Análisis

La soja agregó un parche a una frazada que se achicó

Termina febrero con un dólar de contado con liquidación en $ 145. Parados en medio de la presión cambiaria de septiembre y octubre, cuando el mismo dólar llegó a valer $ 185, marcando una brecha de 130%, y la carta de la Vicepresidenta aleccionando sobre el bimonetarismo nos llevó sin escalas a negociar con el FMI, esto que parecía un escenario imposible convive hoy con una negociación con el organismo que parece empantanada y precios de los activos argentinos en valores de remate.

La calma en la brecha cambiaria se da en medio de una demora en el proceso de vacunación que pone en riesgo el rebote de la economía, y del grotesco detrás de las noticias de la existencia de un Vacunatorio VIP en el ministerio de Salud que erosionan el caudal político de un gobierno de coalición que maneja sus internas a puertas abiertas, pero tiene como condición llegar juntos a la elección.

Tres factores explican este desacople entre la brecha cambiaria y la tasa de dólares de la economía en un contexto de cepo cambiario rígido:

1) La suerte reflejada en el precio de la soja y las lluvias de febrero moderando las estimaciones de caída en la cosecha. En octubre la soja valía u$s 380 la tonelada, apenas cuatro meses más tarde, u$s 520 que añaden u$s 7000 millones a las exportaciones concentrados en abril, mayo y junio. Precios que de momento parecen desacoplados del empinamiento en la curva de rendimientos de la deuda de los Estados Unidos.

2) Un programa fiscal, financiero y monetario que empieza a recoger el barrilete después de la megaexpansión monetaria para financiar el salto en el déficit fiscal que generó la pandemia. Desde principios de año la combinación de mejores números fiscales (enero dio superávit) y un Tesoro que empieza a conseguir financiamiento fresco en el mercado por encima de los vencimientos de capital e intereses, permitió llevar a cero el financiamiento monetario del BCRA en el primer bimestre del año.

3) El impuesto a la riqueza cuyo vencimiento se concentra a fines de marzo y desde su reglamentación la semana pasada generó un salto en la oferta de contado con liquidación para hacerse de pesos para pagar el tributo que equivalen a casi 1% del PBI concentrado en un mes. De carambola o estrategia, léase como quiera, estos ingresos extraordinarios permitieron construir el puente a la salida de la cosecha en los meses donde habitualmente la demanda de pesos cae.

El diagnóstico de la economía en medio del salto en la brecha cambiaria de septiembre/octubre pasado era: sobran pesos, faltan dólares en las reservas del BCRA y los precios de los bonos recién restructurados tienen valores de remate. Cuatro meses más tarde, los precios de los bonos parecieran no tienen piso, pero las primeras dos premisas podrían reformularse en:

A) Sobran un poco menos de pesos como consecuencia de la menor emisión monetaria en los últimos meses y la licuación del excedente de pesos con el rebote de la economía y la inflación.

B) Siguen faltando dólares en las reservas. Las netas, restando los encajes de los depósitos en dólares, el swap con China, Basilea y los Repos con Bancos y Sedesa, se ubican apenas en u$s 2300 millones. Sin embargo, la visualización de dólares del flujo de comercio le da al BCRA munición para intervenir en la brecha cambiaria sin pisar de más las importaciones. Desde los últimos días de 2020 y hasta la semana pasada, el BCRA intervenía vendiendo el excedente de dólares que compraba a $ 89 en el mercado cambiario en el mercado Mep/CCL a $150. Básicamente vendía Al30 contra pesos y lo recompraba contra dólares, funcionando esto como un mecanismo de absorción de pesos adicional.

A diferencia del cepo anterior, donde el "estabilizador" de la brecha eran los dólares en las reservas, esta vez dependemos de los dólares del "flujo" para que no se desestabilice sin pisar de más las importaciones. Y los dólares del flujo dependen de la suerte (el precio de la soja o de una capitalización del FMI que le traiga algunos dólares frescos al país), del riesgo de inconsistencia nominal que puedan generar entre el manejo del dólar y la tasa de interés que limite seguir refinanciando como hasta ahora los vencimientos de pesos de la deuda, de la capacidad de postergar los vencimientos de la deuda en dólares con organismos por u$s 10.000 millones (incluyendo u$s 2400 con el Club de París en mayo, y dos cuotas de capital de u$s 1800 cada una en septiembre y diciembre) y fundamentalmente de que no se coordine un conflicto con el campo que postergue la salida de la cosecha.

En este contexto, el Gobierno intenta la foto del Consejo Económico y Social sentando a la mesa empresarios y sindicalistas. El objetivo es poner la nominalidad en un número más parecido al 40% que al 50% que marcan las proyecciones partiendo de una inflación de 60% en el margen cuando se anualiza el ritmo de suba de precios de diciembre/enero.

 Por lo pronto, las paritarias empiezan a cerrarse con el número de 30% y cláusulas de revisión en la segunda mitad del año, el Ministro anunció que el BCRA va a seguir frenando el ritmo de devaluación y los aumentos tarifarios se dan a cuentagotas. La principal dificultad detrás de esta estrategia está dada por la capacidad de seguir manteniendo la consolidación fiscal mostrada en el arranque del año a medida que ingresemos al año electoral, pero fundamentalmente por la enorme disparidad en el movimiento entre los precios libres y los sujetos a regulación del gobierno en un contexto de costos entrecruzados.

En el medio una serie de decisiones por fuera de la concertación para seguir anclando los precios rezagados que van abriendo sobre la marcha cada vez nuevos frentes de conflicto: con las telecomunicaciones, las prepagas (y los sindicatos que derivan aportes), las tarifas de servicios públicos, el campo y la industria de alimentos. 

La semana pasada, el envío de imputaciones a 14 empresas de consumo masivo en el marco del supuesto incumplimiento de la ley de defensa de la competencia por no producir a tope frente a costos que suben entre dos y cuatro veces por encima de sus precios controlados. Todos frentes que de momento el Gobierno viene manejando con avances y retrocesos para que no termine por escalar el conflicto evitando una nueva Resolución 125.

El camino a octubre (con o sin PASO), o a noviembre si se postergan las elecciones, no va a ser lineal. Como siempre en Argentina, el largo plazo es la próxima elección. De momento la soja en u$s 520 la tonelada agregó un nuevo parche a una frazada que se había encogido.

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