente: queda tiempo, el partido se jugará de verdad en las elecciones de noviembre. 

No es un secreto que el Gobierno desea una reactivación previa a las generales que haga olvidar las cuestiones "éticas". "Con todos los indicadores económicos que tenemos hoy, ganar ya es un milagro y que sea por 5 puntos para celebrar", apunta uno de los oficialistas que se prepara para lo peor. Es uno de los que recomendó en 2019 no avisar en la previa que festejarían por un margen abultado. "Siempre hay que jugar al factor sorpresa, nunca se adelanta que uno va a ganar", es su mantra. 

Abriendo el paraguas, como otras coaliciones, en el FdT toman con pinzas los sondeos. La desconfianza por las encuestas no sólo es por el pasado reciente: todos agregan a la pandemia como un agravante a la incertidumbre. No sólo por una cuestión metodológica. "Muchas de las encuestas que se contratan son telefónicas en un mundo que sólo las personas mayores tiene teléfono de línea", reflexionan desde una campaña provincial. 

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Las presenciales son mucho más caras y, por ende, más escasas. Si bien tampoco son infalibles, es distinto estuchar un menú de opciones de precandidatos (con nombres tal vez no instalados) que ver las boletas que pueden sumar otras referencias (logos partidarios y hasta rostros más conocidos). 

"En las últimas elecciones la gente vota raro, ya no hay identidades políticas tan claras. Y con la pandemia, están atravesadas por otras cosas más urgentes que la política se les hace menos atractiva", opinó el estratega de un oficialismo. Incluso con números que lo benefician, siembra la duda: "No puede haber 25% de indecisos: ¿Quién puede ser indeciso en este país?". 

Más de 5 seguro: de ahí pueden ser 10 o hasta se ilusionan con 15. Esos son los números que esperan en un comando de un postulante porteño. El doble y hasta el triple de diferencia. Lo mismo ocurre con un postulante provincial que sueña con pelear el tercer puesto. 

Ante semejante dispersión, el domingo llegarán las PASO para ver ganadores y perdedores, fuera y dentro de los búnkeres. 

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