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Nintendo lanzó el 2 de julio Rhythm Heaven Groove para Switch y Switch 2, luego de once años de su predecesor, Rhythm Heaven Megamix, en 2015, para 3DS. El regreso no pasó inadvertido: solo en su primera semana en Japón vendió cerca de 400.000 copias físicas, más del doble de lo que había logrado Megamix en su debut y el mejor arranque de la saga en toda su historia.
La fórmula de Groove es la misma que hizo popular a la saga desde el Game Boy Advance: escuchar el compás, seguir las señales y pulsar los botones en el momento exacto, incluso cuando el propio juego intenta engañar la vista para obligar a confiar en el oído. Apostar todo a la escucha en un género que suele apoyarse en lo visual sigue siendo la marca de identidad más fuerte de la franquicia.

Tsunku, de vuelta al mando del ritmo
Buena parte de esa identidad tiene nombre propio. El productor y compositor Tsunku, responsable de gran parte de la música de la saga desde su primera entrega en 2006, regresó al frente de Groove después de haber expresado públicamente, ya en 2020, su deseo de ver un nuevo Rhythm Heaven en Switch.
De hecho, la banda sonora es uno de los pilares de Groove, con temas pegadizos y calibrados para que cada minijuego se sienta como una canción propia y no como un simple fondo musical.
Aunque, claro, todo está enfocado más en lo rítmico que en lo melódico.
Controles simples, timing implacable
En lo jugable, el gran acierto sigue estando en los controles: botones frontales y direccionales, un esquema mínimo que funciona igual en modo portátil que en TV. Dominar la mecánica de cada minijuego es sencillo; lo difícil es clavar el ritmo perfecto. La campaña avanza desbloqueando minijuegos en bloques que cierran con un Remix, una secuencia que mezcla todo lo aprendido y exige bastante más concentración.
En Switch 2 la respuesta se siente fluida y consistente, algo determinante en un juego donde el timing manda por encima de todo, y visualmente tampoco busca deslumbrar con espectacularidad técnica: el estilo caricaturesco que firma Ko Takeuchi, también responsable del arte de WarioWare, prioriza la lectura rápida por sobre el detalle.


Beatspell y una rejugabilidad que no se agota
El contenido es, probablemente, el argumento más contundente a favor de Groove. El juego reúne más de 80 minijuegos para un jugador y más de 30 actividades para multijugador local, a lo que se suma Beatspell, un modo adicional con estructura de RPG rítmico: ahí, el jugador lanza hechizos elementales presionando botones al compás para derrotar enemigos y desbloquea habilidades a medida que avanza por capítulos.
Esa variedad va más allá de la campaña principal, sobre todo porque el atractivo real de la saga siempre estuvo en mejorar puntuaciones, repetir niveles y perfeccionar el timing: funciona especialmente bien en sesiones cortas, sin pedir maratones.

Ritmo y diversión casual
A favor del juego destacamos la identidad clásica con humor, ritmo y minijuegos creativos; jugabilidad accesible e inmediata; controles cómodos en portátil y TV; banda sonora con firma propia gracias a Tsunku; y una cantidad de contenido poco común en un juego de este tamaño.
Por otra parte, una propuesta tan específica que puede no atraer a quienes buscan profundidad tradicional; una simplicidad que, sostenida en el tiempo, puede sentirse poco honda y una estructura que puede resultar repetitiva para cierto perfil de jugador.
Rhythm Heaven Groove pule hasta el último detalle una fórmula que Nintendo tenía guardada desde hace más de una década y la devuelve con una banda sonora que pesa distinto por la historia de su compositor. Su techo es también su identidad: un juego de ritmo puro que brilla, sobre todo, para quien disfrute perfeccionar tiempos antes que sumergirse en una experiencia extensa.













