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El segundo mandato de Donald Trump va a pasar a la historia por muchas razones. Pero hay una que gana terreno: la confusión total entre la política y los negocios privados del presidente.
Para ser justos, hace tiempo que la presidencia de Estados Unidos es un negocio lucrativo. Bill Clinton y Barack Obama llegaron a la Casa Blanca como hombres de clase media y terminaron multimillonarios, sobre todo por negocios posteriores al poder. La novedad en Trump, que ya era un magnate, es que los millones se multiplican mientras está en la Casa Blanca.
Eso mostró el informe patrimonial anual publicado por la Oficina de Ética Pública de Estados Unidos el 30 de junio. Después de 927 páginas, la conclusión es que en 2025 Trump reportó ingresos por u$s2.200 millones. Casi cuatro veces más que los u$s 622 millones que había declarado en 2024.
Lo más llamativo es que sus principales fuentes de ingreso ya no fueron las que marcaron su carrera empresarial. Los negocios inmobiliarios, los hoteles y los clubes de golf aportaron unos u$s 500 millones. También ahí hay una historia interesante: durante viajes oficiales a Arabia Saudita y Qatar, mientras se cerraban acuerdos diplomáticos para Estados Unidos, se cerraban acuerdos para que se abran clubes con su nombre.
Del ladrillo al cripto
En 2025 Trump se convirtió en un criptomagnate. De los u$s 2.200 millones reportados, unos u$s 1.400 millones provinieron de inversiones ligadas al universo cripto. Y la estrella fue $TRUMP, la memecoin lanzada tres días antes de su regreso a la Casa Blanca, con la que terminó ganando u$s 636 millones.
Trump anunció el lanzamiento el 17 de enero de 2025 con un mensaje en sus redes sociales: “Es hora de celebrar todo lo que representamos: ¡GANAR!. Sumate a mi comunidad Trump, una comunidad muy especial. ¡Comprá tu $TRUMP ahora!”.
El token salió al mercado con un valor inferior a un dólar. Llegó a tocar un pico de u$s75,35. Después se desplomó más de 97% y hoy ronda u$s 1,70. La semejanza con el caso $LIBRA, que involucra a Javier Milei, es evidente.
Pero hay diferencias relevantes. La primera es que la memecoin de Trump fue lanzada por una empresa de su propio conglomerado. Por eso Trump ganaba plata pasara lo que pasara con el precio, porque cobraba cada vez que alguien compraba o vendía el token.
La segunda diferencia es que, más allá del entusiasmo con el que la promocionó, el sitio oficial aclaraba que no era un instrumento de inversión. El mensaje decía: “Los memes de Trump son solamente una expresión de apoyo a los ideales y creencias que representa el símbolo $TRUMP, y no pretenden ser una oportunidad de inversión”.
Esa aclaración no elimina el problema ético: Trump ganó fortunas explotando su posición como presidente y a costa de muchos de sus propios seguidores, que creyeron que comprando la moneda del presidente también iban a ganar.
}Según la consultora Nansen, alrededor de un millón de personas perdieron dinero transando con esta memecoin. En total, esas pérdidas alcanzaron u$s 3.810 millones. Del otro lado, 500.000 inversores ganaron, entre todos, u$s 4.000 millones.

Como suele ocurrir en el mundo cripto, ganaron los más rápidos y avezados. Muchos traders profesionales, que usan bots automatizados, compraron a menos de un dólar y vendieron arriba de u$s 70 a inversores menos preparados, que supusieron que el precio seguiría subiendo a medida que Trump consolidara su poder.
Algunos abogados se ilusionan con impulsar una demanda colectiva contra Trump, argumentando que hubo una forma de estafa. Pero parece difícil que prospere. La SEC anunció en febrero del año pasado que no iba a escrutar las transacciones con memecoins. La lógica detrás de esa decisión es muy estadounidense: cada uno es responsable del destino que le da a su dinero.
Negocios controvertidos
$TRUMP no fue la primera memecoin. Antes de volver al poder, había lanzado otro token que tuvo un rendimiento similar, aunque con muchos menos inversores. Lo lanzó con World Liberty Financial, la empresa de criptomonedas que fundó junto con sus tres hijos.
Esa compañía también opera con stablecoins y activos más consolidados como Bitcoin y Ethereum. Según su declaración patrimonial, fue otra gran fuente de ingresos, llevando a un nivel nunca visto el cruce entre política y negocios.
Una de las fuentes más importantes de los cerca de u$s 800 millones que esa empresa le generó a Trump fue la compra de una participación relevante por parte de un fondo controlado por Emiratos Árabes Unidos. Eso ocurrió antes de viajes oficiales del presidente a ese país, con el que después anunció acuerdos importantes en economía y defensa.
Es la misma lógica con la que algunos hicieron millones de dólares este año con las subas y bajas del petróleo, siguiendo mensajes de Trump sobre la guerra con Irán. Algo que también se había visto el año pasado con los movimientos bruscos de los mercados financieros frente a sus anuncios sobre política comercial. En todos esos casos hubo sospechas de información privilegiada que permitió ganancias exorbitantes.
La pregunta de fondo es cuánto de lo que hace Trump es realmente nuevo, inédito, y por lo tanto una muestra de degradación de la vida pública. Y cuánto, en cambio, consiste en hacer explícito, poner a la luz y practicar sin culpa aquello que muchos políticos en Estados Unidos y otras partes del mundo vienen haciendo hace mucho tiempo, aunque con más disimulo e hipocresía.
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