ASAMBLEA LEGISLATIVA

Larga vida a la grieta, y unidad apenas para la tribuna

La campaña electoral ya está en plena marcha. Al menos así lo atestigua el marcado tono confrontativo que Alberto Fernández le imprimió al discurso de apertura de un nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso. Lejos de la prédica por el diálogo que enarboló apenas un año atrás en el mismo marco, el Presidente optó esta vez por poner el acento en su furiosa ofensiva contra el Poder Judicial, la oposición macrista y la prensa que desnudó el escándalo del Vacunatorio Vip. Toda una decisión que patentizó que su llamado final a la unidad apenas discurrió el territorio de un ‘deber ser' para preservar en algo las formas, pero vacío en su contenido primordial y político.

La prolongada alocución del Presidente estuvo marcada por muy pocos anuncios. La mayoría de ellos consagrada a su propia necesidad de congraciarse con Cristina Kirchner y las corrientes más ultra K de la coalición oficialista. La renovada apuesta por la reforma judicial, con mensajes contundentes a la Corte Suprema de Justicia, apuntaron a ese objetivo. Como ocurrió también con el anuncio de que su administración iniciará una querella criminal contra los funcionarios del macrismo responsables de la negociación del préstamo con el FMI. Larga vida a la grieta, que otra vez se posiciona como recurso infalible en los albores del año electoral.

Pese a ser la preocupación esencial del tiempo signado por la pandemia, la economía no fue central en el discurso de Fernández. Eso de que "la recuperación es más veloz de lo que pensábamos" que el mandatario pronunció con marcado entusiasmo, sonó demasiado a un derroche de optimismo que contrasta con una extensa opinión social que vive con profunda inquietud se realidad económica diaria.

Alberto si se ocupó de hacer un repaso exhaustivo de las medidas de contención que su gestión aplicó en 2020 para refrenar los efectos del parate de actividad que significó la cuarentena y las medidas de aislamiento para prevenir los contagios por Covid, pero no avanzó en anuncios importantes acerca de cómo pretende encarar el proceso de una reactivación ambiciosa. Solo la renovada promesa de que no habrá espacio para ajustes recesivos en su administración y que se tomará su tiempo para cerrar un acuerdo por la refinanciación de la deuda con el Fondo.

En ese terreno apenas esbozó algunas propuestas en un pasaje de su mensaje cuyo principal destinatario fueron los sectores medios, aquellos en los que la imagen presidencial más profundamente se deterioró en los últimos meses. El reclamo para que el Congreso sancione rápidamente la excepción del impuesto a las Ganancias para 1,2 millones de trabajadores y jubilados y el anticipo de un proyecto de ley para desdolarizar las tarifas de los servicios públicos y avanzar en su revisión integral abonaron esa finalidad.

La convocatoria a la unidad en el sprint final del discurso no solo mostró la contradicción con la energía combativa que utilizó en su embestida hacia la oposición enrolada con la figura de Mauricio Macri. También puso en evidencia que se trata de una apuesta que privilegia el acercamiento con los actores socioeconómicos de mayor peso y que se planta en un terreno en el que no hay espacio para la pluralidad política. Algo previsible cuando las decisiones están dominadas por las urgencias que impone el desafío electoral.

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