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La energía dejó de ser uno de los principales problemas estructurales de la economía argentina y comenzó a convertirse en una de las mayores fuentes de generación de divisas del país.
Las exportaciones del rubro Combustibles y Energía alcanzaron los u$s 1554 millones en abril, un número nunca antes alcanzado, que representa un crecimiento del 86% en relación a 2025.

En el mismo período, las importaciones energéticas, cayeron 45,4% y fueron de u$s 142 millones. Esta combinación permitió un saldo comercial energético registrara un superávit récord de u$s 1.402 millones en un solo mes.
El dato representa el mayor saldo positivo mensual de la historia reciente del sector energético argentino. En marzo, el superávit energético había rondado los u$s 850 millones. En febrero había superado los u$s 700 millones y enero también había cerrado con saldo ampliamente favorable.
Entre enero y abril, se superaron los u$s 4.000 millones, mientras que las importaciones se redujeron de manera significativa frente al mismo período de 2024.
El petróleo crudo se consolidó como el principal producto exportador del complejo energético argentino. Los principales destinos de las exportaciones energéticas argentinas son Chile, Estados Unidos y Brasil, aunque también comenzaron a ganar peso mercados europeos y asiáticos interesados en asegurar provisión futura de gas natural licuado.
En abril de 2025, Argentina exportó combustibles y energía por u$s 851 millones. El número actual es casi el doble (u$s 1554 millones). En abril de 2024, fueron u$s 945 millones.
Chile continúa siendo uno de los principales compradores regionales de gas argentino, especialmente durante períodos de alta demanda energética. Brasil, por su parte, emerge como un socio estratégico para la expansión futura del gas de Vaca Muerta debido a sus necesidades crecientes de abastecimiento industrial.
Estados Unidos aparece como destino relevante para exportaciones de petróleo, mientras que Europa empieza a observar a la Argentina como posible proveedor alternativo de energía en un contexto global extremadamente sensible.
El escenario internacional está marcado por una fuerte inestabilidad geopolítica. La guerra entre Israel y Estados Unidos e Irán cambió el mapa energético actual.
Europa atraviesa desde hace años una crisis energética que arrancó con la invasión rusa a Ucrania y se profundizó con lo que pasa en Oriente Medio.

En distintos foros energéticos internacionales crece el interés por el shale argentino como posible fuente de abastecimiento futuro para Europa y Asia.
Durante años, el principal límite para transformar ese potencial en exportaciones concretas fue la falta de infraestructura. Hoy el debate gira alrededor de nuevos gasoductos, oleoductos, terminales portuarias y proyectos de licuefacción.
Si las inversiones avanzan y se sostienen condiciones estables, la Argentina podría alcanzar un superávit energético estructural de entre u$s 15.000 millones y u$s 20.000 millones anuales hacia fines de la década.
Eso implicaría un cambio histórico para una economía marcada durante décadas por la restricción externa y la escasez crónica de dólares.

Hasta hace pocos años, la energía representaba exactamente lo contrario.
“Agujero” en las reservas
En 2022, producto de la crisis internacional derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania, el déficit energético argentino había superado los u$s 4.400 millones.
El país importaba barcos de gas natural licuado para garantizar abastecimiento interno durante el invierno. El aumento internacional de precios golpeaba sobre las reservas del Banco Central y multiplicaba subsidios energéticos.
La situación era especialmente delicada porque la Argentina no lograba todavía aprovechar plenamente el potencial exportador de Vaca Muerta.

La producción petrolera en Vaca Muerta alcanzó niveles récord durante 2024 y continúa creciendo en 2025. Lo mismo ocurre con la producción de gas no convencional.
El complejo energético comenzó a convertirse en uno de los principales generadores netos de dólares de la economía. La reducción de importaciones energéticas permitió además aliviar la necesidad de divisas del país.
Ese cambio impacta sobre la balanza comercial total argentina.
Cuando aumentan los riesgos geopolíticos en esa región, los precios internacionales suelen reaccionar al alza. En ese contexto, la Argentina empieza a posicionarse como un actor emergente dentro del mercado energético global.
Brasil aparece como uno de los socios estratégicos centrales para ese proyecto.
La economía brasileña necesita cada vez más gas natural para sostener expansión industrial y estabilidad energética.
La cercanía geográfica convierte además a la Argentina en un proveedor competitivo desde el punto de vista logístico.
Distintos actores del sector energético imaginan un esquema de integración regional donde el gas argentino abastezca crecientemente industrias brasileñas.
Al mismo tiempo, Europa y Asia representan la gran apuesta de largo plazo vía exportaciones de GNL.
País por país
Argentina y Chile están en uno de los mejores momentos de su relación bilateral. Argentina exportó u$s 2754 millones en 2025. Chile, por su parte, asiste al sistema eléctrico local con intervenciones puntuales.
El país despacha el 60% del gas que compra Chile y también un 40% del petróleo del país trasandino. Se trabaja en un proyecto de cooperación inédito, que potenciaría e integraría las cadenas energéticas y productivas de ambos países.
En busca de optimizar los recursos energéticos de la región, circulan trabajos para que el gas de Vaca Muerta abastezca a San Pablo. El mayor polo industrial de América latina necesita energía para sostener su estructura manufacturera y reducir costos productivos.
Una de las alternativas más analizadas contempla reforzar la reversión del Gasoducto Norte para incrementar el flujo argentino hacia Bolivia y desde allí hacia el mercado brasileño. Otra opción apunta a desarrollar infraestructura entre Uruguaiana y Porto Alegre para luego revertir flujos hacia San Pablo. La discusión técnica incluye costos de transporte, ampliaciones de ductos, armonización regulatoria y proyecciones de demanda industrial.
Argentina cerró un acuerdo -el de Southern Energy- para despacharle GNL a Alemania. Las proyecciones actuales indican que el millón de BTU -la unidad de medida del sector en gas- se ubicará en torno a los u$s 8 en 2027. En ese caso, la exportación arrojaría ingresos brutos por u$s 863 millones anuales, según estimaciones de el consultor Nicolás Arceo.
A eso hay descontarle los gastos de la operación: el viaje en barco, la regasificación y todo un proceso que es complejo.
Si los precios del gas futuro siguen en los mismos niveles de hoy -a u$s 15 el millón de BTU-, la factura de lo que cobrarían las empresas argentinas podría llegar a u$s 1618 millones, según Arceo.
El acuerdo, en principio, es por 7 años. Se lo estimó en u$s 7000 millones.
Argentina concretó hace poco una exportación de petróleo por unos u$s 100 millones a Indonesia, equivalente a cerca de 900.000 barriles de crudo, en una operación que refleja el creciente peso del sector energético dentro del comercio exterior y la búsqueda de nuevos mercados más allá de los destinos tradicionales.
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