Con una extensa trayectoria en la industria del Oil & Gas, Ariel Masut fue uno de los impulsores del proyecto del tren a Vaca Muerta. Economista y actual miembro del Comité Ejecutivo de la Cámara de Comercio Argentina-Texas (ACTT), también destaca su paso por YPF durante la gestión de Miguel Galuccio, cuando comenzó a trabajar en el desarrollo de la cadena de proveedores para la formación de petróleo y gas no convencional.

Hoy, desde la ACTT, pone en valor el interés de empresas estadounidenses en Vaca Muerta, pero advierten por los límites de infraestructura, equipos y mano de obra especializada.

“Haría falta algún mecanismo de coordinación entre el sector privado y el Estado”, reconoció en diálogo con El Cronista durante la Argentina Energy Week y señaló que “la industria puede resolver proyectos muy complejos, como VMOS con una inversión de u$s 4000 millones, pero no logra avanzar con obras que demandan mucho menos dinero, como una ruta o una infraestructura para la comunidad”.

—¿Cuál es la tarea de la Cámara de Comercio Argentina-Texas?

—Es una organización sin fines de lucro creada en 2016, que este año cumple diez años. Su objetivo es unir a las comunidades empresarial, educativa y general de Texas y la Argentina.

Cuando se creó, yo trabajaba en YPF y el primer contacto con los fundadores de la Cámara, que estaban en Houston, surgió a partir de una pregunta, cómo podíamos ayudar a desarrollar la cadena de proveedores de Vaca Muerta.

Hoy la Cámara cuenta con alrededor de 300 asociados y grupos de trabajo vinculados con energía, salud, tecnología, real estate y agroalimentos. Buscamos generar conexiones profesionales y ampliar redes, con lo que llamamos la “Texas way”: una forma más transparente de hacer negocios.

—¿Qué cambios observó en Vaca Muerta durante estos diez años?

—Vaca Muerta requirió una inversión inicial muy grande, realizada principalmente por YPF, pero también con subsidios. Hoy, poco más de diez años después, está mostrando todo su potencial.

Durante casi cien años, la industria petrolera argentina estuvo guiada por el paradigma del autoabastecimiento energético. Esa mirada es reducida frente al potencial de los hidrocarburos del país: no solo está Vaca Muerta, también hay otras áreas no convencionales y una frontera offshore todavía inexplorada, que podría tener un potencial incluso mayor.

Mi mirada es positiva por el impacto que este desarrollo puede tener sobre la economía, la reducción de la pobreza y la estabilidad macroeconómica. La Argentina está recuperando terreno después de casi 20 años perdidos.

—¿Qué interés tienen hoy los empresarios de Texas en la Argentina?

—No solo hay interés en operar campos petroleros, sino en toda la cadena de valor: equipos de perforación, equipos de fractura y servicios al pozo.

Además, todo activo petrolero con visión exportadora resulta atractivo por la continuidad que puede darles a los negocios, como ocurre también con las iniciativas de gas natural licuado.

Desde la Cámara conectamos grandes compañías y empresas medianas y pequeñas de Estados Unidos con empresarios locales para que puedan asociarse y compartir tecnología. Antes, un empresario estadounidense que quería operar en la Argentina debía abrir una sucursal; hoy muchas empresas prefieren desarrollar asociaciones locales.

—¿Se complementan las empresas texanas con los proveedores locales o compiten?

—En el sector petrolero vemos principalmente complementariedad. Hay empresas de servicios neuquinas, rionegrinas y de otras provincias que buscan en Texas un socio tecnológico y la posibilidad de incorporar o alquilar equipamiento.

Un ejemplo actual es el de los equipos de perforación, que hoy no hay disponibles en cantidad suficiente para Vaca Muerta. Muchas compañías locales ofrecen la operación y el mantenimiento, mientras que la tecnología llega principalmente desde Texas.

En casi todos los pozos se aplica un modelo de este tipo: equipos o fracturadores que llegan del exterior, mano de obra y conocimiento locales, y mantenimiento realizado en el país.

La Argentina va a invertir alrededor de u$s 20.000 millones por año en el sector, mientras que las importaciones de insumos y los pagos al exterior por servicios rondan los u$s 2000 millones, con excepción de algunos componentes de grandes obras de infraestructura.

—¿Cuáles son los principales cuellos de botella?

—Faltan equipos para la construcción de pozos y hay restricciones en la cadena de proveedores, la logística y los servicios vinculados con la terminación de los pozos. También existen dificultades para conseguir financiamiento destinado a infraestructura física y evacuación de la producción.

El cuello de botella más importante está relacionado con la infraestructura: trenes, rutas y servicios básicos en las ciudades y comunidades petroleras.

Además, empieza a aparecer otro problema: la disponibilidad de mano de obra especializada. Hace falta reconvertir y capacitar a trabajadores que provienen de equipos convencionales para que puedan desempeñarse en operaciones no convencionales. Para incorporar trabajadores a un equipo de perforación pueden pasar entre tres y cuatro meses.

También faltan soldadores, electricistas y personal de mantenimiento. En el futuro crecerá la demanda de especialistas en tecnología, operación remota y automatización.

—¿Qué puede aprender la Argentina de Texas?

—Lo que más me impacta de Texas es el ritmo con que se ejecutan los proyectos. Es importante hacer las cosas en tiempo y forma, entendiendo que existe una ventana de oportunidad.

También hay que buscar eficiencia y colaboración. Las empresas petroleras argentinas se ponen de acuerdo para construir un oleoducto o un gasoducto, pero no siempre para compartir información geológica, reducir costos o resolver problemas como la construcción de un tren o una ruta.

En Texas existe el Permian Strategic Partnership, una organización integrada por petroleras y empresas de servicios que trabajan en el desarrollo de infraestructura para las comunidades donde se expande la actividad. Desde la Cámara presentamos ese modelo a distintas petroleras argentinas.

Imagen creada con ChatGPT

Vaca Muerta tiene hoy alrededor de 40 equipos de perforación, pero Chevron llegó a la Argentina pensando en una escala de 300 equipos por año. La actividad actual todavía es una fracción del potencial que se observaba hace más de una década.

—¿Las ciudades alrededor, avanzan al mismo ritmo que Vaca Muerta?

—Ahí todavía falta trabajo colaborativo. La cooperación entre petroleras funciona muy bien para grandes proyectos, pero no tanto para la infraestructura comunitaria y social.

En el Permian existen acuerdos institucionales entre las empresas para resolver problemas de infraestructura básica. En la Argentina también haría falta algún mecanismo de coordinación entre el sector privado y el Estado.

La industria puede resolver proyectos muy complejos, como VMOS, que requiere una inversión de alrededor de u$s 4000 millones, pero no logra resolver obras que demandan mucho menos dinero, como una ruta o una infraestructura básica.

Hoy Vaca Muerta no necesita subsidios; necesita acuerdos y visiones compartidas, pero no grandes intervenciones del Estado para poner dinero.

- Tienen el RIGI...

- El RIGI puede ser necesario, aunque no sé si funciona como un acelerador tan importante como la estabilidad macroeconómica. En mi opinión, la estabilidad macro es lo principal.

Vaca Muerta tiene pozos muy productivos, incluso más productivos que los del Permian. La diferencia es que en Estados Unidos el costo por pozo es entre 25% y 30% menor.

Eso se explica por la competitividad sistémica. No se gana competitividad bajando una tarifa o un impuesto de manera aislada. Es todo un sistema: la escala, la logística, la tecnología, los costos y la forma de trabajar.

La Argentina está ganando escala, pero los costos todavía no bajan lo suficiente. Para ser una plataforma internacional de exportación de gas y petróleo, deberá reducirlos de manera permanente.

El próximo gran desafío de la Argentina es convertirse en un exportador eficiente.