En esta noticia
La paridad electoral brasileña es asombrosa incluso antes de que se desarrollen las elecciones primarias, con dos candidatos que -según se prevé- concentrarán más del 95 por ciento de los votos, borrando de un plumazo a cualquier postulante con ganas de terciar. Sin embargo, los Estados Unidos han reaparecido como un actor de peso con algo que decir sobre el asunto.
Conocidas son las intenciones del gobierno de Donald Trump de restablecer un área de influencia norteamericana en el cono sur. Las victorias de los gobiernos sudamericanos aliados con esas políticas ha sido arrollador, desde Javier Milei en Argentina a Abelardo de la Espriella en Colombia. El último gran escollo es el Brasil de Lula, que se muestra poco dispuesto a aceptarlo.
En las últimas semanas todo se fue recalentando. A la paridad electoral se suma el temor de una injerencia externa, llegada directamente desde Washington a la contienda.
En el pasado está el intento de golpe de Estado que sufrió Lula y, en el horizonte, el miedo a que la Casa Blanca no reconozca el resultado.
Los sondeos siguen mostrando una competencia extremadamente ajustada. La última medición de AtlasIntel/Bloomberg, publicada este martes, ubica a Luiz Inácio Lula da Silva con 45,3% de intención de voto y a Flávio Bolsonaro con 42,2% en primera vuelta.
En un eventual balotaje, el escenario es todavía más estrecho: 47,6% para Lula y 47,7% para Bolsonaro, un empate dentro del margen de error.

El cambio de clima comenzó mucho antes de la última encuesta
En un artículo publicado esta semana, The New York Times sostuvo que Brasil se prepara para sus elecciones bajo la preocupación de que la administración Trump pueda intentar influir en el resultado, directa o indirectamente.
El diario recuerda que Trump respaldó a candidatos de derecha en distintos países de América Latina y cita una frase pronunciada este mes por el presidente estadounidense: “Nos está yendo muy bien en Sudamérica. Mucha gente que logré que fuera elegida”.
Aunque Trump no manifestó un apoyo explícito a Flávio Bolsonaro, una serie de episodios que alimentaron la preocupación dentro del oficialismo brasileño.
Entre ellos aparecen las críticas públicas de Marco Rubio al gobierno de Lula, las tensiones comerciales que derivaron en nuevos aranceles estadounidenses sobre productos brasileños y un frustrado intento de enviar funcionarios estadounidenses para discutir la integridad del sistema electoral brasileño.
Hace tan sólo unos días, en la ONU, Lula advirtió sobre la “injerencia extranjera” y lanzó una frase que rápidamente se transformó en uno de los lemas de su campaña: “Brasil no es el patio trasero de nadie”. Acto seguido ignoró a Rubio en los pasillos del edificio que se levanta en el corazón de Manhattan.

El recuerdo del golpe en el espejo retrovisor de Lula
Brasil todavía convive con las consecuencias del intento de golpe posterior a las elecciones de 2022, cuando simpatizantes de Jair Bolsonaro atacaron las sedes de los tres poderes en Brasilia. Jair, padre de Flávio, fue posteriormente condenado por su participación en esa maniobra.
Ese antecedente llevó a las autoridades electorales y a distintos organismos del Estado brasileño a reforzar los mecanismos de monitoreo frente a campañas de desinformación, presiones diplomáticas o eventuales cuestionamientos al resultado de los comicios.
Según el New York Times, funcionarios brasileños también buscaron apoyo de gobiernos europeos y asiáticos para fortalecer la legitimidad internacional del proceso electoral.
Durante la campaña, el actual mandatario también vinculó a Flávio Bolsonaro con Donald Trump, Javier Milei y Benjamin Netanyahu como parte de un mismo espacio político internacional. Bolsonaro no lo desmiente: tuvo al argentino como orador en un acto en San Pablo y buscó activamente el apoyo explícito del norteamericano.
La economía también forma parte del conflicto
La tensión bilateral no se limita al terreno político. En los últimos meses aparecieron disputas comerciales por los aranceles estadounidenses, mientras funcionarios brasileños atribuyeron parte de esa presión a la relación cada vez más conflictiva entre Lula y la administración Trump.
Reuters señala que algunos aliados del presidente temen incluso que Washington pueda negarse a reconocer un eventual triunfo de Lula si el resultado vuelve a ser muy ajustado. Para Brasil, el conflicto excede la política doméstica.
Estados Unidos sigue siendo uno de sus principales socios económicos y cualquier deterioro adicional en la relación bilateral podría tener efectos sobre inversiones, comercio exterior y confianza de los mercados.
A nivel interno, la inflación, el costo de vida y la seguridad pública fueron temas de alto voltaje. Bolsonaro anunció que -a copia y calco de Milei- recortará el gasto público que se ubica por encima del 6 por ciento.
Mientras Lula defiende su política social y amplió el plan “Bolsa Familia” en las últimas semanas, su contrincante le señala como las balanzas fiscal y comercial aparecen en rojo.
Habrá que esperar para saber si Brasil cambia de rumbo y se suma a la ola de gobiernos de derecha alineados con Washington y el panorama regional termina de consolidarse.
Se trata del verdadero Rubicón a cruzar por Bolsonaro y por Trump. Habrá que ver si el lunes, o a más tardar en unas semanas, ese punto de no retorno fue superado con éxito, o si Lula logró detenerlos.

Por Lucas González Monte
Redactor de Audiencias Members
¡No te pierdas mi próxima nota! Unite a Members
- Accedé a todos los análisis sin límite de lectura
- Lectura sin publicidad
- App + edición impresa incluidas
- Acceso al foro de la comunidad
Desde $1000 / mes Menos de un café por semana
Más Videos


















