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Después de más de dos años de gestión en los que toda la atención estuvo puesta en la inflación, el foco de los inversores empieza a desplazarse hacia otro frente.
Y es que la desinflación avanza, en junio el IPC perforó el 2% mensual y las expectativas son de mejora, en ese frente, claro.
Sin embargo, en la City ya coinciden en que la principal preocupación ya no pasa por los precios, sino por la capacidad de la economía para volver a crecer y sostener la recaudación tributaria.
El cambio de diagnóstico es significativo. Hace apenas unos meses, el mercado evaluaba si el Gobierno sería capaz de consolidar el proceso de desinflación sin perder reservas ni estabilidad cambiaria.
Hoy la discusión es distinta y pasa por si la actividad no acelera y el programa fiscal comenzará a perder margen, aun cuando el Gobierno mantenga la disciplina del gasto.
El problema ya no es el gasto
El déficit primario de junio fue el primero desde el inicio de la gestión Milei y si bien no hay cuestionamientos dejó algunas señales que el mercado rápido recogió.
Y es que tanto Econviews como Grit Capital consideran que el rojo mensual respondió principalmente a factores estacionales, como el pago del aguinaldo y mayores erogaciones previsionales, y “no representa por sí solo un cambio de régimen fiscal”.
Lo verdaderamente relevante aparece al mirar la composición de las cuentas públicas.
Econviews destaca que el gasto primario del primer semestre cayó 2% en términos reales respecto de 2025, mientras que los ingresos retrocedieron 5%.
Dentro de la recaudación, el IVA cayó 8%, los aportes a la seguridad social 3,8% y las retenciones se desplomaron 41%.
La conclusión es que el ajuste dejó de depender del recorte del gasto y ahora necesita que la economía genere más ingresos.

El mercado empieza a mirar el crecimiento
GRIT lleva esa idea un paso más allá. El equipo dirigido por Walter Stoeppelwerth sostiene que la desaceleración de la actividad “está limitando el crecimiento de la recaudación justo cuando buena parte del gasto, como jubilaciones y otras partidas indexadas, continúa ajustándose por inflación pasada”.
“La ausencia de tax buoyancy comienza a complicar los resultados fiscales”, resume el reporte, que incluso habla de una “Need for Speed” para describir la necesidad de acelerar la recuperación económica.
En otras palabras, el programa económico entra en una nueva etapa.
Durante 2024 y buena parte de 2025 el superávit podía sostenerse principalmente mediante fuertes recortes del gasto. Ahora ese margen empieza a agotarse.
Hay cada vez menos partidas para recortar
Los dos informes llegan al mismo diagnóstico desde caminos distintos.
Econviews señala que la obra pública continúa en niveles mínimos, el gasto de capital sigue cayendo y que los subsidios energéticos ya aportaron gran parte del esfuerzo fiscal posible.
Incluso advierte que la suba del petróleo vuelve más difícil seguir reduciendo subsidios o bajar impuestos a los combustibles.
Y Grit coincide.
Según la firma, el Gobierno hizo un trabajo muy agresivo reduciendo subsidios, pero “ese pozo eventualmente se seca”. Desde ahora, el principal mecanismo para sostener el equilibrio fiscal pasa por una recuperación procíclica de la recaudación.

El desafío con el FMI se vuelve más exigente
Ese cambio también aparece reflejado en las metas oficiales.
Econviews calcula que, tras el desempeño del primer semestre, el Gobierno deberá generar un superávit equivalente al 0,9% del PBI entre julio y diciembre para cumplir el objetivo anual acordado con el FMI.
Eso implica mejorar alrededor de un 60% respecto del desempeño registrado en los segundos semestres de 2024 y 2025.
No parece una meta imposible, pero sí considerablemente más exigente que en los primeros años del programa.
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