El triunfo de las fuerzas políticas de la “nueva derecha” se van incrementando tanto en Europa Occidental como en América Latina. Esta expresión política lleva diez años con una tendencia creciente. La novedad es que combina el ultraliberalismo económico con el nacionalismo político. El reciente triunfo de Afirmación por Alemania en las elecciones regionales es una confirmación de ello.

Es una fórmula político-ideológica nueva, mirando globalmente los últimos dos siglos, en los cuales nacionalismo y liberalismo han aparecido como antagonistas. El punto de partida de esta tendencia tuvo lugar hace diez años, en 2016, cuando el Brexit gana el referéndum en el Reino Unido y Trump se impone en su primera elección presidencial en Estados Unidos. Fueron hechos políticos relevantes y coincidentes en el mundo anglosajón, donde la cultura política populista nunca había sido dominante.

Diez años después, este fenómeno se ha ampliado al mundo occidental. Hacia adelante hay tres elecciones claves que determinarán si esta tendencia se afianza, se estanca o retrocede.

En Francia, la próxima elección presidencial será el 18 de abril de 2027. Los sondeos muestran que el voto por Marine Le Pen alcanza el 35%. Pero la segunda fuerza es el nacionalista de izquierda, Jean-Luc Mélenchon, con el 17% de intención de voto. Los escenarios de segunda vuelta que rige en Francia -segundo país de la UE en población y PBI- dan hoy un triunfo de Le Pen.

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Marine Le Pen.
Fuente: Bloomberg
Fuente: BloombergCyril Marcilhacy

El eje franco-alemán domina la Unión Europea y una victoria de la derecha en Francia y Alemania tendrá un fuerte impacto en en el continente y en el parlamento europeo, donde la derecha nacionalista pasaría a ser la primera fuerza. A su vez Islandia, uno de los países más pequeños de Europa, ha votado en un referéndum realizado el 30 de agosto suspender su ingreso a la Unión Europea.

De darse estos resultados, en el continente europeo se afianzaría la combinación de nacionalismo político y liberalismo económico.

El primer país de América Latina por PBI, población y territorio es Brasil, que tendrá la primera vuelta de su elección presidencial el 4 de octubre. Hoy los sondeos proyectan un empate entre el candidato de la nueva derecha Flavio Bolsonaro (hijo del ex presidente) y el candidato del Partido de los Trabajadores, Lula da Silva, que va en busca de su cuarto mandato.

Flavio Bolsonaro es una expresión de la nueva derecha que también combina nacionalismo político y liberalismo económico. De imponerse en la elección, esta corriente dominaría la región, dados los últimos triunfos en Argentina, Ecuador, Paraguay, Perú, Chile, Bolivia y Colombia, sumada a la caída de Maduro en Venezuela.

Pero el 3 de noviembre será la elección de medio mandato en Estados Unidos. Esta no ha sido favorable para los gobiernos en las últimas décadas. De hecho, sólo Bush hijo logró imponerse en ellas en 2002, debido al efecto patriótico generado por los atentados del 11S, de los cuales se han conmemorado este mes los veinte años.

Tanto Clinton como Obama fueron reelectos después de perderlas; lo contrario sucedió tanto con Trump en su primer mandato, como con Biden. Es decir, una derrota republicana en la próxima elección de medio mandato no permite pronosticar que vaya a repetirse también en la presidencial.

De acuerdo a los pronósticos, puede discutirse si Trump perderá el control de una o las dos cámaras en esta elección. De acuerdo a las predicciones -que van sustituyendo a las encuestas- sería más probable que pierda sólo el control de la Cámara de Representantes.

Donald Trump
Donald TrumpFuente: EPA/SIPA USA POOLSAMUEL CORUM / POOL

Pero Trump no tiene reelección y probablemente la presidencial de 2028 se librará entre un candidato de derecha conservador, como podría ser el actual vicepresidente J.D. Vance, y un demócrata del ala progresista, que va sumando candidatos pro-palestinos.

En este contexto, Javier Milei articuló una fórmula electoral con Victoria Villarruel como vicepresidente: él representaba el componente libertario y ella el nacionalista. Esto se alineaba perfectamente con los líderes de la nueva derecha tanto en Europa como en América Latina. La foto de ambos en la torreta de un tanque en el primer desfile militar de la presidencia de Javier Milei confirmó esta imagen.

Pero la política interna los fue dividiendo y enfrentando. A catorce meses de la próxima elección presidencial, la vicepresidente llegó a reclamar públicamente que se analice el equilibrio mental del presidente. En los hechos, las políticas y las expresiones de Milei fueron abandonando el componente nacionalista e identificándose más con el liberalismo extremo.

Es en este contexto que su discurso por cadena nacional del 3 de septiembre sobre Malvinas intenta recomponer su rol como representante del liberalismo económico y el nacionalismo político al mismo tiempo. Se trata de un giro que puede explicarse por la proximidad con la elección de 2027.

Es que si Villarruel decide competir en la misma, aunque obtenga pocos puntos podría ser suficiente para que Milei no gane en primera vuelta. Esto es importante en momentos en que la política argentina tiende a polarizarse, como está ocurriendo en buena parte del mundo occidental.

Quizás el reciente reclamo por la soberanía en Malvinas esconda un objetivo electoral: que la bandera argentina flamee en las islas, aunque ello no resuelva definitivamente el reclamo. Pero el riesgo es darle prioridad a la vía militar antes que a la diplomática.

Los anuncios del gobierno sobre el aumento del presupuesto de Defensa e Inteligencia y la aceleración la construcción de una base militar conjunta en Tierra del Fuego van en esa dirección, en donde la palabra “negociación” no se ha planteado en ningún momento.

Como respuesta, el primer ministro británico ha manifestado que será “implacable” frente a los planteos de Argentina. El riesgo más peligroso del reclamo argentino es haberlo planteado primero en su faz militar antes que la diplomática.