Para el ciudadano común, la presentación del programa diseñado para cubrir los pagos de deuda hasta fin del 2027 fue una muestra de que el Gobierno le presta más atención a lo financiero que a la economía real. Es una lectura que no debe sorprender, porque las sociedades usan parámetros más básicos para medir una gestión, como el empleo o la inflación.
Pero para el mundo inversor fue un hito relevante, considerando que la Argentina es un país con más historial de defaults que de cumplimientos. El riesgo país argentino cerró la semana en su nivel más bajo en ocho años (402 puntos), y eso no solo reduce el costo al que paga sus deudas el Estado, sino las empresas que buscan fondos en Wall Street para alimentar sus inversiones locales.
La coronación de este anuncio oficial fue el pago -el jueves pasado- de los u$s 4300 millones de capital e intereses que el Tesoro pagó a los tenedores de la deuda reestructurada por Martín Guzmán.
Economía había hecho ya un colchón para cubrirlo, y consiguió que en paralelo ingresaran u$s 3200 millones de un préstamo de bancos internacionales, pactados a menor tasa gracias a las garantías que concedieron el Banco Mundial y el BID.

Lo que habrá que evaluar a partir de ahora es si esos fondos que pagó el Tesoro se reinvierten en títulos soberanos o buscan otro destino. Los tenedores locales tendrán esos dólares disponibles a partir de hoy y el miércoles se abrirá una licitación del nuevo Bonar 2029 (bono que vencerá en el siguiente mandato), con una renta de entre 7,5% y 8%.
A simple vista puede parecer una operación financiera más, pero el nivel de adhesión que consiga este título reflejará qué tan consistente es la dosis de confianza que Javier Milei puede despertar para encarar su carrera por la reelección.
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