Entrevista

Itai Hagman: "No consideramos que exista un buen acuerdo, porque deberle al FMI u$s 45.000 millones en sí es una calamidad"

El diputado y referente económico del oficialismo habló sobre las diferencias dentro del Gobierno, anunció que volverán a impulsar la ley de envases, reivindicó la creación de un salario universal y apuntó contra la oposición.

"Nosotros no consideramos que exista un buen acuerdo, porque la situación de deberle al FMI u$s 45.000 millones en sí mismo es una calamidad que hace que todas las soluciones sean malas", planteó el diputado nacional Itai Hagman en diálogo con El Cronista

Además, en un mano a mano, el integrante del bloque del Frente de Todos y referente del Frente Patria Grande, anunció que están trabajando en modificaciones para impulsar, nuevamente, la Ley de Envases que tantas críticas recibió, no solo por parte de la oposición sino también de la industria y de los gremios. Y defendió la idea de impulsar un salario universal

En tanto, apuntó contra la oposición que al rechazar el Presupuesto 2022, que, paradójicamente, "le dio mayor discrecionalidad" al Poder Ejecutivo cuando reivindicaba lo contrario

Entre las iniciativas que quedaron pendientes, se encuentra la Ley de Envases. ¿Se volverá a impulsar el proyecto y, de ser así, se le introducirán modificaciones para cosechar un mayor número de votos?

- Sí. Hay algunas modificaciones que se están incorporando, sobre todo frente a algunos planteos para darle un mayor rol a las provincias, y para darle mayor claridad la forma en que se calcula la tasa ambiental. Hay algunas modificaciones, pero el espíritu de la ley es el mismo. Es generar un desincentivo para el uso de los envases más contaminantes y un mecanismo de financiamiento para un sistema de reciclado, con inclusión social.

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A propósito del Plan Plurianual, el presidente Alberto Fernández anunció que se presentaría el 6 de diciembre y, luego de no presentarse, desde el propio oficialismo dijeron que se trataría en tándem con el acuerdo con el FMI. ¿Cómo se ven esas contradicciones? ¿No generan mayor incertidumbre?

- Creo que cuando el Presidente lo dijo, lo hizo en base a una expectativa de que para esa fecha iba a haber un entendimiento con el Fondo. Evidentemente no la hay. El propio ministro de Economía ha salido a plantear en los últimos días, con mayor claridad, cuáles son las desavenencias que existen. Eso es lógico. No vamos a discutir un plan plurianual que no tiene acuerdo con el FMI. La demora tiene que ver con que las negociaciones están en un momento más complicado y el Gobierno está negociando con mucha firmeza, lo que para mí es una buena noticia. Me preocuparía que la negociación sea fácil. Si la negociación es fácil, seguramente es porque estás haciendo una negociación que es bastante ventajosa para la otra parte.

O sea, lo contrario a hacerla en cinco minutos, como dijo Mauricio Macri...

- Exactamente. Si negociás en cinco minutos, es porque muy bien no negociás. Que las negociaciones se estén tensando no necesariamente es una mala noticia. Por supuesto, sería bueno que haya un acuerdo lo antes posible. Pero habla de que el Gobierno no está dispuesto a aceptar cualquier condicionamiento.

Más allá de la ausencia del Plan Plurianual, desde la oposición plantean que el Gobierno no tiene un plan económico. ¿Qué les respondés?

- Es una frase hecha. En el propio Presupuesto está planteado un Plan Plurianual. En todo caso, podrá discutir qué aspectos les parecen equivocados. La orientación económica que tiene el Gobierno es muy clara.

"La orientación económica que tiene el Gobierno es muy clara", afirmó el economista.

¿Cómo la definirías?

- Es un Gobierno que tiene una apuesta muy fuerte a la industria, no casualmente es el sector que más se ha recuperado. Incluso, hoy está niveles superiores a la época del Gobierno de Macri. Eso tiene que ver con una política específica. Es un Gobierno que, si bien alienta las exportaciones, a la vez tiene una política de protección del mercado interno; no cree en la apertura de la economía de manera descontrolada y sin regulaciones para atraer inversiones. Es un Gobierno que cree que el Estado tiene un rol importante para alentar el proceso de desarrollo. Es un Gobierno consciente del problema de abusar del endeudamiento de moneda extranjera; que se puso como meta una recuperación de los ingresos reales. El otro día, el Presidente dijo que es uno de los principales objetivos para este año. Esos parámetros están claros. Sería bueno conocer qué opina la oposición, qué propuesta tiene la oposición sobre política económica, sobre el acuerdo con el Fondo, sobre cómo hay que manejar el problema de la deuda... Es muy fácil decir "acá no hay un plan" y no ofrecer ninguna alternativa.

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Mencionaste al Presupuesto... ¿qué efectos puede tener que no se haya sancionado? ¿Es grave?

- Es grave, institucionalmente. Deja un precedente muy negativo. Cuando se establecen las prioridades del gasto público, también establece derechos. Entonces, por ejemplo, cualquier provincia que tiene una obra comprometida en una ley de presupuesto, bueno, hoy no la tiene. Tendrá que discutirla con el Poder Ejecutivo. Fijate qué contradictorio, porque en nombre de no darle discrecionalidad al Poder Ejecutivo, dejar sin presupuesto, le otorga más discrecionalidad, no menos. Por eso es raro lo que hizo la oposición. Nosotros no pretendíamos que voten a favor. Pero una cosa es no votar un presupuesto y otra es dejar al Gobierno sin presupuesto. No tenemos muchos antecedentes, salvo el de 2010. Me preocupa que se construya ese escenario, similar al del Grupo A, que es que la oposición asuma un rol de obstruir. Te agrego un dato más: hacer esto en medio de una negociación internacional me parece más grave. La señal que damos hacia afuera es que en la Argentina no hay un país negociando, sino un Gobierno y una oposición que boicotea. Eso no le hace bien a la Argentina. Se supone que la oposición debería querer que el Gobierno haga el mejor acuerdo posible con el FMI. Sobre todo si pretende gobernar la Argentina en 2023.

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Hablando de frases hechas, se dice que "es mejor un mal acuerdo que un no acuerdo con el FMI". ¿Coincidís o existe la posibilidad de no acordar?

- Siempre es una posibilidad porque para que haya un acuerdo hacen falta dos, como para bailar el tango. Esto es una obviedad, pero puede no haber acuerdo por falta de voluntad o intransigencia del FMI. No depende solo de la voluntad del Gobierno argentino. Entonces, de ninguna manera se puede descartar ese escenario. Alguien puede decir que es preferible firmar cualquier cosa. Si uno tiene principios para negociar, hay barreras que no está dispuestas a cruzar. Entonces, puede no haber acuerdo.

¿Y cuáles serían esas barreras?

- El Gobierno lo ha dicho muy claramente. No está dispuesto a hacer un acuerdo que suponga ajuste de gastos. Está dispuesto a reducir el déficit fiscal, por vía del crecimiento económico, que mejore la recaudación; no vía ajuste. Si el FMI pone como condición ineludible para que haya acuerdo una política de ajuste, como hizo en el acuerdo stand by que firmó Macri, la Argentina no va a aceptar eso. Y no lo va a aceptar porque dinamitaría la posibilidad de recuperar la economía argentina y la posibilidad de pagarle al Fondo. Si la Argentina no se recupera, tampoco va a pagar la deuda. Existe la posibilidad de que eso pase, no es el que desea el Gobierno, pero puede pasar. Lo ideal es que haya razonable. Tampoco diría que haya "un buen acuerdo", porque nosotros no consideramos que exista un buen acuerdo, porque la situación de deberle al FMI u$s 45.000 millones en sí mismo es una calamidad que hace que todas las soluciones sean malas. No vamos a festejar un buen acuerdo, como tampoco festejamos cuando Guzmán reestructuró la deuda en 2020. Reivindicamos la negociación, pero no festejamos reestructurar una deuda de más de u$s 100.000 que tomó el gobierno anterior de manera irresponsable. Y lo digo en relación a los debates de estos días sobre la responsabilidad de endeudamiento, quién tiene la culpa. Primero la discusión era quién había endeudado más y ahora dicen que la culpa de la deuda con el FMI la tiene Cristina. Hay un nivel de delirio. Aparte, el propio macrismo, cuando asumió, dijo que no iba a volver al Fondo, porque era una de las acusaciones por parte de la oposición al gobierno de Macri.

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Dentro del Frente de Todos, ¿existe una visión unificada sobre qué hacer con el FMI?

- Hay distintas posturas sobre un montón de temas. Entre ellos, el del Fondo. Somos un gobierno de coalición, con una heterogeneidad que reivindicamos, porque antes se cuestionaba el discurso monolítico; ahora, la diversidad de opiniones. Es natural que haya matices. Los matices tienen que ver con preocupaciones genuinas. Es lógico que haya una preocupación sobre las implicancias de un acuerdo con el FMI, en qué medida va a condicionar la política económica de la Argentina, cómo vamos a pagar la deuda. Esas discusiones se pueden ver como antagónicas o como complementarias. Por ejemplo, hay un paper que concluye que hay elementos jurídicos para plantear la nulidad del acuerdo en la justicia internacional. Esa es una línea que puede ser complementaria con la línea más pragmática de negociar y seguir para adelante; no necesariamente como una dicotomía. O sea, plantear: negociemos, pero al mismo tiempo, empecemos un camino por la vía judicial.

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Y hablando de la agenda del Congreso, ¿por dónde debería pasar la agenda de este año, sobre todo para revertir la crisis económica que se desencadenó en 2018 y que se agravó con la pandemia? Puntualmente, ¿estás trabajando en alguna iniciativa?

- La prioridad tiene que ver con las leyes que permitan el proceso de recuperación económica. El 2021 fue muy bueno a nivel macro; no tan bueno desde el punto de vista del bolsillo. El objetivo de recuperar el ingreso se logró en algunos sectores de madera bastante modesta. Lo que necesitamos es que el proceso de recuperación se sostenga. Hay un montón de leyes que plantea el Ejecutivo, vinculadas al fomento de sectores productivos, a incentivo para inversiones y demás. Creo que a eso hay que sumarle algunas políticas más agresivas en materia de ingresos.

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¿Por ejemplo?

- Nosotros tenemos la idea de un salario universal. En la Argentina tenemos un universo muy grande de población que en edad laborable que no tiene ingresos fijos asegurados, porque no tiene ni empleo formal o una actividad por cuenta propia que sea lo suficientemente estable. Más allá de que la pandemia agravó la situación, tienen un problema estructural de ingresos y que el mercado laboral formal n o va a poder absorber en su totalidad, por más que se generen muchos puestos de trabajo, o se necesitarían muchísimos años. Entonces, planteamos que el sistema de seguridad social nacional, que logró que toda la población de niñez y adulto mayor tenga algún tipo de cobertura casi universal, llegue también a la población de entre 18 y 65 años, y que no tiene ingresos fijos asegurados. A eso le llamamos salario universal, que en su versión máxima puede cubrir hasta 10 millones de personas.

Hagman es uno de los defensores de la creación de un ingreso universal.

Para financiar este tipo de medidas, le darían la razón a Juntos por el Cambio, que los critican por haber creado y aumentado un importante número de impuestos...

Eso es falso. Está mal planteada la discusión de aumentar o bajar impuestos porque la Argentina tiene muchísimos impuestos. En todo casos, discutamos cuáles hay que subir y cuáles hay que bajar. Por ejemplo, subimos impuestos sobre los patrimonios, que Macri había bajado, pero bajamos impuestos a las Ganancias para las personas humanas. Cuando modificamos el impuesto a las Ganancias para las empresas, generamos por primera vez una alícuota variable. A lo mejor, para una gran empresa, eso significó un aumento, pero para una pyme, una reducción. Es muy fácil decir que "hay que bajar todos los impuestos". Pero entonces, decime, qué hacemos con los gastos.

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¿Qué Congreso avizorás de cara a los próximos dos años? Tanto en Diputados como en el Senado es escenario está partido en dos y con mayores dificultades para conseguir mayoría propia...

Ojalá que con más diálogo. Creo que el conjunto de la dirigencia política en la Argentina, a veces, no terminamos de asumir la gravedad de la situación en la que estamos. Por ejemplo, la discusión de la negociación por la deuda se toma con una liviandad y no nos damos cuenta de que tenemos un problemón. La deuda probablemente nos atraviese a la Argentina por más de 10 años. Es bastante tonto no asumir que es un problema de todos, más allá de que es muy evidente quién lo generó. ¿Qué me imagino? No sé. Porque la actitud que vi en el último tiempo no va en esa dirección. Cuando asumí la banca, en 2019, veía en la oposición un sector más duro, otro más dialoguista. Y lo que vi desde ese momento para acá es que cada vez ganas más terreno el sector más duro, que además tiene una actitud muy agresiva, violenta, que busca hacer oposición por rédito político, irresponsable. Incluso, veo que sectores pretendidamente moderados se han corrido hacia ese discurso. Y si un montón de bloques, supuestamente "antigrieta" terminan haciendo un bloque tipo el Grupo A, me preocupa.

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