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El Producto Bruto Interno creció 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026 y alcanzó un nuevo máximo histórico, según el informe de avance de actividad publicado por el INDEC. Pero debajo de ese número resuena una señal de alerta, que resulta en que la Formación Bruta de Capital Fijo, el indicador que mide la inversión real en la economía, cayó 11,6% respecto del mismo período del año anterior y retrocedió 1,7% frente al último trimestre de 2025. El deterioro acumula cuatro trimestres consecutivos en la medición desestacionalizada.
Tanto para el empresario que evalúa si expandir capacidad productiva, como para el inversor que analiza en qué sectores posicionarse y para el profesional que asesora decisiones de capital, es vital que se entienda bien el motivo por el cual la inversión no despega en Argnetina.
La razón de por qué cae la inversión en Argentina
La inversión en maquinaria y equipo cayó 18,1% interanual, con descensos tanto en el segmento nacional como en el importado. El equipo de transporte retrocedió 19,6%. El único componente que mostró signo positivo fue la inversión en construcciones, con una suba de 2,2% que resultó insuficiente para compensar las caídas en el resto de los rubros.
Martín Alfie, economista e integrante de Misión Productiva, charló con El Cronista y afirmó que el dato refleja una característica poco habitual para la economía argentina. “Es una particularidad bastante inédita: en general, cuando crece la economía, crece la inversión, y ahora se está dando esa disociación”, explicó. Según su lectura, el problema está en la composición sectorial del crecimiento: “Los sectores que están haciendo que crezca la economía, como el agro, la minería y el petróleo, no están generando una reacción de la inversión como se esperaría”.
La fotografía sectorial del crecimiento refuerza esta lectura, ya que pesca creció 27,5%, agricultura 18,1% y minería 12,3%. En el extremo opuesto, la industria manufacturera cayó 1,7% interanual, el comercio retrocedió 0,3% y la administración pública se contrajo 1,4%. La economía crece, pero lo hace apoyada en sectores que generan relativamente poco empleo directo y tienen efectos multiplicadores acotados sobre el mercado interno.

“Los motores que sobrerreaccionan la inversión, como la construcción, la obra pública y la industria, están muy frenados. Ese es un poco el motivo, para decirlo de manera sencilla”, resumió al respecto.
Sin embargo, esta comparación no es nueva, ya que en el primer trimestre de 2024, la inversión cayó 23,4% interanual, en el tercer trimestre de ese año retrocedió 16,8%, y la ratio inversión-PBI promedió 15,9% en los seis trimestres comprendidos entre el segundo trimestre de 2024 y el segundo trimestre de 2025.
Para ponerlo en perspectiva, Argentina sostuvo ratios cercanos al 19% en períodos anteriores, mientras que las economías asiáticas de alto crecimiento mantienen niveles superiores al 30% durante años. En el plano regional, la caída en la llegada de inversiones reales al país fue del 70% interanual, la mayor contracción de América Latina, según datos de Cancillería, en un contexto donde la región creció 6%.
La estabilización macroeconómica puede ayudar, pero no alcanza por sí sola para generar un salto de inversión. “Es probable que la inversión pueda crecer si hay mayor estabilidad macro y si eso se sostiene durante años, pero obviamente esa inversión no va a ser suficiente”, indicó Alfie. En ese sentido, remarcó también que “hay muchísimos países en la región con estabilidad macroeconómica e inflación baja, pero con inversión baja en torno al PBI”.
Los cinco factores que frenan la expansión
Misión Productiva, una red de profesionales vinculados al desarrollo productivo, publicó un informe que identifica cinco causas estructurales. El documento sostiene que “la inversión es una variable particularmente sensible a las expectativas” y que “buena parte de esas condiciones siguen ausentes”.
El primero de los cinco factores es la debilidad de la demanda interna. El informe señala que “la masa de ingresos formales se encuentra cerca de un 10% por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y permanece estancada en niveles históricamente bajos”, lo que implica “una menor capacidad de consumo para amplios sectores de la población y reduce los incentivos para ampliar la capacidad productiva”.
Alfie también pone el foco en la evolución de los ingresos y destactó que “durante los últimos siete meses, en seis cayó el salario real, y los ingresos generales también están bastante planchados”.

Fuente: NA
Para el economista, “más que poner un número, habría que poner un período: por lo menos un año o un año y medio de crecimiento sostenido, y que se crea que hay un horizonte de que eso se va a mantener”.
El documento apunta además que “los sectores que actualmente explican el crecimiento económico tienen una capacidad relativamente limitada para generar demanda agregada” y que “el agro, la minería y el petróleo pueden aportar exportaciones, divisas e inversión puntual, pero generan relativamente poco empleo directo y tienen menores efectos multiplicadores sobre el conjunto de la economía”.
El segundo factor es la paralización de la obra pública. Misión Productiva indica que la inversión pública “suele representar entre 2% y 3% del PIB y alrededor del 10% al 15% de la inversión total” y que “la decisión del Gobierno nacional de paralizar prácticamente la totalidad de la obra pública generó un impacto directo sobre la inversión agregada”. El informe precisa que el efecto no se limita a la infraestructura detenida, sino que alcanza a “compras de maquinaria, servicios profesionales, transporte, insumos industriales y múltiples cadenas proveedoras asociadas”. La obra pública, añade el documento, “suele tener además un importante efecto de arrastre sobre la inversión privada”, dado que “muchas inversiones empresarias dependen de la existencia de infraestructura logística, energética o urbana para resultar rentables”.
En ese punto, Alfie diferencia el rol de la inversión pública del impacto que puede tener el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y sostiene que “el RIGI no compensa la obra pública”. Según explicó, la obra pública suele ir “a lugares donde no necesariamente hay una rentabilidad previa, sino que la misma obra pública es la que ayuda a que haya rentabilidad”. Y agrega: “Una ruta puede permitir que ciertos productos lleguen al mercado, o una inversión en puertos puede hacer más competitiva una producción. Lo mismo ocurre con la logística ferroviaria”.
El RIGI puede movilizar proyectos, pero no reemplaza el rol de la infraestructura pública. Según el Jefe de Área Desarrollo Federal CFI, “hay posibilidades de que el RIGI genere un impacto de inversión, y de a poco lo está haciendo, aunque por ahora más en anuncios que en números efectivos”. Sin embargo, aclara que no termina de compensar la obra pública, y tampoco va a ser la inversión privada la que haga la inversión pública”.
El tercer elemento es la construcción privada, que históricamente funcionó como compensación cuando la obra pública retrocedía. El informe señala que en este ciclo eso no ocurre, porque “los elevados costos de construcción medidos en dólares reducen la rentabilidad esperada de nuevos proyectos inmobiliarios”. A eso se suma “un mercado con demanda limitada y un crédito hipotecario que, pese a cierta recuperación inicial, continúa siendo pequeño para los estándares internacionales y no alcanza todavía una escala suficiente para impulsar un ciclo expansivo significativo”.
Alfie coincide con esa lectura y advierte que el problema central está en la relación entre costos y precios de venta. “El costo de construcción por metro cuadrado está más caro que el precio al que se vende”, indicó. Según explicó, la corrección podría venir por una baja de los costos de construcción en dólares. “Muchos de los costos en dólares, con otro tipo de cambio, bajarían. No quiero aventurar un número exacto, pero creo que está en torno al 30%, aunque no pondría las manos en el fuego”, explica a este medio.

El cuarto factor es la escasez de crédito productivo. Misión Productiva sostiene que “Argentina mantiene uno de los niveles de crédito al sector privado más bajos de América Latina” y que “el sistema financiero todavía no logró transformarse en una fuente relevante de financiamiento para proyectos de inversión de largo plazo”. El documento critica además la ausencia de herramientas de política activa y señala que “la estrategia local descansa casi exclusivamente en la expectativa de que la estabilización genere por sí sola un aumento de la inversión”.
En esa línea, el licenciado en Economía graduado en la UBA remarcó que los procesos de desarrollo que lograron sostener altos niveles de inversión no descansaron únicamente en la estabilidad macroeconómica. “En general, en los países que tuvieron procesos de inversión y desarrollo, el Estado cumplió un rol clave, ya sea con políticas productivas, instrumentos de financiamiento específico o banca de desarrollo”, afirmó. Para el especialista, “hay un montón de herramientas que son necesarias para que la inversión se dé y para que el desarrollo se dé”.
El quinto factor es la incertidumbre. El informe sostiene que las decisiones de inversión productiva “suelen tomarse con horizontes de cinco, diez o incluso veinte años” y que en ese lapso “persisten interrogantes relevantes sobre la sostenibilidad futura del esquema económico”. Las dudas, precisa el documento, “no se limitan a la estabilidad macroeconómica” sino que “alcanzan cuestiones vinculadas a la evolución futura de la demanda, la dinámica del tipo de cambio, la capacidad política para sostener las reformas, el comportamiento del empleo y la viabilidad social del programa económico”. En ese contexto, concluye, “muchas empresas optan por postergar proyectos de expansión hasta contar con señales más claras sobre el escenario de mediano plazo”.
Dónde se mueve el capital
La distribución sectorial del crecimiento permite identificar dónde sí ocurre inversión. Energía, minería y agro concentran la mayor parte del capital que fluye en este ciclo. El marco RIGI habilitó proyectos con incentivos de estabilidad fiscal, libre disponibilidad de divisas y acceso a mercados de exportación. Para inversores con horizonte de largo plazo y exposición al sector de recursos naturales, ese es el vector activo del momento.
Alfie señala que hoy “los únicos que están invirtiendo fuerte en este contexto son básicamente minería y petróleo” Sin embargo, advierte que en minería “hay mucho anuncio, pero no es que los proyectos estén avanzando fuerte, salvo alguno de litio”. “En cobre todavía hay que esperar un poco”, precisa al respecto.
La intermediación financiera también creció 7,5% interanual en el primer trimestre, impulsada por la expansión del crédito en pesos y el mayor volumen de operaciones en mercados de capitales. Para estudios jurídicos y contables que asesoran operaciones, ese es el segmento con más actividad en materia de estructuración de instrumentos.
El segmento de maquinaria y equipo merece atención particular. Las contracciones en este rubro reflejan que las empresas industriales postergaron renovación de activos. Eso abre oportunidades para quienes operen en sectores de equipamiento cuando el ciclo se revierta, porque la demanda reprimida de capital acumulada suele traducirse en períodos de inversión concentrada.

Qué dato leer
El número de 11,6% de caída, visto en aislamiento, puede leerse como una señal de fragilidad estructural. Leído junto con el PBI en máximos históricos y con los sectores primarios en expansión, describe que la economía que creció sobre la base de la rentabilidad exportadora y la estabilización financiera, pero que todavía no construyó las condiciones para generar un ciclo de inversión productiva amplio.
“Siempre se dice que un número de inversión al que hay que aspirar está en torno al 23% o 24% del PBI, y hoy está bajo el 20%”, afirma. Para alcanzar ese nivel, señala, “hace falta mucha inversión en obra pública, industria, construcción privada y en todo el resto de los sectores que no son minería y petróleo”.
El informe concluye que “la experiencia internacional sugiere que las economías que logran acelerar su desarrollo combinan estabilidad macroeconómica con crecimiento del mercado interno, financiamiento productivo, infraestructura y políticas que favorezcan la expansión de sectores intensivos en empleo y encadenamientos productivos” y que “sin esos elementos, resulta difícil esperar una recuperación sostenida de la inversión”.
“Podemos aumentar el nivel de exportaciones con este nivel de inversión, porque entre minería y petróleo eventualmente vas a tener una salida, pero esas inversiones se tienen que dar”, indica.
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