OPINIÓN

La traición como una profecía autocumplida

El 30 de Agosto en un acto en Tecnópolis el presidente Alberto Fernández dijo que no traicionara a Cristina Kirchner, ni a Máximo, ni a Sergio Massa. Casi como una profecía autocumplida, 48 horas después del desastroso resultado de la elección, la Vicepresidenta le ordenaba a su delegado en la casa Rosada cambiar el gabinete y le intervenía de manera violenta la administración. ¿Finalmente quien traicionaría a quién? Alberto lo sabía.

La derrota electoral del domingo dejó algunos elementos inquietantes. Es la primera vez en la historia política reciente, que el peronismo unido es derrotado. El kirchnerismo perforó su piso electoral. La pregunta es si podría caer más bajo aún y si ese piso no se ha convertido ya en el techo de Cristina. Ella sin el poder de los votos propios ya no tendrá fortaleza política para exhibir a los jueces que la investigan en las numerosas causas de corrupción que la involucran. Se juega mucho más que una elección de medio término, es su libertad, la de sus hijos, y su patrimonio.

Alberto se ha convertido en una herramienta inútil. Seguramente producto de la anomalía política con la que lo construyó.

Si se repiten los resultados del 14 de noviembre habrá otra novedad política: por primera vez desde el retorno de la democracia, el peronismo gobernará con minoría en el Senado y sin posibilidad de constituir mayorías en Diputados.

En la provincia de Buenos Aires el panorama es análogo. Axel Kicillof deberá gobernar los dos años por delante con minoría en Senadores y sin quórum en diputados de la legislatura provincial. Unos 17 gobernadores del peronismo perdieron y 15 intendentes quedaron complicados. Los jefes comunales de La Cámpora terminaron derrotados en sus municipios. Mayra Mendoza en Quilmes, Juan Ustarroz en Mercedes, Pablo Zurro en Pehuajó. Una debacle por donde se la mire. Una situación de debilidad inédita para el peronismo en el poder.

El presunto aporte de votantes que llevaban Sergio Massa y Alberto Fernández a la coalición se esfumaron. Se cumplió la máxima que dice que el que se alía con Cristina pierde el 100% de sus votos, sean muchos o pocos, y se queda solo con el núcleo duro de la Vicepresidenta que parece estar en franca decadencia.

En los primeros meses del año, algunos gobernadores le plantearon al Presidente la necesidad de suspender las PASO. Máximo Kirchner se negó a incumplir una instancia electoral inventada por su padre luego de la derrota electoral de 2009. Debe estar arrepentido. La elección abrió un panorama muy interesante en la Argentina. En primer lugar quedó evidenciado que ya no hay un voto dogmático aferrado ideológica o partidariamente.

La volatilidad da cuenta de una sociedad harta de vivir en franca decadencia e involución, producto de las fallidas administraciones de una dirigencia inoperante. En segundo orden es muy interesante el comportamiento electoral de las clases populares históricamente ligadas al voto peronista.

En la tercera sección electoral, el conurbano bonaerense, aún en los sectores en donde aún gana el kirchnerismo la brecha se acortó en más de 20 puntos. Hay un elemento que la política debe mirar. El acceso a la tecnología a través de un teléfono celular es una ventana al mundo muy poderosa. Es un elemento aspiracional, que no se resuelve con una dádiva, un plan. Menos a cambio de un voto que ha dejado de ser cautivo. El dispositivo móvil se ha convertido en un motor del deseo de progreso de las clases sociales más postergadas.

El acceso a la tecnología, elemento democratizador y transversal a todas las clases sociales ha sido el motor de fenómenos sociales disruptivos. Lo vimos en las revueltas de Chile contra el gobierno de Sebastián Piñera cuando escaló la protesta por el aumento de precio del transporte, desnudando la profunda desigualdad. En Colombia hubo manifestaciones multitudinarias durante casi dos meses en respuesta al ajuste fiscal del presidente Iván Duque. Hasta en Cuba, las redes sociales permitieron organizar movilizaciones sin precedentes en el régimen dictatorial. Solo para hablar de la región y sin distinguir si los gobiernos son de izquierda o de derecha, lo que hoy prevalece es la búsqueda de gobernantes eficientes.

En el caso argentino además, que no roben, que no mientan, que no atropellen los derechos cívicos más elementales, que llevaron al oficialismo a la derrota. En nuestro país, afortunadamente, esa revuelta se gestó en silencio. Se manifestó en la urnas y no en la violencia callejera. Un activo muy valioso de nuestra sociedad. Nació al calor de la angustia y la desolación, algo que este Gobierno no vio, ni registra hoy. No obstante en una acto desafiante a la paz social Cristina Kirchner, Alberto Fernández , Sergio Massa y La Cámpora juegan al filo de llevar la crisis política que crearon a las calles. Una irresponsabilidad imperdonable, que sólo se explica desde la psique atormentada de personajes nefastos para la sociedad argentina a quienes no les importa generar más dolor, pobreza y muerte mientras ellos se aferran a un poder tan efímero.

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