OPINIÓN

Inflación, problemas de fondo y un rebote fuerte de la economía que no cubre la caída

Al menos hasta las elecciones, la preocupación pasa sobre todo por los precios y el dólar. La recuperación queda atada a varios imponderables.

En un año electoral, el centro de la preocupación oficial apunta a revertir la tendencia alcista de los precios y por eso la decisión de contener la cotización del dólar, por lo menos hasta las elecciones de medio turno.

Ocurre lo mismo con las tarifas y la contención del déficit fiscal, a costa de salarios estatales y gasto social, aun con las nuevas partidas asistenciales derivadas de la nueva ola de COVID.

Cambiar la tendencia y bajar la inflación del 4% mensual al 2% o 2,5% es el propósito para la segunda parte del año.

Parte de la disputa del consenso electoral es evitar un imaginario social de ascenso de precios y recrudecimiento de los límites de los ingresos populares con impacto en el crecimiento de la pobreza.

Luego de las elecciones y en función de los resultados podrán medirse nuevos ajustes o flexibilizaciones de la política económica, asociados también al resultado de las negociaciones con el FMI.

Deuda

La apuesta incluye la continuidad del ingreso de divisas por exportaciones, con un balance cambiario positivo que el BCRA entrega en este comienzo del año. Eso facilita acumular reservas que podrían utilizarse para saldar compromisos externos.

En ese sentido, podría demorarse el acuerdo con el Fondo y entonces el Club de París reclamará a fines de julio cancelar los 2400 millones de dólares vencidos a fines de mayo. Se especula pagar esa deuda con reservas internacionales, o con una parte del ahorro fiscal, y así evitar el default.

La hipótesis está en la prórroga de los vencimientos con el Fondo, estimados en unos 4500 millones de dólares hasta fin de año.

Si hay acuerdo, queda clara la renovación a más largo plazo, más allá del incremento en intereses derivados de las diferencias de cambio entre los Derechos Especiales de Giro (DEG) a reintegrar y la devaluación mundial del dólar.

No solo preocupan al gobierno los vencimientos del 2021, sino y muy especialmente los del 2022 y 2023, tiempo para cancelar los 45.000 millones en DEG, que, insistamos, es bastante más que el equivalente en dólares.

Además, no se podrán usar para cancelar deuda los DEG que deposite el FMI a la Argentina por una ampliación de emisión dispuesta por el organismo Internacional. Esos fondos, unos 4200 millones de dólares, tienen destino en contener el impacto de la pandemia.

Recuperación económica

Hay rebote y la economía puede crecer en torno al 6% o 7%, que no alcanza a cubrir el 9,9% de caída durante el 2020, en un tiempo donde 4 de los últimos 5 años fueron recesivos, y un antecedente de bajo crecimiento en la década.

No aparece la voluntad inversora del capital privado, ni local ni externo, salvo en cuentagotas y para rubros muy específicos, caso de la energía.

Un problema serio es que el excedente económico generado en el país tiene más destino de fuga que de reinversión, comprometiendo seriamente las perspectivas de mediano y largo plazo.

Encima, la OCDE vaticinó que el PBI per cápita de Argentina se recuperará recién para el 2026. El análisis relativo a otros países que integran el G20 destaca recomposiciones a los niveles pre pandemia antes del 2024. La consideración negativa de la OCDE es extensiva a toda la región latinoamericana y caribeña.

Hace tiempo que la CEPAL viene señalando la pérdida de atractivo de la región para la radicación de inversiones externas, algo verificable en las estadísticas.

La apuesta está en la vacunación acelerada de una buena parte de la población, si es que los proveedores cumplen. En el mediano plazo se piensa en producción local asociada a los laboratorios, y que la recuperación de los socios comerciales del país sostenga una demanda para exportaciones.

Son muchos los imponderables de la coyuntura y lo deseable sería una mirada más larga, que supere los tiempos electorales, que discuta la especificidad local sobre la elevada inflación y la ralentización de la expansión productiva.

En definitiva, problema de fondo que devuelve la preocupante situación en términos de empobrecimiento y límites a la reproducción social.

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