

Mientras la industria óptica argentina seguía ofreciendo anteojos como una necesidad, Nicolás Schirmer entendió que cada vez más personas los elegían como una forma de mostrar su estilo.
Sobre esa idea construyó Hardem Eyewear, una marca que nació con u$s 39.000 de inversión propia y que hoy vende en Argentina, Europa y Canadá.
“Los anteojos estaban dejando de ser un objeto técnico para convertirse en un accesorio de moda”, expresó Schirmer, en diálogo con El Cronista.
Hoy, la marca está presente en más de 600 ópticas del país y proyecta facturar más de u$s 1,2 millones al cierre de 2026.

A los 17 años, Schirmer armó un showroom de ropa en el garage de la casa de sus padres, cuando la palabra showroom todavía no formaba parte del vocabulario habitual del comercio argentino.
Más adelante fundó una academia de tenis que llegó a reunir más de 350 alumnos, mientras cursaba la Licenciatura en Marketing en la UCES y asesoraba pequeñas y medianas empresas en posicionamiento comercial.
“Siempre tuve claro que quería construir una marca propia”
Mientras analizaba distintos sectores para emprender, observó dos fenómenos que le llamaron poderosamente la atención: el fuerte clasicismo que dominaba la industria óptica y la transformación de los anteojos en un accesorio de moda cada vez más relevante.
“Ahí me di cuenta que el lente empezaba a convertirse en un accesorio coleccionable. La gente ya no tenía un solo par para todo. Empezaba a elegir distintos modelos según el outfit, el viaje o la ocasión. Ahí vi la oportunidad”, explica.
Construir una marca en Argentina
La compañía nació a fines de 2016. Los primeros años fueron difíciles. Según recuerda el emprendedor, la economía durante el gobierno de Mauricio Macri estaba en recesión, con una contracción acumulada del PBI del 6,7 por ciento. Después llegó la pandemia y más tarde la aceleración inflacionaria del 2023.
Aún así, Schirmer usó sus propios recursos para llevar adelante todo el proyecto. “No tuvimos necesidad de salir a buscar financiamiento porque queríamos mantener la independencia en la toma de decisiones”.
“El mayor obstáculo siempre fue financiero. Trabajamos con plazos largos, materias primas importadas y un contexto donde cada decisión requiere una precisión quirúrgica”, agregó.
Durante este año, incluso cuando muchas marcas del sector redujeron lanzamientos o suspendieron nuevas colecciones, Hardem mantuvo firme su estrategia de crecimiento.

Solo en 2026 presentó entre 40 y 50 nuevos modelos, además de colaboraciones especiales con distintas figuras públicas.
Cuando Hardem desembarcó en el mercado local, apostó por una categoría que todavía no existía en el país: los cristales polarizados de colores integrados al diseño como elemento estético y funcional.
Era una propuesta totalmente innovadora, que rompía con una lógica instalada durante décadas.
Mientras la industria se concentraba en aspectos técnicos, la marca comenzó a trabajar con lentes ocre, verdes, anaranjados, terracota, azules y violetas, todos polarizados y con protección UV400.
De Buenos Aires a Europa
Mientras Hardem abastece al mercado local a través de una red de más de 600 ópticas a lo largo de todo el país, la empresa desarrolló una segunda unidad de negocios orientada a exportación.
Actualmente produce para mercados como Italia, Portugal, Grecia, Polonia, República Checa y Canadá, usando proveedores de materia prima en China.
Durante años, Schirmer asistió como visitante a las principales ferias mundiales de la industria para entender las tendencias, estudiar marcas internacionales y analizar hacia dónde evolucionaba el negocio.
“Cuando empecé a viajar a esas ferias estaba armando el proyecto. Ocho años después estábamos exponiendo como marca. Fue uno de los momentos más satisfactorios de nuestra historia”
Otro punto que vale la pena resaltar fue la construcción de marca a través de colaboraciones estratégicas. Y es que Hardem desarrolló ediciones especiales junto a artistas como Fito Páez, Lali Espósito, Paula Chaves, Mery Garavilla y Flor Cacuaro.
La lógica era involucrar activamente a cada artista en el diseño de los productos: “Podríamos haber hecho una campaña tradicional, pero preferimos que cada colaboración tenga algo real de la persona. Eso genera otra conexión con el producto”.
En el caso de Lali, por ejemplo, una de las colecciones nació a partir de un modelo que pertenecía a su madre. Con Fito Páez, la marca recreó los anteojos inspirados en la estética de “El amor después del amor”.

Lo que viene
Aunque recibe propuestas para desembarcar en nuevos mercados, Schirmer asegura que no tiene apuro. La prioridad continúa siendo consolidar la estructura actual y fortalecer las operaciones ya existentes.
“Emprender en Argentina nos obligó a ser resilientes, estratégicos y obsesivos con la calidad. Hoy competimos en mercados donde los consumidores pueden elegir cualquier marca del mundo. Si algo define esta primera década es que nunca negociamos ni el diseño ni la protección visual”, concluye.

















