Alemania es la principal economía europea. Aunque atraviesa un período de lento crecimiento -y hasta cierto estancamiento- sigue siendo una de las locomotoras de la Unión Europea. Para poner un pie en Europa, las relaciones con Berlín son clave.
Argentina tiene un saldo deficitario en la relación comercial con Alemania. Le compró productos por más de u$s 3000 millones, mientras que le despachó algo más u$s 2100 millones.

Pero eso puede cambiar a partir del año que viene. Southern Energy, el consorcio exportador de GNL encabezado por PAE, ya había anunciado un ambicioso acuerdo para exportarle GNL a esa potencia europea.
Hace unos días, la embajada alemana en Argentina ratificó la informado por la empresa. “Hito: Acuerdo de GNL entre Argentina y Alemania. Suministro: 2 millones de toneladas anuales a partir de 2027″, informaron en la representación diplomática.
Hito: Acuerdo de GNL entre Argentina y
— Embajada de Alemania (@AlemaniaenArg) May 5, 2026
Alemania
✅Suministro: 2M de toneladas anuales a partir de 2027
✅Infraestructura: Nuevo gasoducto de 500km y plantas de licuefacción
✅Objetivo: Diversificación y seguridad energética para Europa.
Una alianza sólida para el futuro 🇩🇪🤝🇦🇷 pic.twitter.com/rwal6ZDFWE
Argentina se encamina a superar los u$s 12.000 millones en exportaciones durante este año. Y la expectativa oficial es alcanzar los u$s 30.000 millones en 2030. ¿Lo logrará?
¿Cuánto le quedará a Argentina?
¿Cuánto le dejará el país este convenio?. Según el consultor Nicolas Arceo -ex funcionario del ministerio de Economía, y ex director de Administración y Finanzas de YPF- hay varios escenarios posibles.
Las proyecciones actuales indican que el millón de BTU -la unidad de medida del sector en gas- se ubicará en torno a los u$s 8 en 2027. En ese caso, la exportación arrojaría ingresos brutos por u$s 863 millones anuales, según estimaciones de Arceo. A eso hay descontarle los gastos de la operación: el viaje en barco, la regasificación y todo un proceso que es complejo.
Si los precios del gas futuro siguen en los mismos niveles de hoy -a u$s 15 el millón de BTU-, la factura de lo que cobrarían las empresas argentinas podría llegar a u$s 1618 millones, según Arceo.
El acuerdo, en principio, es por 7 años. Se lo estimó en u$s 7000 millones.
“De todas formas ese contrato no creo que siga el precio spot (el que se suele pagar por un acuerdo en el momento)”, explica Arceo.
Romper con Rusia
La dependencia energética de Alemania respecto de Rusia fue durante años uno de los pilares silenciosos de la economía europea. Antes de la invasión a Ucrania, más de la mitad del gas que consumía la principal economía de Europa provenía de Moscú, una relación construida alrededor de los gasoductos Nord Stream y de contratos de largo plazo que garantizaban energía relativamente barata para la industria alemana. Según datos publicados por la prensa europea, Rusia representaba cerca del 55% de las importaciones de gas de Alemania en 2021.
El vínculo tenía además una dimensión económica de enorme magnitud. Alemania importó petróleo y gas ruso por alrededor de 19.400 millones de euros en 2021, en un contexto en el que el país dependía fuertemente de combustibles fósiles externos para sostener su actividad industrial. Sectores como el químico, el automotor y el siderúrgico basaron buena parte de su competitividad en el acceso a energía abundante y de bajo costo, una ventaja que quedó bajo presión tras el inicio de la guerra y las sanciones occidentales contra el Kremlin.
La ruptura del esquema energético obligó a Berlín a reorganizar en tiempo récord toda su estrategia de abastecimiento. Alemania aceleró la compra de gas natural licuado (GNL) a proveedores alternativos como Estados Unidos y Qatar, reforzó las importaciones desde Noruega y avanzó en la construcción de nuevas terminales para recibir gas por vía marítima. El giro implicó mayores costos energéticos para la industria y abrió un debate de fondo sobre la competitividad futura de la economía alemana en un escenario de energía más cara y menor dependencia de Rusia.
Si Argentina se suma a ese exclusivo club de proveedores alemanes, estará participando de uno de los complejos productivos más avanzados del mundo.
Entusiasmo local
La suba en los precios del petróleo entusiasma al sector energético local. Volcado a la exportación, la cámara que nuclea a las empresas de la industria maneja distintas posibilidades sobre el volumen y dinero que alcanzarán los despachos externos en 2030. En un escenario de crecimiento “moderado”, serán más de u$s 22.000 millones. Si el marco es expansivo, llegarán u$s 36.500 millones por energía en 2030. Y en caso de un crecimiento “acelerado”, las exportaciones serían de u$s 51.132 millones.
Hacia 2028, las exportaciones serían de u$s 22.212 millones. Como las importaciones seguirán (dejará de ser gas, pero se traerá gasoil) en u$s 3770 millones, la balanza sería superavitaria en u$s 18.442 millones.
El escenario “expansivo” contempla otras variables. Con una cantidad de pozos enganchados de shale goil, que incrementarían la producción en un 11%. Además, la capacidad de licuefacción sube a 24 MTPA. El transporte del VMOS se incrementa hasta los 700.000 barriles diarios en 2028 (en el escenario “moderado, eran 550.000 barriles).
El transporte de gas en Tratayén-La Carlota (previsto para 2030 en el escenario conservador) se adelantaría a enero de 2028. Además, se sumarían 80 millones de metros cúbicos de gas. Las exportaciones sumarían 24 MTPA anuales desde 2029-2030 (el escenario original era 8 MTPA). Todo eso llevaría a exportaciones de u$s 36.482 millones, con un superávit de u$s 32.576 millones.

Pero hay una posibilidad más; crecimiento acelerado. La cantidad de pozos “enganchados” se acelera hacia 2030, con una fuerte inversión de las empresas (casi u$s 20.000 millones anuales entre 2027 y 2030). Allí, las exportaciones podrían superar los u$s 51.132 millones -más que el campo- hacia 2030. Como aún quedaran importaciones, la balanza sería superavitaria en u$s 47.225 millones.
Para Argentina, el futuro de ingreso de divisas de Vaca Muerta es crucial. En los últimos 50 años, el país atravesó múltiples crisis cambiarias. El problema casi siempre es el mismo: los argentinos quieren más dólares, y el país colapsa porque no puede abastecer esa demanda.
Lo que nadie duda es que si el país ingresa u$s 30.000 millones adicionales por energía, su situación cambiaria será diferente. Eso no lo libera de otros problemas macroeconómicas, pero resolvería una fuente de angustias del último medio siglo.
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