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Mientras La Libertad Avanza negocia con el macrismo los términos de una alianza que no termina de cerrar, y mientras el peronismo intenta resolver si Cristina Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa pueden ir juntos en 2027, en las encuestas emerge otra alianza. Una que no tiene siglas, ni referentes, ni actos partidarios. Es la suma de quienes todavía no deciden su voto, quienes votarían en blanco y quienes prefieren no decir a quién apoyan.
Según la última medición de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, ese bloque reúne al 32% del electorado: un 20% de indecisos, un 6% que optaría por el voto en blanco y un 6% que directamente no quiere revelar su preferencia. Ninguna fuerza política, ni siquiera las que hoy encabezan la intención de voto, se acerca a ese número.
Paridad entre LLA y el peronismo, con la incertidumbre como tercera fuerza
El trabajo, realizado por el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública (LOOP) de la UdeSA entre el 3 y el 9 de septiembre sobre 1004 casos, muestra un escenario de paridad si las elecciones presidenciales fueran hoy: La Libertad Avanza obtiene el 24% de las preferencias y el peronismo el 23%.

La diferencia entre ambos espacios está dentro del margen de error de la encuesta, que es de +/- 3,15 puntos porcentuales. Detrás de esa foto de empate técnico aparece, otra vez, el “partido” de la incertidumbre: los indecisos, el voto en blanco y quienes prefieren reservarse su opción.
El informe también aporta un dato sobre la solidez de cada espacio hacia adentro. El peronismo retiene el 66% del voto que en primera vuelta había ido a Sergio Massa, mientras que LLA conserva el 57% de su electorado de 2023.
La brecha más marcada aparece en el resto del arco opositor: La Libertad Avanza retiene apenas el 39% de quienes votaron a Patricia Bullrich, un electorado que hoy aparece mucho más disperso.
Quiénes lideran la imagen entre los dirigentes
En materia de imagen, Patricia Bullrich encabeza el ranking de opinión positiva con el 34%, seguida de cerca por Javier Milei con el 33%. Más atrás aparecen, empatados en el 29%, Axel Kicillof, Cristina Fernández de Kirchner y Myriam Bregman.

Todos los dirigentes evaluados, sin excepción, muestran un diferencial de imagen negativo: la cantidad de gente que los ve mal supera a la que los ve bien. Los dirigentes que buscan instalarse como una alternativa por fuera de los dos bloques tradicionales —como Lacunza, Brito o Hadad— todavía registran niveles de conocimiento muy bajos entre los encuestados.
Un humor social que no despega
La encuesta también permite leer el clima general en el que se da esta carrera. La insatisfacción con la marcha del país sigue siendo mayoritaria: 69% se declara insatisfecho, contra un 29% satisfecho, un dato que se mantiene estable respecto de agosto.
La aprobación del gobierno de Javier Milei está en el 35%, con un 61% de desaprobación.
Según el informe, ese número “se ha estabilizado desde hace unos meses, en especial desde el final de la gestión Adorni”.
En perspectiva histórica, la comparación no es mala para el oficialismo: la conformidad con la marcha del país (29%) supera a la que tenía Mauricio Macri en el mismo tramo de su mandato, y el nivel de aprobación de Milei (35%) es similar al que Macri cosechaba en ese mismo momento de su gobierno.
El humor económico, en cambio, sigue jugando en contra. El 55% de los consultados considera que la situación del país empeoró respecto de hace un año, contra apenas un 19% que percibe una mejora.
Puertas adentro del bolsillo el diagnóstico es parecido: un 52% dice que su situación personal empeoró, frente a un 13% que la ve mejor. La mirada hacia adelante tampoco es optimista: un 43% cree que el país empeorará en el próximo año, mientras que solo un 27% espera una mejora.
Una “avenida del medio” que no encuentra representación
El fenómeno no es completamente nuevo. Un relevamiento de Rubikon Intel, la consultora cuya oficina argentina dirige el dirigente social Chino Navarro, ya había puesto un número a esa demanda semanas atrás: seis de cada diez encuestados se mostraban dispuestos a considerar un candidato nuevo, ajeno tanto a La Libertad Avanza como al kirchnerismo, y más de la mitad sostenía directamente que “hace falta una figura nueva, distinta a todo lo que hay hoy”.
Ese mismo trabajo, sin embargo, mostraba que la apertura al cambio no equivale a moderación: la opción más elegida era la de un candidato con posiciones firmes, aunque diferente a los dos bandos actuales, por encima de quienes buscan a alguien que directamente deje atrás la grieta.
El propio estudio de Rubikon Intel ensayaba, a falta de una candidatura definida, algunos nombres que podrían intentar ocupar ese espacio: dirigentes catalogados como “outsiders”, como Facundo Manes o Jorge Brito, y gobernadores del arco no kirchnerista, como Maximiliano Pullaro o Juan Schiaretti, aunque ninguno de ellos aparece todavía instalado como una alternativa consolidada.
Lo que aporta el trabajo de la UdeSA es una fotografía más cruda de ese fenómeno: un tercio del electorado, hoy, no está dispuesto a poner una ficha ni por el oficialismo ni por la principal fuerza opositora. Mientras LLA y el PRO negocian los tiempos de una alianza y el peronismo discute su unidad interna, esa porción del electorado sigue creciendo sin que nadie, todavía, salga a buscarla.















