

La inflación de abril marcó una desaceleración y cortó una racha de diez meses consecutivos de subas. El 2,6% que informó el INDEC reabrió el debate sobre la velocidad del proceso de desinflación, pero también volvió a poner el foco sobre una pregunta más concreta y cotidiana: qué pasó efectivamente con los precios que enfrentan los consumidores en las góndolas.

Aunque en los últimos años crecieron los canales digitales, las compras online y las aplicaciones de entrega, el supermercado sigue ocupando un lugar central dentro del consumo masivo argentino. Incluso buena parte del comercio electrónico de alimentos y artículos de limpieza pasa por las propias plataformas digitales de las cadenas supermercadistas. Por eso, el seguimiento de precios en ese canal continúa siendo una referencia clave para medir cómo impacta la inflación sobre el consumo cotidiano.

Ese análisis adquiere además relevancia en un contexto en el que persiste la discusión sobre por qué la desaceleración inflacionaria todavía no se traduce en una recuperación sostenida del consumo masivo. Por ejemplo, los últimos datos del INDEC mostraron que las ventas en supermercados cayeron 3,1% interanual en febrero, mientras que los autoservicios mayoristas retrocedieron 1,2%.
Mientras el Gobierno atribuye parte de ese fenómeno al cambio de hábitos y al avance del e-commerce, distintos analistas sostienen que el mayor peso de servicios y precios regulados —como tarifas, transporte o educación— sigue limitando la capacidad de compra de los hogares.

En ese escenario, un nuevo informe del Centro de Estudios por la Soberanía Popular Mariano Moreno (CESOP), un think tank ligado a sectores del peronismo opositor, relevó la evolución de precios en supermercados del AMBA durante abril y trazó una radiografía detallada del comportamiento de productos de consumo diario.
El trabajo se elaboró sobre una base de relevamiento automatizado de precios en las principales cadenas supermercadistas y utilizó precios promedio mensuales por producto, con variaciones calculadas a partir de medidas de tendencia central. El CESOP aclaró además que, en esta edición, el análisis por rubros se realizó utilizando promedios simples sin ponderación, es de decir sin darle más peso a unos productos que a otros según su importancia en el consumo real de las familias. Así, los resultados deben leerse como una aproximación comparativa entre categorías y no como un índice equivalente al IPC oficial.
Qué productos encabezaron las subas en abril
El relevamiento mostró fuertes aumentos en algunos productos frescos y de almacén, aun en un mes donde el IPC general desaceleró.
Entre las mayores subas aparecieron el zapallito redondo, con un incremento mensual de 26,37%; la cebolla, con 24,63%; y la berenjena, con 16,65%.

También se destacaron aumentos en queso rallado (10,10%), arvejas (8,18%), batata (7,72%) y azúcar (7,26%).
Dentro de los artículos de limpieza, el detergente concentrado subió 6,65%, mientras que el detergente de 500 ml avanzó 5,35%.
En bebidas y almacén aparecieron incrementos en gaseosas, yogures, mermeladas, polenta, mayonesa y manteca, todos con variaciones superiores al promedio general de inflación de abril.

El dato que mostró alivio en alimentos
Aun con esos aumentos puntuales, el informe detectó señales de moderación en algunos rubros sensibles.
El segmento de carnes y pescados registró una variación promedio de apenas 0,46%, uno de los datos más bajos del relevamiento y de uno de los rubros con alta ponderacion en la canasta familiar. Allí aparecieron subas en filet de merluza y salmón rosado, pero movimientos mucho más acotados en pollo y cortes porcinos.

La desaceleración de la carne ya había sido anticipada por distintas consultoras privadas luego del fuerte impacto que ese rubro tuvo sobre la inflación de marzo.
En frutas y verduras, el informe marcó una variación promedio negativa de 4,26%, aunque con fuertes diferencias internas. Mientras algunos productos frescos registraron subas importantes, otros ayudaron a moderar el promedio del rubro.
En lácteos y huevos, la variación promedio fue de 2,98%, por encima del IPC general. Allí se destacaron aumentos en queso rallado, leche larga vida y yogures bebibles.

















