Mientras el peso se fortalece, no desisten las pujas por la dolarización en Argentina. Su ideólogo local, Emilio Ocampo, compartió un panel en el Instituto Cato junto al exdirector del Banco Mundial David Malpass, y John Cochrane, investigador del Instituto Hoover, sobre las ventajas que podría implicar para Argentina dolarizar.
En consenso fue que el Gobierno argentino debía avanzar en este programa, pero el más contundente fue Malpass, quien supo ser cercano al presidente estaodunidense Donald Trump, quien sentenció: “Argentina se hunde y se debe al peso. Si dolarizan, el programa va a funcionar”.
El presidente Javier Milei había hecho de la dolarización uno de sus ejes de campaña y sería el propio Ocampo quien llegaría al Banco Central con el fin último de cerrarlo. Sin embargo, rápidamente eso quedó fuera de los planes y el peso se fortaleció en los últimos años tras la devaluación inicial aplicada al asumir.
“Milei tiene que tomar una decisión”, insistió Malpass. Las dudas sobre este esquema son difundidas. Cochrane planteó que las principales giran en torno a distintos ejes. Uno de ellos es que ni bien se anuncie la dolarización, el peso perderá valor. El otro es que el dólar no está en su momento de mayor fortaleza, aunque consideró que aún es útil para países como Argentina. El tercero es si los bancos tendrían lo suficientes dólares para abastecer, problema descartado en base a que las estimaciones oficiales sobre los dólares debajo del colchón ascienden a u$s 140.000 millones, mientras que el total de pesos circulantes equivale a menos de u$s 100.000 millones.
“Simplemente dejen que suceda”, lanzó Cochrane. “Empiecen por eliminar los controles existentes sobre el uso de dólares”, agregó, en línea con la decisión del Gobierno de lanzar la ley de Inocencia Fiscal, que hasta ahora solo tuvo 80.000 adherentes.
Incluso subrayó que si Argentina asumiera el compromiso de dolarizar, Wall Street “compraría esa apuesta” por el hecho de que esa medida es “quemar las naves y los remos”: “Una vez que dolarizas, no podes volver atrás. Podes, pero tendrías que ‘desdolarizar’, intentar obligar a la gente a usar tu propia moneda, es algo monumental. Si dolarizas, es un compromiso de no volver atrás y de no inflar la moneda fácilmente. Esa es la gran ventaja”.
Para concretarlo, considera fundamental el ingreso de bancos internacionales que puedan operar de prestamistas de última instancia, ya que el Banco Central dejaría de cumplir ese rol.
Para Malpass el escenario es más apremiante: “Dolarizar no significa sólo que la gente use dólares. Significa eliminar la moneda local. La razón es que, mientras esa moneda esté en el país, la nueva inversión no llegará”.
“No hay necesidad de más dólares en Argentina; incluso los que están bajo el colchón no son estrictamente necesarios porque, en el momento en que Argentina diga que dejará de imponer el peso, los dólares entrarán. La capacidad de nueva inversión es enorme. Entrarían mucho más de u$s 20.000 millones si supieran que pueden volver a salir si quisieran”, agregó Malpass, quien sumó que “Milei debe tomar la decisión”.
El ex Banco Mundial remató: “El punto de decisión debe ser Milei diciendo: ‘Quiero cumplir mi promesa de campaña’. Está claro que la alternativa no funciona. Argentina se hunde, y en mi opinión, el 90% de ese hundimiento se debe a la existencia del peso y al lastre que impone a todos los negocios. Si él completara la eliminación del peso, el dinero inundaría Argentina y su programa empezaría a funcionar”.
También opinó que sería clave para Estados Unidos porque, al ser Argentina uno de sus socios comerciales, evitaría los desbalances en el comercio exterior surgido de las devaluaciones, y en especial de cara a acuerdos para la cadena de suministro de minerales críticos.
A su turno, Ocampo defendió que la dolarización es fundamentalmente una “medida de igualdad de oportunidades, porque quienes más se benefician son los sectores de menores ingresos”, porque las élites ya están dolarizadas y tienen sus activos protegidos.
Sin embargo, para el caso argentino destacó que la dolarización “no resuelve problemas estructurales profundos por sí sola, pero ayuda a resolverlos porque la estabilidad obliga a los responsables políticos a enfocarse en solucionar los problemas”.
Otro de los efectos laterales que tendría esta decisión es recuperar la confianza en el sistema bancario, consideró Cochrane: “Entiendo que en Argentina la gente no confía en los bancos porque, aunque confíen en el banquero, no confían en el gobierno; saben que el gobierno puede confiscar los fondos. Si tuvieras una cuenta en dólares en un banco argentino, el gobierno podría convertirla forzosamente a pesos en cualquier momento”.
Una alternativa que propuso es el uso de stablecoins o un dólar respaldado por bonos del Tesoro a corto plazo. “Las stablecoins podrían ser muy útiles en Argentina porque los dólares en el colchón son peligrosos”. Además, Cochrane deslizó que hay “una oportunidad de negocios” porque podría convertirse en “las nuevas Islas Caimán. Una vez dolarizados y comprometidos con la apertura, Argentina podría ser un sector financiero internacional maravilloso”.
Por último, apuntó que los organismos multilaterales también están interesados en que no se de la conversión de las monedas locales al dólar porque están orientadas a ayudar a mantener las monedas nacionales: “Son personas honestas, pero defienden su propio negocio”.
Inflación
Ocampo reiteró que Argentina no cuenta con otro prestamista de última instancia que no sea el FMI porque el Banco Central no puede emitir sin generar inflación, y que el peso hoy en día sólo sustenta a los sectores menos competitivos: “El peso es esencial para la supervivencia del sistema que condena a Argentina al estancamiento. Por eso creo que es extremadamente importante eliminarlo”.
Cochrane aportó un cuestionamiento respecto de la teoría monetaria del Gobierno: ¿si hay control de la emisión, por qué sigue subiendo la inflación? Así, arriesgó una explicación: “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno fiscal. Siempre proviene de la política fiscal. El punto de la dolarización es un pre-compromiso fiscal. Ya no podemos inflar nuestra salida de las deudas”. Además, es un compromiso contra los subsidios porque elimina la emisión de pesos para asistir a sectores particulares.
Malpass sumó una dimensión política: el ingreso no se recupera lo suficientemente rápido como para traducirse en apoyo político a Milei, por lo que la existencia del peso se traduce en un costo para el oficialismo.
FMI
El exfuncionario del Banco Mundial recalcó que una dolarización ayudaría a la credibilidad de los contratos, pero también volvió a criticar a los organismos internacionales.
“El FMI ha sido el prestamista de última instancia para los Kirchner y luego mientras Milei intentaba hacer su programa. Pero eso no lo explica del todo. Cuando yo estaba en el Banco Mundial, yo no le prestaba a Argentina porque tenían un mal programa, y el FMI permitió que se le prestaran u$s 50.000 millones al Banco Central en efecto, que es la deuda bajo la cual están luchando”, dijo Malpass.
Además, agregó: “Tenemos que reconocer el daño de ser un prestamista de última instancia en un sistema de moneda flotante”.
Sobre las garantías del Banco Mundial que consiguió el Gobierno para hacerse de los fondos para pagar los vencimientos de julio, enero y julio de 2027, apuntó: “Lo que está pasando ahora en Argentina es que el Banco Mundial está canjeando esa deuda mala porque tenía los libros más ligeros, había capacidad de endeudamiento para Argentina. Por lo tanto, tenemos que reconocer que no es solo el FMI el prestamista de última instancia, sino que ahora el Banco Mundial es el prestamista de última instancia. Y entonces, esto es enormemente costoso para Argentina porque todavía están usando el peso y eso frena el éxito de su programa”.






















