ENVIADO ESPECIAL

Alberto Fernández en la Cumbre de las Américas, una incómoda cita regional

El Presidente prepara un discurso a ser escuchado por Joe Biden y otros mandatarios, enfocado en la unidad hemisférica a pesar de las diferencias ideológicas. En un contexto desafiante, juega una bala de plata para mostrarse como un referente regional.

Una cita herida, deslucida y pobre. Así será probablemente recordada la novena Cumbre de las Américas que tiene lugar esta semana en Los Ángeles, donde las alfombras rojas de Hollywood y los escándalos del star system parecen replicarse a nivel geopolítico, por las críticas que al anfitrión, Joe Biden, se dirigen por haber conducido a una reunión con excluidos y muchos más ausentes con aviso.

En este contexto, el presidente Alberto Fernández pretende jugar una carta que le suba el precio de cara a la Casa Blanca. Excluidos del convite los mandatarios de Cuba, Miguel Díaz-Canel; Nicaragua, Daniel Ortega, y Venezuela, Nicolás Maduro, con los jefes de Estado de México, Honduras, El Salvador, Guatemala, Bolivia, Uruguay y San Vicente y las Granadinas ausentes, Fernández pretende elevar la voz por todos ellos, haciendo gala de la presidencia rotativa de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que este año ostenta.

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Fernández tiene pactado su arribo a Los Ángeles el miércoles en la primera mañana (hora local), junto a una comitiva de funcionarios leales y a los que la cita hemisférica les excede en sus competencias. Los tres días que el Presidente pasará en esta ciudad serán también momento de retiro espiritual para sus dirigentes de máxima confianza: el canciller Santiago Cafiero; la exvicejefa de gabinete, Cecilia Todesca; la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz. También serán de la partida la secretaria de Cambio Climático, Cecilia Nicolini; el jefe de gabinete de asesores, Juan Manuel Olmos, y el diputado nacional, Eduardo Valdés. A ellos se añadió en las últimas horas el presidente de la cámara de Diputados, Sergio Massa.

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Cuando Fernández arribe, los jefes negociadores de cada uno de los 32 Estados americanos presentes (Cuba, Venezuela y Nicaragua no fueron parte de las deliberaciones) habrán acordado ya cinco documentos programáticos destinados a plantear una agenda de trabajo conjunta de aquí a tres años. 

Fernández busca ser el mejor amigo de Biden en la región: consiguió que el norteamericano lo reciba en la Casa Blanca a fines de julio.

Las negociaciones políticas abordaron temas como medioambiente, salud, diversidad, energía y gobernabilidad democrática. Según pudo saber El Cronista, los documentos quedaron exentos de polémicas, y apenas hubo debate álgido sobre el rol de las misiones electorales, a la vista de las cuestionados comicios en Nicaragua, y el papel que la Organización de Estados Americanos (OEA) jugó en el golpe de Estado a Evo Morales, en 2019.

Fuera de irritar a los participantes, la pizca política vendrá a la hora de los discursos que pronunciarán los mandatarios y los delegados, para el caso de los ausentes. A las esperadas críticas a Biden por excluir a ciertos países que el demócrata entiende precarios en calidad democrática, seguirán menciones a la guerra en Ucrania, ausente de los documentos que suscribirán los líderes.

Alberto Fernández, en tanto, ya tiene listo un discurso en el que buscará capitalizarse como un líder regional, sentado en la silla de presidente de la Celac. Lejos de romper con los Estados Unidos, promoverá un llamado a trabajar por la unidad en la diversidad.

No obstante, la intervención del jefe de Estado argentino podría pasar desapercibida. La percepción que por estas horas hay entre los asistentes a la Cumbre es que Estados Unidos no tiene un plan ambicioso ni claro con la región, y que Latinoamérica tampoco ha sabido proponer una agenda que interpele. Con gobiernos cuestionados y elecciones trascendentes por venir -en particular, la de Brasil- Fernández se juega en la ocasión no pasar a un segundo plano en las preferencias de la Casa Blanca. 

"Cuando los líderes tienen cuestionamientos internos, es muy difícil que puedan asomar como referentes en la escena regional", evaluó para este medio la académica Guadalupe González, del Colegio de México, quien elevó junto con especialistas de la Argentina, Colombia y otros países de la región un crudo diagnóstico y un petitorio con acciones urgentes.

Fernández participará de la Cumbre de las Américas, pero su principal aliado, Andrés Manuel López Obrador, será la ausencia más notoria.

Ocasión para obtener financiamiento

En un continente golpeado como pocos por la pandemia, y donde las desigualdades son su marca distintiva, la pérdida de empleos, la retracción económica, las falencias de los sistemas de salud y los impactos más perniciosos del conflicto propiciado por Rusia en Ucrania pueden acomplejar las cosas. De allí que exista cierta expectativa por ver a los líderes acordar una agenda de trabajo que se plasme, además, con presupuesto. 

La cita de Los Ángeles volverá a traer a colación la posibilidad de recapitalizar el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y mandatar a la institución crediticia regional para que vuelque más fondos a programas sociales y de transformación productiva. Claro que eso debe pasar por el Congreso norteamericano, tan agrietado como el palacio de las leyes nacional.

Al margen de los compromisos grupales, el Presidente acordó una reunión bilateral con el presidente de Chile, Gabriel Boric; otra con su par de Perú, Pedro Castillo, y con el CEO de Google, Sundar Pichai. También fue convocado a una cena que ofrecerá el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, para un reducido grupo de mandatarios progresistas.

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